En la actualidad (casi) cualquier persona tiene acceso a redes sociales o medios para manifestar su opinión públicamente acerca de cualquier tema y, si bien, este es un avance para la libertad de expresión, también ha dejado en evidencia la importancia de distinguir entre libertad de expresión y discurso de odio porque, sí, incluso para los derechos hay ciertos límites porque un derecho si vulnera a alguien más.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 19, describe la libertad de expresión de la siguiente manera:
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Y seguro has escuchado a alguien decir «es que ahora ya no se puede decir nada», pero quizá esa frase no viene de faltas hacia la libertad de expresión, sino de intentos pos amplificar discursos de odio. Pero ¿qué es este? Las Naciones Unidas lo definen así:
«Cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, —o también comportamiento— , que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad».
Esta distinción es muy importante siempre, sin embargo, cobra especial relevancia ante hechos sociales que detonan mayor cantidad de discursos de odio, que con o sin conciencia de ello, dejan en evidencia señalamientos clasistas, misóginos, discriminatorios, etcétera.
Esto ocurrió recientemente tras el desalojo de asentamientos irregulares en San José Tecoh que, sin entrar en detalles sobre esa situación en concreto, sí permitieron identificar gran cantidad de publicaciones en redes sociales y hasta en conversaciones en viva voz, que más allá de analizar la situación, demostraban discursos de odio de diversos tipos. Comentarios frecuentes fueron: «seguro son de fuera», «saquen a los foraños» la xenofobia existe y encuentra cualquier oportunidad para colarse, pues estas frases aparece de manera común, muchas veces incluso sin un detonante concreto, sin siquiera tener algún tipo de fundamento.
Otros comentarios incluso iban un poco más lejos, incitando a la violencia diciendo que la policía debería golpearles… sin recordar que el uso de la fuerza pública nunca debe ser desproporcionado y debe usarse únicamente en casos en donde sea indispensable. Hubo otras expresiones que dejaron ver la creencia de que las personas de escasos recursos no trabajan, nuevamente dejando salir el clasismo, al creer que solo porque alguien no tiene las mismas posibilidades que uno, significa que no se esfuerza o no trabaja; sin considerar que muchas veces son incluso las personas de escasos recursos quienes más trabajan, pero que menos dinero obtienen por su trabajo.
También hubo personas que salieron a cuestionar los discursos que rápidamente se compartían, señalaron de clasismo algunos de ellos, evidenciando cómo cuando las invasiones vienen de empresas o inmobiliarias, se aplaude como si se tratara de progreso, pues recordemos que muchas veces comienzan en la ilegalidad; mientras que cuando ocurre con familias de escasos recursos sí señalan con fuerza dicha ilegalidad.
El tema de los asentamientos irregulares, fue en este análisis un punto de partida, aunque ese tema en lo particular puede tener muchos tintes, lo que se pretende es visibilizar que este tipo de comentarios no vienen solamente de ahí; sino que se presentan de forma común con distintas situaciones y debe existir mayor conciencia para distinguir entre lo que se puede decir por libertad de expresión y lo que pretende vulnerar a otras personas, cayendo en un discurso de odio.
La libertad de expresión en lucha
Pese a la facilidad que han entregado las redes sociales para expresar una opinión, al punto de que se pueden divulgar discursos de odio sin mayores repercusiones, la libertad de expresión sigue enfrentando retos. Un informe del colectivo Somos Periodistas, dio a conocer que en su labor profesional se les vulnera este derecho. «Un caso relevante involucró a 30 personas (entre periodistas, activistas y víctimas de delitos), denunciadas por informar sobre violencia de género, proceso que finalmente fue sobreseído por un Juzgado de Control a finales de 2022».
El colectivo advirtió también que durante la manifestación del 8 de marzo de 2025, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), lanzaron chorros de agua a presión y gas contra mujeres manifestantes y periodistas en el Palacio de Gobierno. Esto no solamente implicó afectaciones respiratorias, sino que en el caso de las periodistas atravesaron daños a sus equipos de trabajo, constituyendo un acto de censura y represión directa a la labor informativa.
Además, expusieron que el ejercicio periodístico ha sido amenazado por el uso de la fuerza pública y el hostigamiento desde el poder político. «Los datos indican que el Estado mexicano sigue siendo el principal agresor de la prensa».

Recuerda: Expresarte es un derecho; vulnerar a otros, no.
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