Uso consciente de la ropa: una forma de ayudar al planeta

12 de diciembre de 2023 ,

En los noventa, en nuestro país era popular un comercial donde una chica le pregunta a su amiga, tras verla con un vestido lindo “¿Estrenando? Y ella le responde -No, Vel Rosita”. La idea era popularizar al detergente para ropa fina como una alternativa para el cuidado de las prendas delicadas y por supuesto que ese era el uso que en su mayoría las personas le daban al jabón, pero hubo otras muchas mujeres como mi abuela que bromeaban con la frase “No, Vel Rosita”, destacando que no se trataba de una prenda nueva, más bien, una prenda bien cuidada, cada vez que la veían con algún atuendo atractivo.

Mi abuela gran conocedora de la calidad de las telas apreciaba el valor de una prenda por la manufactura e insumos. No conoció de Shein, Bershka, Zara, C&A, H&M, ni Pull and Bear…

Y seguramente ahora si viera la cantidad de ropa “desechable” que existe, su opinión sería atronadora. Diría, “ese vestido de verlo, se rompe”.

Ahora imaginen toneladas y toneladas de éstas y otras ropas acumuladas a lo largo del paso de los años dar vueltas y vueltas por todo el mundo, sin encontrar su lugar. Basureros como montañas construidas de toda aquella ropa que hemos dejado de usar. Uno de los más grandes ejemplos se encuentra en el desierto de Atacama en Chile.

¿Lo necesito o lo quiero?

Distinguir entre querer algo y necesitar algo nos hace la diferencia de muchas cosas, pero en el caso de aquellas cosas materiales que dejarán una huella ecológica indeleble, definitivamente es un estado de consciencia al que vale la pena apelar.

Para una camiseta se necesitan 2.700 litros de agua, que equivale a lo que consume una persona durante dos años y medio, ¡una camiseta!, y si observamos todo aquello de lo que nos rodeamos, nos daremos cuenta de que no es sólo la ropa que usamos lo que forma parte de la industria textil, basta echarle una mirada a los artículos de casa para encontrar sábanas, trapos de cocina, manteles, cortinas, tapetes, fundas de cojines, toallas y un etcétera enorme.

Es indudable que lo atractivas que pueden ser muchas prendas nos pueden llegar a hacer sentir la tentación de adquirirlas, pero esto puede ser evitable si pensamos tan sólo un minuto en las funestas consecuencias que la segunda industria más contaminante del mundo está dejando al planeta.

Rosario Hevia, ingeniera chilena, señala: “Hay que volver al slow fashion, prendas de calidad, prendas que duren en el tiempo, atemporales, que puedan durar cinco, seis o siete años. Poner de moda lo sostenible, que esté bien visto que las personas se vistan con menos, con prendas atemporales que se puedan llevar mucho tiempo, y pensar desde el punto de vista social el sobre-consumismo”.  Hevia también señala la importancia de que los productores e importadores de ropa se hagan cargo de aquello que venden en el mercado y responsabilizarse de sus desechos, por ejemplo, si alguien vende 3 toneladas de ropa, tendría que hacerse cargo de recaudar del mercado otras 3 toneladas y hacerlo de forma sostenible.

Pero, mientras el gran monstruo de la industria textil que parece indestructible e imparable es obligado a autorregularse por quienes tienen el poder de obligarles, no nos queda más que apelar a las acciones conscientes de algunas personas que no desestimamos que detrás de un estado de consciencia se pueden generar cambios para bien.

¿Cómo ayudar desde la trinchera personal?

  • No compres más de lo que requieres, no busques moda, busca funcionalidad y calidad. Es mejor invertir en una prenda de calidad, quizá más costosa, pero cuyas fibras permitirán su uso por años. Normalmente estas prendas también suelen ser mucho más fáciles de reciclarse.
  • ·Anímate a utilizar prendas de “Segunda mano”, existen diversas opciones, ¡demasiadas!, tanto en bazares, como en redes, en tiendas especializadas en ropa “preamada” “preloved” o “segunda oportunidad”, en “ventas de garaje” etc. Libérate de prejuicios y de la mala fama que se empeñan en otorgarle a la ropa de segunda mano.
  • Evita en medida de lo posible adquirir ropa en tiendas “fast fashion” (tipo Shasa, Zara, Stradivarius, Oysho, Shein, Forever 21, entre otras que puedes consultar fácilmente en un buscador).
  • Procura comprar realizaciones responsables con el medio ambiente, slow fashion o artesanales de marcas emergentes o locales.
  • Haz tus prendas si posees algunos conocimientos básicos de costura, existen múltiples tutoriales para hacerlo o renueva tus prendas las puedes intervenir, por ejemplo, haz de un pantalón ya gastado unas bermudas para la playa.
  • Intercambia ropa con amistades, familiares o en bazares de intercambio. ¡Puedes encontrar verdaderas joyas!
  • Lleva a reciclar tu ropa. Muchas tiendas ya cuentan con contenedores de reciclaje, como es el caso de C&A Altabrisa.
  • No compres prendas de un sólo uso. Puedes rentar ropa, sobre todo vestidos o trajes para fiesta que generalmente se usan una sola vez.
  • Vende la ropa que ya no uses a través de internet o en bazares y obtén además un recurso económico
  • Transforma tus prendas desgastadas en trapos y jergas.
  • Aprende a leer las etiquetas de cuidado de la ropa para mantenerla en buenas condiciones mucho tiempo. 
  • Dona tu ropa en buen estado a organizaciones que realizan actividades de recaudación o colocación de esta para fines sin lucro.

Finalmente recordar que cada cosa que consumimos a diario, genera una huella ecológica, desde su adquisición, su uso (como en el caso del lavado de la ropa), hasta su eliminación.

Nada desaparece por arte de magia y en un planeta que está gritando que necesita nuestra ayuda, bien vale la pena ayudarlo con acciones que están muy al alcance de nuestras manos ¿no crees?

Daniela Esquivel: Directora de escena, promotora de lectura, profesora y colaboradora de medios digitales. Exploradora gastronómica y lectora incansable. Nómada entre la Gran Tenochtitlan y la Tierra del Faisán y del Venado.

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