Mar. Feb 3rd, 2026

Prevenir accidentes, enfrentar riesgos y priorizar el bienestar del alumnado… Una labor docente

En el trabajo dentro de una escuela las y los docentes vivimos todo tipo de emociones, sentimientos, temores, e incluso accidentes; aunque estos últimos siempre se intentan prevenir, hay circunstancias que ocurren... En fin ser maestra/o es un abanico inagotable de experiencias y anécdotas, por eso en esta columna les contaré una experiencia imborrable de la memoria, una de tantas vividas en mi quehacer educativo...

Aproximadamente en el año 2002, me encontraba trabajando en un Centro de Atención Múltiple de Cancún. Ahí llegó por primera vez a la escuela una niña de 10 años, nunca había asistido a una escuela, ya que en ese entonces no se hablaba del derecho a la educación de niñas y niños con discapacidad.

Esta niña creció en su hogar con limitaciones y falta de educación académica, hasta que alguien sensibilizó a sus papás sobre la importancia de que asistiera a la escuela y tomaron la decisión de inscribirla. La niña obviamente se encontraba temerosa de estar en un ambiente desconocido, con personas adultas, más niñas y niños, algunos de su edad y otros mayores… Por lo que su adaptación no sería sencilla, especialmente porque no había desarrollado un lenguaje oral, y en el CAM se tomó la decisión de que iniciara su adaptación escolar en el grupo con menor carga horaria y con actividades más cercanas al juego y a la vida diaria: el preescolar. Cuando la niña comienza a asistir, establece contacto de compañerismo con una pequeña de su salón, al punto de que se tomaban de la mano para salir al recreo.

Como decía al principio, en ocasiones ocurren accidentes a pesar de que se tomen las acciones preventivas. Una de las estrategias para evitar accidentes durante el recreo en una escuela, es que cada maestra/o es asignado a vigilar un área específica de la escuela.

Siguiendo dicha estrategia, un día al finalizar el recreo una docente cuenta a sus alumnos (otra acción para cuidarles) y se da cuenta de que le faltaba una alumna… Al salir del salón para checar si estaba jugando o en el baño, no la encuentra por ningún lado y nadie la había visto al acabar el recreo. No estaba en los baños, no estaba en el área de juegos, tampoco en el patio y la reja de la escuela estaba cerrada con candado (como debía ser para evitar cualquier escape).

Al preguntarle a la alumna nueva, la que salía de la mano con la alumna que no aparecía, la niña lleva a su maestra a un espacio del jardín de la escuela. Aunque no hablaba, se comunicaba mostrándole el césped a su maestra. La maestra, extrañada y confundida, se hinca en el pasto y acerca su oído al piso: escucha sonidos y descubre que el césped se hunde como una ranura. De inmediato, llama al personal de intendencia y comienza a mover el césped… Ahí, al fondo, se encontraba la niña que, aunque tampoco hablaba, también estaba emitiendo sonidos para comunicarse y ser encontrada.

La directora de la escuela inmediatamente llama a los bomberos, ambulancia y a los padres de la alumna que tuvo el accidente… Resulta que esa parte de la escuela estaba encima de una cueva. La menor fue rescatada, y aunque se encontraba asustada y con algunos rasguños, se encontraba bien. A pesar de que no se pudo prevenir el accidente, las acciones que se realizan todos los días dentro del aula, permitieron que la maestra identificara con prontitud la falta de su alumna, de manera que se encontró y atendió a la brevedad posible; sin estas acciones de cuidado, el final habría sido trágico.

Sin embargo, como es obvio, hubo revuelo en la escuela: entre alumnos, padres, maestros… A partir de ahí, se clausuró esa zona de la escuela para evitar que cualquier otro alumno pudiera enfrentar el mismo riesgo.

Ese fue un recreo como cualquier otro. El miedo, angustia, conmoción que atraviesas como docente, no pueden impedirte actuar en pro del bienestar de las y los menores que se encuentran a tu cargo, pues lo más importante siempre será su seguridad. En momentos de crisis en las escuelas, una reacción oportuna puede marcar la diferencia.

Maestra de educación especial. Jubilada

Ama la playa y desde que está jubilada disfruta su tiempo para leer, hacer ejercicio, estar con su familia y escaparse al mar.

En su juventud fue maestra de ballet.

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