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Los otros rostros de la violencia digital

“Ni porno, ni venganza”, es el lema de las mujeres que promueven que la Ley Olimpia sea nacional, que se ejecute y aplique con rigor y pertinencia, sin obstáculos, ni corruptelas. Es la sentencia de activistas, feministas y mujeres que han sido blanco de la violencia machista y misógina en su modalidad digital. Hoy por hoy, el ciberacoso es una de las formas de violentar a las mujeres, en la que muchos hombres cobarde y perversamente se escudan para dañar la integridad emocional, física, mental, social, económica y espiritual de quienes pudieron ser sus compañeras, parejas, amigas, familiares o conocidas, y cuyo objetivo primordial es la de destruir absoluta y contundentemente la reputación y seguridad de quienes se ven vulneradas al ser exhibidas como objetos o mercancía intercambiable.

Los agresores son mayormente hombres entre los 18 y 30 años, muchos de ellos universitarios activos, que utilizan Facebook, Whatsapp y Telegram como sus principales medios de agresión. La violencia digital es un tipo de violencia de género que por medio de la grabación, exposición, distribución, difusión, exhibición, transmisión, intercambio y comercialización de contenido íntimo busca causar un daño permanente y profundo a la persona involucrada en el material digital.

“Al principio me sentía muy presionada por mi novio para enviarle fotos mías. Me fue convenciendo poco a poco, primero me dijo que no me preocupara que sólo le mandara fotos mías en pijama o bañándome sin que se me viera nada, después conforme pasó el tiempo, me iba pidiendo fotos más fuertes, siempre encontraba una forma de hacerme chantaje. Cuando estuvimos en su casa teniendo relaciones me dijo que a él le excitaba mucho ver mis fotos desnuda y que si podíamos hacer un video, que sólo era para él y que lo veía a solas en la noche o cuando pasaba mucho tiempo sin verme. Aunque me sentí muy rara y muy incómoda, me sentí muy presionada a hacerlo, porque yo sí lo quería y porque en verdad le creí…todo cambió cuando un amigo suyo me mandó por Telegram mis fotos y el vídeo…

Existen diversas formas de violencia de género digital, muchas maneras de ejercerla y múltiples formas de expresión, las distintas manifestaciones de este tipo de conductas violentas, destruye la vida de miles de mujeres alrededor del mundo que son víctimas de agresores que se ven reforzados y engrandecidos cada vez que la justicia no se ejerce de manera real y continúan llevando a cabo sus ejercicios de violencia, al ser pobre o nulamente sancionados o incluso exonerados de manera impune, bajo la mirada complaciente de autoridades y sociedad en general.

¿Quiénes son los agresores?

Todas aquellas personas que en algún momento hayan cometido alguna práctica de exclusión virtual, insultos electrónicos, asecho/stalking, hostigamiento virtual, suplantación virtual, difamación virtual, ciberpersecución, sextorsión, difusión de contenido íntimo sin consentimiento y trata virtual de personas.

En nuestro país un creciente delito dentro de la violencia digital se encuentra en la difusión no consensuada. Aquellos quienes han obligado a sus parejas a crear contenido íntimo por medio de extorsiones o amenazas, aquellos quienes lo han distribuido sin consentimiento de su pareja; pero también aquellos quienes han reproducido morbosamente el contenido, quienes no lo han eliminado, quienes lo han reenviado, “rolado” o vendido. Quienes lo han “subido o filtrado” a diversas plataformas digitales o por medio de grupos de WhatsApp, Telegram, Facebook, Instagram o alguna otra red social.

“Cuando Mario me envió el video y las fotos, no supe cómo reaccionar, estaba súper en shock, él me dijo que seguro lo tenían ya todos los de nuestra generación porque tenían un grupo en Telegram donde se compartían lo que grababan o las fotos de las chavas con las que salían o eran sus novias. Yo llevaba 8 meses con mi novio y pensé que él era distinto, hasta mis papás lo conocían y todo, cuando le llamé para saber qué había pasado, me lo negó todo y me hizo sentir súper mal de desconfiar de él, que cómo le creía a ese pen…, que seguro quería acostarse conmigo y un buen de tonterías que ni al caso, a los dos días me bloqueó de todas sus redes, terminó conmigo por Whatsapp que porque no quería seguir con alguien que no le creía. Pero yo siempre estuve segura de que fue él. No había manera de que lo que tomamos saliera de otro lado que no fuera de su teléfono.”

¿Quiénes son esos cómplices de la violencia digital?

Todos. Todas.

Quienes han desestimado este tipo de violencia de manera sistemática, ya sea flagrantemente o por indiferencia y omisión. Quienes no han tenido la voluntad de informarse o atender los múltiples eventos de violencia digital que sufren miles de mujeres en los espacios compartidos, volteando hacia otro lado, pensando: “eso no me pasaría a mí” o “si les pasó, por algo será”.

Quienes pudiendo cambiar el curso de las cosas no lo han hecho y fomentan que exista este tipo de prácticas nocivas, quienes consumen contenidos ilícitos y lo disfrutan, quienes lo reciben y no denuncian, quienes de muchas formas guardan silencio o no exhiben a los agresores.

Logramos distinguir a los agresores y a sus cómplices como un entramado en el que el resto de la sociedad poco o nada tenemos que ver y sin embargo eso es falso, en muchas ocasiones existe alrededor de los protagonistas de la violencia digital un círculo notable que fortalece desde sus prácticas conscientes o no, el que este tipo de violencia hacia la mujer continúe, se fortalezca y se perpetúe.

Los otros rostros de la violencia digital

Esos rostros muchas veces, además, usan máscaras. La máscara de quienes supuestamente están en disposición de ayudar o contener el delito, de darle seguimiento, de atender una queja o de difundirlo. Una máscara hipócrita, a juzgar por los resultados.

En muchos casos narrados por mujeres de diversas edades, ha sido coincidente una experiencia de revictimización social que las desposee de toda credibilidad en autoridades y sociedad en general para poder defenderlas y ayudarlas.

Esos otros rostros también están escondidos en las personas que injusta y parcialmente culpan a las mujeres e invisibilizan a los perpetradores como si el delito no hubiera sido cometido por ellos, que las atacan ferozmente a ellas por “haberse dejado grabar o haberse tomado las fotos”, dejando de lado que para que exista la difusión del contenido debió existir quien ejecutara esta acción.

“Lo peor fue que muchas personas en quienes yo confiaba me traicionaron, le pedí ayuda a mi asesor de tesis porque yo sabía que podía denunciar, pero necesitaba tener más información del procedimiento y como también era profesor de mi ex, se negó, me dijo que intentara arreglar las cosas directamente con él, que además porqué me había expuesto así, que tuve que haberme dado a respetar, etcétera. Me sentí muy decepcionada de él, porque siempre hablaba en clases de manera que me hacía pensar que no iba a reaccionar de esa manera. Me afectó mucho que a mí me tachara de todo y que mi exnovio saliera limpio como si no hubiera hecho nada. Yo cambié de asesor y ellos dos inclusive ahora son amigos.”

Autoridades incompetentes o indiferentes, profesorado sin capacitación o que contando con ella, hacen caso omiso a los protocolos a implementarse cuando llegan a presentarse asuntos de este tipo en sus aulas, amistades que dan la espalda o se alían con los agresores, familiares que protegen y solapan a los agresores,  compañeros y compañeras de trabajo que encubren y un sin número de personas que integran nuestra sociedad y que deberían tomar conciencia y posicionamiento sobre los delitos digitales que van en aumento, que cada día encuentran nuevas formas de manifestarse y que afectan profundamente a quienes son víctimas y a su círculo social cercano.

#Lovirtualesreal y que no se nos olvide, porque destruye vidas, algunas irreversible e irremediablemente como en el caso de aquellas mujeres que han encontrado en el suicidio la última puerta de liberación a un sufrimiento intolerable e injusto. #Lovirtualesreal cuando vemos el número creciente de casos de violencia digital que cada vez se presentan más entre la población adolescente de escolaridad secundaria. #Lovirtualesreal y no debemos dejarlo pasar, porque todas y todos somos vulnerables a sufrir acoso o violencia digital y todas las personas podemos hacer algo para contener, evitar y erradicar estos actos violentos que destruyen socialmente.

Vale la pena preguntarse y hacer un examen de autoconsciencia: ¿He sido alguna vez un(a) agresor(a) digital? ¿Lo he fomentado directa o indirectamente? ¿Lo he perpetuado? ¿He hecho algo que contribuya a erradicarlo o por el contrario, mis acciones han sumado a que prevalezca?; ojalá las respuestas obtenidas nos permitan ver de frente y sin vergüenza el rostro de nuestras amigas, compañeras, madres, hermanas, hijas y a todas las mujeres que nos rodean.

No debemos olvidar que en la complicidad y complacencia de una sociedad que se niega a ver y escuchar, pero sobre todo a hablar, habitan aquellos otros rostros de la violencia digital que permiten que este tipo de violencia de género exista y prepondere.

Recomendamos desde Neftlix para comprender más el tema:

  • El documental Audrie&Daisy
  • La serie Intimidad
  • El documental Ciberinfierno

Agradecemos el testimonio de Maria José Z.

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