El texto de hoy seguramente puede generar opiniones encontradas, aprobación, desaprobación, en fin grandes contrastes dependiendo desde la posición que se mire y juegue en el momento actual.
Inicio recordando un poco cómo se ha ido modificando el periodo vacacional. Hasta el año de 1994 el ciclo escolar se iniciaba el 2 de septiembre y terminaba oficialmente el 30 de junio para alumnos y maestros, unos años antes –en 1990 aproximadamente– se hizo el primer cambio del calendario: los maestros empezaron a tener cursos de capacitación, organización del ciclo escolar desde mediados de agosto.
Fue en el curso escolar 1993-1994 que las cosas cambiaron para la comunidad educativa. Las y los maestros comenzaron con capacitación a mediados de agosto, mientras que el alumnado la última semana de agosto; en ese curso las actividades terminaron oficialmente el 7 de julio. Las actividades académicas terminaban el 28-29 de junio, los siguientes días pasaron a ser para festivales, exposiciones de trabajos, entrega de calificaciones y reportes a madres y padres de familia.
Lo que en ese entonces no se modificó fue la entrega de estadísticas, calificaciones, y demás documentación meramente administrativa hacia las autoridades desde principios de junio. Entonces el personal docente, durante junio, tenía una carga laboral extenuante: atendiendo a sus alumnos en el aula, elaborando documentación para entregar, preparando festival, obra de teatro, camino de escolta, entre otras actividades. Los últimos días de julio, cuando las y los niños no asistían a clase uno o dos días se destinaban a limpiar salones, cambiar sus objetos personales si les tocaba cambio de grupo y de salón, iniciaba la organización del siguiente curso escolar y, finalmente, les dan su «carta de liberación» para salir a su receso escolar si cumplieron con todo en tiempo y forma.
Desde entonces, cada año fueron incrementando días de clase al curso escolar. Hasta llegar a la polémica que ocurrió recientemente con el calendario de este 2026. Resulta que las autoridades educativas dicen que hay mucho calor, que va a haber un mundial de fútbol en el país (en tres ciudades) y que es necesario concluir el ciclo no el 15 de julio como estaba planeado, sino el 5 de junio.
La pregunta es: ¿por qué se dijo como si se tratara de una ocurrencia sin considerar que en las escuelas hay actividades académicas, deportivas, artísticas y de convivencia y planeadas?
Y, aunque ahora justifican diciendo que escuchan a la comunidad educativa, más parece una confirmación de que fue una ocurrencia el intento de recorte al periodo escolar que retomen el calendario como estaba planeado originalmente, con los 185 días efectivos de clase.
La gran mayoría de las madres y padres de familia tienen rutinas establecidas por su trabajo, por lo cual requieren el respeto de horarios establecidos, pues, sin pensar la escuela como una «guardería», saben que cuando sus hijos tienen clases están en su espacio de aprendizaje, convivencia y seguridad para ellos.
Al final, a pesar de que rectificaron esta decisión, que afectaba también a docentes que ya tenían una planeación establecida, es importante recordar a quienes más importan en el tema: las y los niños. Los niños son los que siempre salen perdiendo porque cada vez tiene un nivel educativo más bajo.
Además a las y los maestros se les juzga como si este tipo de decisiones fueran suyas y prefirieran no acudir a hacer su labor, cuando en realidad fueron los primeros en levantar la voz por decisiones repentinas como esta, pues defienden su trabajo y el aprendizaje de su alumnado.
Y, aprovechando el tema, también hay que recordar que las madres y los padres de familia también deberían entender y atender su responsabilidad de educar con normas, valores, reglas, límites. Los alumnos que hoy están en las escuelas como alumnos, están creciendo al «ahí se va», porque les está fallando la familia como guía. La escuela es un sostén, pero quien debe formar y educar para la vida adulta es la familia.
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