En México, la comunidad LGBT+ no debe exigir sus derechos

Totalmente intolerante y antipático es este encabezado, pero es justamente lo contrario. Las etiquetas, que si uno es heterosexual, que si el otro es gay, que si aquella es transexual, que si esa persona es no binaria, han segregado a la sociedad, y despertado sentimientos de odio, porque estamos muy pendientes sobre quién se mete en la cama de quien o de quien no se mete, si se viste de tal o cual manera o simplemente no se quiere relacionar con nadie, como si de verdad nos afectará algo.

Tenemos que hablar de inclusión por los excluidos, que dicho sea de paso, no solo los miembros de esta comunidad son el objeto de la discriminación de los mexicanos, hay otros grupos también involucrados en nuestros desprecios de la sociedad que compartimos, tales como los ancianos, los indígenas, los pobres, los ricos, los discapacitados, las mujeres, y la lista sigue, en realidad: todos estamos en ella.

Lo diferente a lo establecido y aceptado, se verá con malos ojos, hasta que la percepción del mundo de los giros necesarios para entender que los Derechos Humanos nos pertenecen a todos y sin distinción. Es verdad, nadie es igual a nadie, nos podemos parecer en muchas cosas, pero no somos iguales, cada quien tenemos nuestros propios matices, y entender nuestras diferencias nos haría mejores personas, pero somos huesos difíciles de roer, y entonces tenemos que buscar los mecanismos que nos obliguen aceptar lo distinto para normalizar las diferencias que se tienen con la comunidad LGBT+

Si hoy quienes siendo del mismo sexo o distinto género pueden unirse en matrimonio, adoptar hijos, obtener créditos y pensiones, es gracias a la emisión de leyes que así lo permiten. Hubo que legislar para que todos tengamos las mismas oportunidades de formar una familia y construir un patrimonio en pareja.

Inclusión laboral

El reclamo de los derechos también ha sido incesante en el plano laboral por parte la comunidad LGBT+ ha peleado por no ser segregada, y ha avanzado, pero falta mucho todavía, la apariencia de género sigue siendo una limitante para ser contratados, salvo que ello beneficie al empleador.

Un ejemplo de lo anterior es que en el área de cosméticos, de los grandes almacenes, se pueden ver hombres con las uñas pintadas y maquillados, y nadie se siente incómodo por ello, al contrario se les reconoce como profesionales y expertos. Sin embargo, si fuera un cajero de banco quizás la historia no se cuente igual.

Finalmente esta reflexión es con la intención queridos lectores es para contribuir un poco en la construcción de la ciudadanía recordando que en nuestra Constitución el Artículo 1, 5.º párrafo dice:

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Por ello, en México, la comunidad LGBT+ no debe exigir sus derechos, ya están dados, sólo hay que asegurarse que se cumplan.

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