El futuro de la prensa tradicional está en las «manitas» de las nuevas generaciones.

Por Edith de la Barrera y Tania Rubio

Curiosidad, observación y creatividad podrían ser sinónimos de infancia, pero también de periodismo, de manera que la expresión «periodismo infantil» resulta una dupla fantástica.

La pandemia de COVID-19 recordó la importancia de la labor periodística. Así como el virus no distinguió raza, género o edad, la información sobre el tema llegó a oídos de todos, incluso de los más pequeños, quienes mostraron un interés excepcional por mantenerse al tanto de lo que pasaba.

Acercar las noticias a los niños, es darles herramientas para reinterpretar su realidad y dotarles de nuevas habilidades que les serán de gran utilidad -independientemente de la profesión a la que quieran dedicarse: astronauta, policía, dentista, chef (y a últimas fechas, youtuber); se trata de darles voz sobre el mundo que habitan y en el que, por fortuna, ya no se les subestima ni se les excluye.

García Márquez definió el periodismo como «el mejor oficio del mundo» y no debe estar restringido a quienes pasen el metro y medio de estatura… quizás el periodismo puede hallar en los niños la dosis exacta de sencillez, entusiasmo y honestidad que necesita para renovarse.

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