Mar. Jul 7th, 2026

Ser maestra: una satisfacción que se reconoce al finalizar el curso escolar

Este año el curso escolar llegó a su fin y, como cada cierre de ciclo, esto representa muchas emociones y satisfacción para estudiantes y maestras/os.

El fin de curso para las y los estudiantes es un momento para descansar, (quizás) estar con la familia, irse de vacaciones y dar por concluido un grado escolar. Para las familias, también permite expresar orgullo y reconocer a sus hijas/os por lograr una meta más en su vida.

Pero concluir el ciclo escolar, es más que eso, también es el tiempo que las y los profesores se toman para hacer un balance de lo vivido en el curso, este periodo permite reflexionar: ¿qué hice bien? Para continuar haciéndolo, ¿Qué me faltó? ¿Qué puedo mejorar?

Cuando se acaba el periodo con un grupo de alumnos con quienes se convivió todos los días durante un año, también para su maestra/o llegan muchas emociones. A las y los alumnos se les conoce, estima, quiere, festeja sus logros, con ellos muchas veces también se enfrentó algún reto para que entendieran ciertos conceptos, para enseñar ante actitudes o acciones inadecuadas… Y una de las satisfacciones que vivimos como docentes al cerrar un curso escolar es ver los avances que tuvieron nuestros estudiantes, que los estudiantes aprueben, que aprendan y se transformen (tanto en lo académico como en lo emocional, psicológico, etcétera).

La satisfacción de la docencia permanece toda la vida, no solo cuando un ciclo concluye. Cuando han pasado los años y te encuentras a madres o padres de tus exalumnos, es muy emocionante escucharles contarte que sus hijos ya están por terminar su formación secundaria, preparatoria o incluso la universidad.

Sin embargo, en mi experiencia lo más satisfactorio es saber que mis exalumnos del Centro de Atención Múltiple, que en algún momento integré a la escuela regular, han continuado superando las barreras y el día de hoy se encuentran terminando la secundaria (u otro grado académico). Lo que más me emociona es que cuando estuvieron en mi aula no solamente ellos aprendieron, sino que también sus familias y muchas veces tras su paso por el salón entendieron la importancia de su papel como apoyo y motivación constante para el buen desempeño de su hija/o en la vida diaria y escolar.

Pese a que la sociedad etiquete al magisterio como flojo o mediocre, debido a los recesos escolares; la labor docente tiene un impacto y trabajo arduo. Somos muchas las y los maestros que nos preocupamos por dar seguridad, confianza, aprendizaje, valores, tiempo, creatividad y hasta recursos económicos para brindar material atractivo en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Por todo eso, finalizar un curso es mucho más que un tiempo de descanso. Es también un momento de reconocimiento hacia el alumnado: sus logros, desarrollo, crecimiento como personas; hacia nuestro trabajo: lo que se debe mantener, lo que debe mejorar.

Así que a seguir adelante, pongamos nuestro granito de arena para que cada alumna/o logre desarrollar sus mejores habilidades, y aprendizajes para la vida.

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