Por Eder Noda Ramírez y Nohemí Rivera Vázquez

Universidad Autónoma de Yucatán

El escritor Juan Villoro inortalizó la frase “Dios es redondo”, exaltando no solamente “la fe” que desborda la pasión futbolera, sino también la escala global de los mundiales, un poder esférico que juega en todas partes, desde el estadio Santiago Bernabéu, hasta los campos más improvisados de los barrios marginados y los pueblos rurales. En todos los escenarios, el futbol es más que un juego, se trata de una ida y vuelta de realidades y aspiraciones que suceden en todo el planeta y al mismo tiempo, que suceden particularmente en cada nación.

La sensación de salir a la cancha y dibujar un juego, participar, anticipar resultados, entrar en conflicto, reclamos, gritos, ovaciones, risas, sorpresas, jadeos, silbidos, murmullos, bullicios, es la misma en el Parque de los Príncipes que en el campo de los niños de Canicab, un poblado rural ubicado en el estado de Yucatán, municipio de Acanceh. La única diferencia es que, en la primera cancha hay personas trabajadoras que mantienen en perfectas condiciones los campos, en la segunda, los padres de familia tienen que hacerlo.

-Aquí nadie recoge la basura- decía doña Luz, mientras pasaba el rastrillo en el domo de la cancha acompañada de su hijo Carlos, un jugador de la liga de niños menores.

Ese es el presente de un poblado henequenero en la época del neolatifundio, completamente olvidado por su propio gobierno.

-Mandamos un oficio a la presidencia de Acanceh, nadie nos respondió, así pasó otra vez en un evento del gobierno del estado, el alcalde no responde, ni ellos pueden con ese problema-.

Se trata de un poblado que no cuenta con el servicio de recolección de basura, una situación que pareciera irregular, sin embargo, es un problema global, como explicó el Dr. Juan Carlos, responsable del centro comunitario de la localidad:

-Es un problema que le sucede a todo el mundo, solo que, a diferencia de New York, Los Ángeles, Londres, Tokio o París, nosotros no tenemos dinero para llevar la basura al Sudeste Asiático.

La problemática de la basura en la localidad evidencia no solamente la severa desarticulación territorial de los servicios de recolección de residuos del municipio de Acanceh, sino también otros factores vinculados como el abandono de la milpa, el incremento de las adicciones como el acoholismo en los jóvenes, el alto consumo de alimentos procesados con exceso calórico, el neoponismo que provoca un desplazamiento del trabajo del pueblo a Mérida, entre otros aspectos que están deteriorando la vida maya de la comunidad.

Llevan años con el problema de la acumulación de residuos. En la entrada del poblado es fácil visualizar montículos de desechos que ofrecen un paisaje degradado, un escenario nada deseable. La comisaría completamente abandonada, cerrada al público, desapropiada de sus habitantes, tal pareciera que la representación política local se exilió, no quiere más ocuparse del interés colectivo.

Es así como el futbol llegó a desenterrar algunas piezas comunitarias, resurgió la cooperación para poder re-tejer al territorio, volver a los inicios de la convivencia, la conservación del paisaje, regresar la salud a sus infancias y juventudes, y así aminorar la apreciación distópica de un poblado que se resiste al olvido de los otros.

Canicab es Yucatán, es cualquier poblado maya que se enfrenta a las raíces del despojo y a las consecuencias del abandono sistemático de lo comunitario. El fútbol y las juventudes son esos hitos de resistencia que hacen visibles a los poblados mayas en el juego por la sobrevivencia, la dignidad y su oposición a las esferas globales de la dominación.

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