“En algún lugar que podría estar cerca de cualquier lugar, un joven decidió un día alcanzar la luna con una piedra. Cada noche, el joven lanzador de piedras lo intentaba incansable hasta que la fatiga lo vencía. Al conocer su historia, todo el pueblo se mofó de él. El muchacho no tardó en convertirse en objeto de todo tipo de burlas y desprecios, a los que nunca hizo caso. Al llegar la noche, lanzaba piedras tratando de acertarle a la luna. Como es lógico, nunca logró alcanzarla, aunque siempre tuviera de compañera de trasnoche a la esperanza. Pero, nunca nadie fue capaz de lanzar las piedras tan lejos, como el joven que trataba de pegarle a la luna”.

No, mi intención no es agarrar a pedradas a mi amiga y cómplice de cada noche, simplemente, quise compartirles esta metáfora, aplicable a muchas facetas de nuestro diario andar, porque explica perfectamente lo que toda mi vida he intentado, ya que, desde siempre, yo no he soñado con lograr lo que todo mundo sueña, sino con lograr lo que nunca nadie ha soñado.

Todas las noches lanzo piedras a la luna intentando llegar a ella, porque creo en lo imposible, aunque a veces parezca imposible seguir creyendo. He hecho de lo complicado un estilo de vida, voy contra corriente, no escucho negativos, me valen madres los cuestionamientos carentes de visión y de entusiasmo, le apuesto siempre al corazón a pesar de los porrazos que da la razón. Me dejo llevar por mis pasiones, tomo los caminos largos e intrincados sin miedo a perderme, pues estoy convencido que no hay mejor manera de descubrir el derrotero correcto que perdiéndonos caminando, intentando.

Créanme que no lo hago con el afán de complicarme la existencia, en verdad muchas veces me gustaría que todo fuera más sencillo, que el camino fuera de bajadita, pavimentado, seguro, que la carga fuera más ligera. Empero, la ausencia de retos, de peso, de dificultades, adormece nuestro instinto, apendeja nuestros sentidos, conforma, mas no reconforta, a nuestro espíritu.

Prefiero sentirme vivo que cómodo, prefiero vivir en un constante crecimiento que en una tranquila desesperación. Sí, he dejado mi alma en tantas cosas que a veces temo perderla, pero nunca dejaré de intentarlo, nunca dejaré de lanzarle piedras a la luna porque, definitivamente, no soy de los que siempre ganan, pero sin duda alguna… Soy de los que nunca se rinden.

@jmpumarino

José María Pumarino, escritor, cineasta. Leyendo aprendí a perderme, escribiendo a encontrarme.

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12 comentarios en «Nunca…»
  1. En el corazón donde nacen los sueños imposibles, sembrados como semillas ,por un universo tan desconocido como la obscuridad; lo que somos, lo que vivimos a ser, lo que vivimos a experimentar para aprender y para crear. Porque algunos vinimos a vivir a los ojos de los demás contra corriente pero a paso perseverante para los nuestros. Y eso es lo que tarde para unos pero al tiempo correcto nos hará llegar.

  2. Sería excelente que personas como tú estuvieran a cargo de las riendas de nuestro País, escucho las noticias y veo todo lo que sucede y me duele ver que estamos en el mundo del revés; donde quien se atreve a denunciar un crimen es juzgado y criticado por el criminal, donde los ladrones tienen una mejor calidad de vida que un trabajador, donde la corrupción se perdona y se castiga la rectitud. Nunca te rindas por favor, porque tu fuerza nos da fuerza, porque tus letras nos dan esperanza.

  3. Excelente reflexión.
    Pienso que muchos vamos también lanzando esas piedras a nuestra propia luna, sin perder la esperanza de que lo que queremos llegará, aunque el camino que se recorra por obtenerlo nos agote, nos impaciente; la clave está en no rendirse.

  4. Cuando los sentimientos y los pensamientos se encarrilan como inspiración, si quieres los conviertes en metáfora, o quizás en una pequeña realidad, que transcritos, pueda que retumben los sentidos…

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