Calle 39 (calle del Ietram), evidencia de la necesidad ciudadana por la apropiación del espacio público

Mientras llega el Ietram… Decenas de personas se apropian de la calle que le pertenecerá a este transporte eléctrico; una evidencia de la necesidad de la apropiación del espacio público en la ciudad.

Claro, existen los parques, pero estos no siempre no siempre consideran los usos (reales) de la gente que se encuentra alrededor; además, resulta interesante mirar cómo este espacio que recorre desde la entrada de periférico hasta llegar por La Plancha, está siendo utilizada por la gente.

Esto podría dar una idea de cómo la gente misma puede construir sus propios espacios comunitarios, de esparcimiento, entretenimiento, ejercicio, recreación, desplazamiento.

La opinión y necesidades de la población deberían ser prioritarias al momento de tomar decisiones, primero realizando un diagnóstico (donde se escuche a la ciudadanía), luego explicando los proyectos claramente y, por último, de vuelta a la escucha de las personas que serán impactadas (para hacer modificaciones de ser necesario).

Esto no pretende decir que el Ietram no debió hacerse, simplemente que hay lonas en las puertas de las casas de esa calle manifestando su inconformidad, tal vez por falta de diálogo y hacerles parte del proyecto que está en la entrada de sus hogares. Pero que, en contraste, la gente está aprovechando esta calle libre de automóviles.

En su tesis de maestría, “Humanizar las Calles. Caso de Estudio: Umán”, el arquitecto Sergio Augusto Chan Peniche, plantea:

“La continua formación de dinámicas sociales en el espacio público, manifiesta la forma en que cada uno de los grupos se apropia del espacio a través del uso que pueden hacer de él, tanto los usuarios que residen el lugar como los que lo usan como espacio de tránsito cotidiano”.

Particularmente, en la referida calle 39 de Mérida, desde que el espacio para que la unidad eléctrica del Ietram quedó instalada, la gente tuvo esa apropiación del espacio público usándola de diversas formas, desde convertirse en calle peatonal, hasta ser espacio para jugar futbol de infancias y adolescencias, ciclovía, pista para correr…

En el espacio público, no deben imperar únicamente las decisiones que vienen desde las gubernaturas, presidencias o alcaldías, sino también las voces (y acciones) ciudadanas.

Hablando específicamente de movilidad

Al día de hoy, en Mérida la prioridad la tienen principalmente los vehículos motorizados en las calles, precisamente por eso la consulta fue realizada en la tesis del arquitecto en un intento por encontrar similitudes con ese municipio que puedan ayudar a analizar y reflexionar sobre alternativas para humanizar la llamada “ciudad blanca”.

Con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta el 2020, en la ciudad había 470 mil 34 automóviles, pero si consideramos que la población total en ese mismo año era de 2 millones 321 mil personas, es sencillo percibir que, incluso considerando que hay familias que se mueven en el mismo coche, las necesidades ciudadanas van más allá.

Se requiere un servicio público eficiente, pero también espacios dignos y seguros para otros tipos de movilidad que, además, son más sustentables; tales como la bicicleta, los scooters, patines y patinetas que ya andan por las calles y, por supuesto, la gente que se desplaza a pie.

Esta es una calle donde además hay tortillería, ferretería y muchos otros negocios que satisfacen necesidades locales, por lo que permitir una movilidad cómoda y segura para el desplazamiento, no solamente de carros (o el Ietram ahora), es vital.

“El derecho a la ciudad es entonces restaurar el sentido de ciudad, instaurar la posibilidad del ‘buen vivir’ para todos, y hacer de la ciudad el escenario de encuentro para la construcción de la vida colectiva” (Lefevbre, 1975) —cita tomada de la misma tesis—.

En las ciudades, no solamente está el automóvil, sino que conviven dinámicas diversas y por eso tendrían que ser pensadas y diseñadas de ese modo; Cha Peniche, manifiesta que el potencial de la planeación y el diseño con formas distintas de concebir la ciudad catalizan el sentido comunitario, así como la co-responsabilidad y la apropiación del espacio (lo que incluso puede contribuir para que este sea cuidado).

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