Las palabras comienzan a escasear para describir la crisis tan angustiante y devastadora que vivimos en México con respecto a la desaparición y desaparición forzada. Los adjetivos comienzan a ser insuficientes para dar a conocer a una parte de nuestra población y al resto del mundo lo que implica para una familia no saber del paradero y estado de salud de uno de sus vínculos.
Impensable para muchas personas, inimaginable siquiera, el pensamiento puede ser incapaz de construir un escenario hipotético que para muchas mujeres y hombres es una realidad que se debe de enfrentar día tras día al abrir los ojos; despertar y saber que una hija, un hijo, un sobrino o un padre simplemente no están a nuestro lado después de meses, de años, debe ser la materialización de la pesadilla más grande que pueda enfrentar un ser humano.
Solidarizarnos hoy con las familias buscadoras es una acción que nos coloca dentro de una sociedad mexicana a la que dolorosamente en nuestro presente, pertenecemos. Negar la existencia o la posibilidad de la desaparición, negarnos a ver esta realidad, atacar o minimizar la búsqueda de los familiares y agrupaciones de colectivos sería negar nuestro propio derecho de llamarnos humanidad.



A propósito de la Homilía del Padre Raúl Lugo en la Iglesia de la Candelaria, dónde las familias de los Colectivos Buscando por amor y Familias Buscadoras de Yucatán se reunieron a escuchar la Palabra esperanzadora del Evangelio, compartimos estas historias que esperamos alcancen un pedazo del alma.
Él estaba muy contento porque lo habían ascendido a maquinista, tenía planes de boda y estaba contento porque iba a poder costear la boda, despareció en Otilio Montaño. Su última plática fue a las 6 de la tarde, acababan de pagarle y lo llevaban ya hacia Bacalar desde Otilio Montaño. Él nunca llegó a Bacalar. Esto sucedió un viernes 17 de mayo de 2024. Él actualmente tiene 26 años. Sus compañeros dicen que lo dejaron en Bacalar, pero eso nunca sucedió, no hay registros en la gasolinera donde dicen que lo dejaron. Siempre teníamos comunicación telefónica, me escribía -mira papá estoy trabajando aquí-, me mandaba fotos, me decía que se quería casar, siempre teníamos comunicación. Un pariente de su novia fue quien lo invitó a trabajar con él. Desde muy chamaco sabe manejar todo tipo de maquinarias, herramientas, yo lo enseñé.” Juan José Huerta, Fundador de Buscando por Amor, que nació a raíz de la búsqueda de su hijo Juan de Dios Huerta.
Juan José, en el camino encontró muchas mujeres buscando a sus familiares, en el Colectivo siguen buscando, echándole ganas, no obstante, a pesar de algunos objetivos que les permiten dar pasos adelante, en sus palabras todo queda comprendido
No hemos logrado darle final a este sufrimiento, pero si hemos logrado apoyar a mucha gente en nuestro paso”.
Doña Yolanda Baltazar busca a sus dos sobrinos, desaparecidos el 10 de diciembre de 2025, en el tramo de Carrillo Puerto a Limones.
Uno vivía en Playa del Carmen y el otro en Carrillo Puerto. El de playa del Carmen se dirigía a Chetumal a buscar a su esposa, y pasó a buscar al que vivía en Carrillo Puerto para que lo acompañara. En ese tramo desaparecieron, los acompañaba la esposa de uno de ellos, el de Carillo, a ella le estaban arrebatando al bebé, pero se aferró a su bebé y la bajaron, la aventaron en el monte después de golpearla. Ella fue la que vio quiénes se lo llevaron, eran unos uniformados tipo militar, uno tenía 26 años y el otro 31. Son hijos de un hermano mío y una hermanita mía, son primos, ellos son Joel Baltazar Pucheta y Luis Ignacio Cuxim Baltazar.»
María Elide Aguilar es hermana e hija de Rodrigo Alberto Aguilar y Filiberto Aguilar. Su padre desapareció después de que sujetos armados entraron a su casa y secuestraron a su padre de 54 años. Las investigaciones por parte de la Fiscalía no han avanzado “se perdieron las cámaras” le dicen. Esto sucedió en Felipe Carrillo Puerto, mientras su padre investigaba el paradero de su hijo asesinado en una fiesta juvenil unos días atrás. La imperante necesidad de un padre de saber qué fue lo que ocurrió con su joven hijo que fue brutalmente hostigado y violentado en una fiesta a la que asistió y de la cual se tienen pruebas gracias a grabaciones de un teléfono móvil, fue el detonador que llevó a sus perpetradores a buscar la manera de silenciarlo. Hoy María Elide, busca con fuerza y tenacidad el paradero de su padre, mientras llora la pérdida irreparable de su amado hermanito.
Fernanda Cayetana tiene el nombre de sus abuelos. De su abuelo paterno y abuela materna. Ella tenía casi 12 años al momento de su desaparición, actualmente tiene 16 años. Su padre habla con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada.
Casi no doy entrevistas, porque no puedo, me duele mucho el corazón, es un gran dolor, triste y lamentable, es una historia muy triste, tengo mucha fe en Dios nuestro señor en que algún día la vamos a encontrar, esa es la fue que tengo en Nuestro Señor, porque no en las autoridades, no es sólo en nuestro caso, desgraciadamente en todo el país. En el estado de Quintana Roo hay mucha gente sufriendo por este tipo de cosas, demasiado, es muy difícil vivir. Mi esposa tiene un gran valor para luchar y para hacer las cosas, hasta donde hemos llegado es por ella, esta situación me duele demasiado, ella es la que lucha más fuerte. Mi hijita iba a cumplir doce años, era mi bebé, le faltaban dos meses y medio cuando nos la robaron. No es una desaparición porque se pierda, nos la robaron unas personas, que, aunque están en la cárcel no han dado razón de dónde está Fernanda. Cuando los agarraron ya estaban en Chiapas, allá se escaparon. Allá los agarraron. Van a ser cuatro años el mes que viene que ella no está. Esta pareja nunca habló, la pareja que se la llevó, nunca ha dicho la verdad, ellos nunca han querido decir que fue de ella, la autoridad dice que no se les puede obligar a decir la verdad. Estas personas eran nuestros vecinos, vivían atrás de nuestra casa. Puedes tener vecinos que no sabes a lo que se dedican a lo que hacen. Nosotros pertenecemos a Isla Mujeres, a la zona Continental. Soy originario de Peto Yucatán y he trabajado en construcción por eso llegué acá. Fernanda es mi hija más pequeña. Mi nené. Mi nené, porque es una nené…”
En este momento don Laureano Canul se desmorona. Sus ojos llenos de agua miran a lo lejos, no quiere imaginar ningún escenario de dolor para su niña. Él dice que se escuchan y se ven tantas cosas que le duele imaginarlo siquiera…porque no sabe qué le hacen, si sufre, si come, si algo le duele, si la lastiman. Sus ojos empapados y su mentón tembloroso reflejan el profundo dolor de un hombre devastado, con cada milímetro de su cuerpo gritando dolor. Esto recuerda las palabras de Juan José Huerta líder del movimiento de búsqueda “Los que estamos muertos en vida somos nosotros”.
Al no saber dónde está su amor, su vida es un dolor continuo, palpable, porque cada hijo, hija, sobrino, hermano, familiar es un lazo indestructible de amor perpetuo.
Todas estas familias están absolutamente rotas, destruidas y sin embargo sacan fuerza de lo más profundo de su alma para cada día ir de pie a cada rincón posible a buscar a sus seres amados. Incansables, imparables, fuertes de espíritu, diciéndole al cuerpo “vamos un día más, un día más, tal vez hoy habrá noticias de esperanza”.
Esa esperanza que dan Sacerdotes como el párroco Raúl Lugo que ofreció la Homilía y abraza una causa que nos recuerda a ese Jesucristo caminando al lado de quienes sufren por las injusticias de quienes sólo albergan crueldad sin un gramo de piedad, esos seres, autoridades y delincuentes que han hecho de nuestra nación, un país donde hoy se sobrepasan ya los 134, 481 000 desaparecidos y desaparecidas.

El que va tras la justicia y el amor
halla vida, justicia y honra.
Proverbios 21:21
¿POR QUÉ LES BUSCAMOS? ¡PORQUE LES AMAMOS! ¡HASTA ENCONTRARLES!

Daniela Esquivel: Directora de escena, promotora de lectura, profesora y colaboradora de medios digitales. Exploradora gastronómica y lectora incansable. Nómada entre la Gran Tenochtitlan y la Tierra del Faisán y del Venado.
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