Por: Gerardo Sánchez Trejo

En la comisaría de Temozón Norte, ubicada en la zona norte y periférica de Mérida, Yucatán, la acelerada expansión urbana se encuentra perfilando profundas cicatrices que comienzan a manifestarse en fenómenos como colonialismo urbano y, en un futuro no muy lejano, gentrificación.

Los siguientes párrafos se basan en el análisis preliminar de la fase de investigación de campo que estoy desarrollando como parte del doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Yucatán. Esta investigación analiza las formas de habitar en Temozón Norte, el cual es un territorio rural en proceso de urbanización, en donde existe un boom inmobiliario, así como de construcción de vivienda residencial y residencial plus destinadas a un mercado de compradores con ingresos medios-altos a altos.

Los cambios en las dinámicas sociales de la comisaría de Temozón Norte se han visto influenciados por las nuevas olas migratorias a Mérida, los cambios en la demografía mexicana y el desarrollo inmobiliario. Las narrativas publicitarias sobre la ciudad de Mérida, el estado de Yucatán, así como de la Península de Yucatán, han provocado una creciente demanda de viviendas reacondicionadas y nuevas.

Estas narrativas se han concentrado, principalmente, en destacar las condiciones de seguridad, la cercanía de las playas de Yucatán, así como los sitios turísticos y pueblos mágicos; en resumen, una región para pasar unas “vacaciones eternas”, como versa el gráfico publicitario de un desarrollo cercano a Chicxulub Puerto.

En Mérida, la oferta de vivienda se ha concentrado en dos tipos. Por un lado, se encuentran las reacondicionadas de los barrios tradicionales del centro histórico y de colonias tales como García Ginerés, Itzimná, México, entre otras; por otro lado, están las viviendas de tipo medio, residencial y residencial plus en las zonas poniente, oriente y norte de Mérida.

En el caso de la zona periférica norte, esta oferta y demanda inmobiliaria ha llevado a la transformación del territorio de las comisarías, como en el caso de Temozón Norte, la cual ha pasado de tener una esencia rural a experimentar las dinámicas de un área urbana en proceso de acelerada densificación y urbanización; es decir, está experimentando un proceso de rururbanización (Cardoso y Fritschy, 2012).

Ante la expansión urbana de Mérida, la comisaría de Temozón Norte ha visto efectos en los espacios naturales y dinámicas sociales de sus habitantes originarios por la llegada de personas migrantes de medio-alto a alto poder adquisitivo; como, por ejemplo, la infraestructura básica y los servicios públicos urbanos comienzan a verse comprometidos por la creciente demanda de las nuevas viviendas residenciales y residenciales plus.

El geógrafo brasileño Rogério Haesbaert (2017) propone el concepto de territorialidad como un concepto más amplio que el de territorio como elemento físico y geográfico delimitado. En la territorialidad existen elementos simbólicos e identitarios que las personas llevan consigo mismo cuando migran a otros territorios, pues son estos los que dan confort, en especial, a los grupos sociales que históricamente han estado en desventaja por las relaciones de dominación y poder.

Haesbaert también señala que el territorio está vinculado al poder y control de los procesos sociales mediante el control del espacio. Esto origina desigualdades simbólicas que comienzan a ser palpables en la comisaría de Temozón Norte por la manera en cómo se han trazado las calles de las nuevas privadas residenciales, sin un trazado lineal ni continuo, sino que se diseñan en forma de herraduras con controles de acceso peatonal y vehicular –esto pone en duda la narrativa sobre Mérida como la ciudad más segura de México–.

En ese sentido, se puede observar cómo se manifiesta en los usos y costumbres de los habitantes migrantes la visión eurocéntrica sobre el control de los espacios (Sánchez-Suárez, et al., 2021) y, probablemente, sin que estos habitantes sean conscientes de esto.

Derivado de una etapa preliminar de análisis de una serie de entrevistas realizadas a habitantes originarios y habitantes de Temozón Norte, se puede aproximar que los habitantes originarios conservan una identidad maya vinculada con la historia generacional familiar, así como en la toma de decisiones en comunidad y para la comunidad.  

Para los habitantes originarios el confort identitario maya se encuentra en la casa comisarial, la cual está rodeada por la sombra que le brinda un árbol de ceiba y las historias que se cuentan sobre este (la Xtabay y el way/huay chivo, principalmente). En el caso de los habitantes migrantes, la territorialidad se basa en la reproducción de los usos y costumbres propios de una megalópolis, pero sobre un espacio con dinámicas rurales.

Implicaciones y siguientes pasos

El crecimiento urbano sin planificación puede contribuir a la pérdida de la identidad y memoria colectiva de las comunidades. La casa comisarial de Temozón Norte se erige entonces como un símbolo de resistencia ante un inminente proceso de urbanización que esquiva las prácticas y tradiciones locales.

Es fundamental incidir en políticas públicas y estrategias que prioricen el derecho al territorio de quienes se encuentran en desventaja, así como de la participación comunitaria y preservación de la identidad cultural originaria de esta comisaría.

Referencias

  • Cardoso, M., y Fritschy, B. (2012). Revisión de la definición del espacio rururbano y sus criterios
  • de delimitación. Contribuciones Científicas GÆA, 24, 27–39.
  • Haesbaert, R. (2017). Del mito de la desterritorialización a la multiterritorialidad. En G.
  • Giménez (Org.), El retorno de las culturas populares en las ciencias sociales.
  • Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 159-190.
  • Sánchez-Suárez, A., et al. (2021). Amarrando los saberes: Resiliencia en el habitar la casa y el
  • territorio maya. Universidad Autónoma de Yucatán.

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