Lun. Jun 22nd, 2026
Hace tiempo, durante una sesión, un hombre hablaba de los conflictos con su hijo adolescente. Intentaba explicarme lo difícil que estaba siendo la relación entre ellos: discusiones constantes, silencios largos, distancia emocional.

En algún momento hizo una pausa. Miró al suelo y dijo, casi en voz baja:

— No sé cómo acercarme… a mí nunca me enseñaron a ser un papá que hablara de emociones.

Después guardó silencio, fue un silencio que reflejaba el peso que muchas veces las palabras no pueden.

No estaba hablando solo de su hijo. Estaba hablando también de sí mismo. De su propia historia. De todo lo que aprendió sobre ser hombre… y sobre todo lo que nunca le permitieron aprender.

Porque durante mucho tiempo, a muchos hombres se nos enseñó que ser padre significaba proveer, resolver, proteger… pero no necesariamente sentir, expresar o vincularse desde la vulnerabilidad.

Se esperaba fortaleza.
Control.
Presencia económica.
Capacidad de respuesta.

Pero pocas veces se habló de ternura.
De miedo.
De cansancio.
De dudas.
De fragilidad emocional.

Como si ser padre no implicara también aprender mientras se ama.

Este Día del Padre quiero poner sobre la mesa algo de lo que hablamos poco: la salud emocional de los hombres que maternan desde la paternidad.

Porque sí: muchos padres también están cansados.
También sienten miedo de equivocarse.
También se sienten insuficientes.
También cargan con culpas que pocas veces nombran.

Solo que muchas veces lo hacen en silencio.

He escuchado a padres decir en terapia frases como:
“No quiero repetir la historia de mi propio padre.”
“Siento que no estoy haciendo suficiente.”
“No sé cómo hablar con mis hijos.”
“Quiero estar más presente… pero no sé cómo.”

Porque culturalmente seguimos educando a los hombres para resistir más que para sentir.

Ser padre también es un proceso emocional, relacional y profundamente humano. No se trata solo de cumplir responsabilidades, implica construir vínculo, reparar errores, aprender nuevas formas de presencia y permitirse crecer junto con quienes se ama.

Un padre no pierde autoridad por mostrar ternura. No se debilita por pedir ayuda. No falla por reconocer que no tiene todas las respuestas.

Al contrario. Quizá una de las formas más valientes de ejercer la paternidad hoy sea atreverse a hacer las cosas distinto.

Hablar más.
Escuchar mejor.
Abrazar sin prisa.
Pedir perdón cuando sea necesario.
Romper silencios heredados.

También es importante decir algo: no todas las personas viven el Día del Padre desde la celebración.

Hay quienes tienen heridas profundas con su padre.
Hay quienes crecieron con ausencia.
Hay quienes están intentando construir una paternidad diferente a la que recibieron.
Hay quienes extrañan a un padre que ya no está.
Hay quienes quisieron ser padres y no pudieron.

Por eso esta fecha también merece sensibilidad y profundidad.

Tal vez este Día del Padre, además de felicitar, podríamos abrir conversaciones que importan.

Preguntar:
“¿Cómo estás viviendo tu paternidad?”
“¿Qué necesitas?”
“¿Qué estás intentando hacer distinto?”

Porque los padres no solo necesitan reconocimiento, también necesitan permiso para sentirse humanos.

Y quizá uno de los mayores regalos que podemos ofrecerles —y ofrecer a las nuevas generaciones— es ayudar a construir una paternidad más presente, más consciente y más emocionalmente disponible.

Hoy quiero invitarte a mirar a tu padre con más humanidad… o a mirarte a ti mismo, si eres padre, con más compasión.

Porque criar no es solo enseñar a vivir. También puede ser una oportunidad para sanar.

Psicólogo y Sexólogo humanista
Activista social, apasionado por la promoción de las salud mental, la educación de la sexualidad y la prevención social.

El poeta decía «caminante no hay camino, se hace camino al andar»
Y estoy convencido que en esta vida caminamos y lo hacemos en compañía.

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