El fin del año no cambia nada, ¿o sí?

En lo que pareció un abrir y cerrar de ojos otro año se terminó. Y, como cada año al acercarse el final, muchas personas sienten esperanza, otras tantas depresión, nostalgia o tristeza.

Pero ¿pasa algo cuando acaba un año? Desde una perspectiva práctica y despojada de la humanización de las fechas, nada cambia después de vivir 365 días.

Al amanecer el 1 de enero, nada cambia… ¿O sí?

Aunque los días siguen teniendo 24 horas, los minutos 60 segundos, el cielo sigue siendo azul y las personas continúan llamándose del mismo modo, sí que pueden decidir tener un cierre consciente o nuevos inicios.

El fin del año no es un acto mágico, pero sí representa una oportunidad para trazar nuevas metas, abandonar situaciones y personas que ya no van con nuestro camino, y dar la bienvenida a nuevas experiencias y comienzos.

Los días no son los que tienen que cambiar para que nuestras vidas sean diferentes, somos las personas que vivimos esos días.

En este viaje personal, cada quien puede encontrar su forma única de despedirse del año que se va. El año pasado, mi experiencia estuvo marcada por la nostalgia, una emoción que decidí abordar como una carta escrita para la gente que estuvo cerca de mí. En el último día del 2022, leí esa carta a mi familia, agradeciéndoles por su compañía y momentos que creamos.

Porque, aunque el reloj avance imperturbable, el cambio real surge de nuestra capacidad para reflexionar.

Por eso, el fin del año puede ser una oportunidad de crear nuevas metas, dejar atrás situaciones, personas, lugares para dar paso a nuevas experiencias y comienzos.

Esto no sucede por casualidad o por arte de magia, sino que es una decisión personal; para que ocurra, cada persona puede encontrar diferentes formas de decirle adiós al ciclo vivido en el año transcurrido.

El año pasado, para mí tuvo muchas emociones, y la nostalgia fue una de ellas; la misma que me llevó a crear momentos conmigo misma para concluir el 2022, entre esos, escribirle a mi familia una cartita que leí en pleno 31 para agradecerles por su compañía.

Porque, si bien nada cambia cuando el año cambia, sí podemos tomar este cierre anual para hacer una pausa personal y reflexionar; no para autocastigarnos por metas inconclusas, pero sí para reconocernos avances y (re)pensar qué camino queremos andar.

Al cerrar este capítulo, no solo nos despedimos del pasado, sino que damos la bienvenida a un futuro que podemos construir como deseemos.

Que cada cambio de año sea más que un simple giro del calendario; que sea una renovación interna, un renacer de esperanzas y un recordatorio de que siempre podemos reorientar nuestros pasos si así lo deseamos o disfrutar de hacia dónde van nuestros pies.

Este año, mi “ritual” de despedida está siendo mucho más sutil, pero no deja de existir; aun me pregunto si me saldrán las palabras para repetir una carta a mii familia, mientras tanto, una lista en mi libreta se forma con las películas, series y libros que más me marcaron y la misma dinámica tendré para recordar personas y momentos.

Y tú, ¿cómo quieres terminar tu año?

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