Yucatán, tan lejos y tan cerca de Palestina

La indiferencia, no tiene cabida, ante lo que sucede en Palestina y mucho menos cómo esta realidad en vinculante con Yucatán, porque a pesar de los 11 mil 654 kilómetros de distancia entre ambos territorios o nuestras diferencias culturales, nuestras historias se van bordando y entretejiendo en un mismo lienzo.

Palestina

La ONU sitúa dos momentos fundamentales: la guerra de 1948, tras la cual Israel controló el 77% del territorio de la Palestina bajo Mandato británico, y la guerra de 1967, cuando ocupó Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza. Estos acontecimientos son antecedentes centrales de la disputa territorial actual.un

El 19 de julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia concluyó, en una opinión consultiva, que la presencia continuada de Israel en el Territorio Palestino Ocupado es ilegal. La Corte vinculó esa conclusión con la anexión, el control permanente del territorio y la vulneración del derecho del pueblo palestino a la libre determinación. Esa es una base jurídica concreta, no solamente una denuncia política.news.un+1

Yucatán y el pueblo maya

Para Yucatán, un antecedente documentado es la pérdida de tierras de comunidades mayas durante el siglo XIX. El INAH explica que las leyes de deslinde y colonización de terrenos considerados “baldíos” favorecieron el despojo de tierras para plantaciones de henequén y la incorporación de indígenas al peonaje.

La Guerra de Castas, desarrollada entre 1847 y 1901, estuvo atravesada por desigualdades raciales, económicas y sociales y por la resistencia maya. Su historia comprende la península de Yucatán, no únicamente el estado actual: una parte importante de la resistencia ocurrió en el territorio que hoy es Quintana Roo.

Es importante señalar que no son realidades equivalentes. La ocupación del territorio palestino tiene una dimensión histórica y jurídica específica: en julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia concluyó, mediante una opinión consultiva, que la presencia continuada de Israel en el Territorio Palestino Ocupado es ilegal. En Yucatán, la discusión examinada gira alrededor de acuerdos de cooperación, participación empresarial y preocupaciones sobre el agua. Confundir ambos escenarios debilitaría el análisis; reconocer sus diferencias no invalida la solidaridad.

Fotografía de Daniela Esquivel

El domingo 18 de octubre de 2026, una manifestación recorrió el Centro Histórico de Mérida para expresar solidaridad con Palestina y exigir la defensa del agua en Yucatán. El contingente salió del parque de Santiago hacia el Palacio de Gobierno. Entre sus consignas destacó “Fuera Israel de Yucatán”, una expresión que condensó el rechazo a las acciones militares israelíes y los cuestionamientos a las relaciones económicas e institucionales del gobierno estatal con Israel. La movilización reunió dos preocupaciones de distinta naturaleza y escala: la situación del pueblo palestino y las decisiones sobre los bienes naturales de las comunidades yucatecas.

Tras la marcha , los participantes entregaron un pliego petitorio para exigir la cancelación, dentro de las atribuciones estatales, de convenios, compras y licitaciones que facilitaran inversiones vinculadas con Israel. La oficina del gobernador se comprometió a responder en un plazo de diez días.

La confianza no sustituye a la información

El centro de la respuesta gubernamental debe ser la transparencia.

La cobertura periodística identifica como antecedente una carta de intención firmada en 2021, durante la administración de Mauricio Vila, con la representación de Israel. También documenta la participación de empresas israelíes en la Expo Pro Agro Innovación 2026, que reactivó los cuestionamientos sobre los alcances de esa relación.

Ante esas inquietudes, no basta con invocar los beneficios de la tecnología, la inversión o la cooperación. Si existen convenios vigentes, corresponde explicar qué comprometen, quiénes participan y qué mecanismos de supervisión contemplan. Si no hay concesiones ni contratos relacionados con el manejo del agua, una aclaración respaldada por documentos contribuiría más a la confianza que cualquier descalificación de quienes preguntan.

La exigencia debe ser igualmente rigurosa para el debate público. La información revisada no demuestra que empresas israelíes hayan obtenido el control del agua yucateca. Presentar ese temor como un hecho consumado sería irresponsable. Pero tampoco sería razonable exigir a la ciudadanía que renuncie a preguntar hasta que una posible afectación se haya materializado. La vigilancia social tiene sentido precisamente porque puede anticiparse a las decisiones.

Informar no es repetir ni desacreditar

La responsabilidad también alcanza a los medios. La protesta merece una cobertura que explique sus demandas y examine sus fundamentos, no una narración reducida a consignas o incidentes.

En la muestra revisada, Por Esto! destacó el recorrido y las exigencias de la movilización. Ventanas Rotas, en publicaciones anteriores, desarrolló los argumentos del boicot, las actividades culturales y los vínculos que el movimiento establece entre Palestina y los pueblos mayas. Son aproximaciones distintas: una registra el acontecimiento; otra permite conocer la organización y el pensamiento que lo anteceden.

El periodismo debe poder escuchar esa voz sin renunciar a verificarla. Dar espacio a una denuncia no obliga a adoptarla como verdad; contrastarla no equivale a desacreditar a quien la formula. Del mismo modo, informar sobre la participación empresarial exige investigar actividades y responsabilidades concretas, no atribuir conductas por nacionalidad.

La solidaridad con Palestina debe dirigirse contra políticas, prácticas y violaciones de derechos, nunca convertirse en hostilidad hacia las personas judías. Esa distinción ética es indispensable para una discusión que aspire a defender la dignidad humana.

El agua exige decisiones abiertas

La marcha del 18 de octubre mostró que, para sus participantes, la solidaridad internacional también se expresa mediante preguntas locales: quién decide, qué se negocia y cómo se protege lo común.

La respuesta democrática no consiste en aceptar sin examen todas sus afirmaciones ni en tratar la inconformidad como un obstáculo al desarrollo. Consiste en abrir los documentos, explicar las decisiones y sostener un diálogo donde las comunidades no sean las últimas en enterarse.

Palestina y Yucatán no necesitan ser la misma historia para que exista solidaridad entre sus pueblos. Lo que sí necesita esta discusión es que ninguna consigna sustituya a las pruebas y que ninguna promesa de progreso sustituya al derecho a saber.

Lorena González Boscó, comunicóloga, internacionalista, profesora universitaria, constructora de ciudadanía, periodista, amante de los perros y amiga de los gatos. «Siempre he creído que más vale gente comprometida que capaz, porque la comprometida se hace capaz, pero la capaz no necesariamente comprometida.»