Editorial de la Fundación Kajal Kiín
Hace unos meses, vecinos de El Cuyo, Yucatán, se movilizaron para retirar vallas y lonas que unos particulares habían puesto para cerrar un acceso a la playa. Para ellos no había nada qué discutir: esa calle siempre fue un acceso público al mar. Pidieron a las autoridades revisar la legalidad de las ventas de terrenos y garantizar los pasos a la playa que, han ido quedando en manos privadas sin ningún tipo participación comunitaria o social (Chí Díaz, 2026). Una calle cerrada con lonas puede parecer un conflicto menor en un estado donde se disputan megaproyectos turísticos e inmobiliarios. Pero en un pueblo que vive del mar es otra cosa: es la frontera nueva entre quienes habitan la costa y quienes la empiezan a comprar.
El Cuyo, comisaría de Tizimín con cerca de dos mil habitantes, conoce bien la economía de la extracción. Nació como puerto maderero; por ahí salían el palo de tinte y el chicozapote de la selva hacia mercados lejanos, hasta que ese comercio se derrumbó y en los años setenta el pueblo se volcó a la pesca. Medio siglo después, la langosta espinosa y el pulpo ya no alcanzan como antes. En 2023 había unos 470 pescadores registrados y apenas un centenar pertenecía a la cooperativa (Chan y Cocom, 2023). Los permisionarios traen tripulaciones de fuera en las temporadas de mayor valor, lo que dejó una población flotante que no termina aún de integrarse, y en el ejido, donde la Procuraduría Agraria certifica derechos, hay quienes construyen ignorando la dotación original de tierras (Valencia Medina, 2023).
En menos de cinco años el precio del suelo se duplicó y el edificio de una antigua cooperativa pesquera se vendió a inversionistas extranjeros para levantar un hotel La especulación también tiene operadores locales; el desplazamiento cae sobre quienes no tienen nada que vender o los que se ven forzado a hacerlo por las fuertes desigualdades sociales, y aún sin mencionar las de género que también se reproducen en los ejidos.
¿Qué hace un pueblo de pescadores cuando el mar deja de sostenerlo? En El Cuyo la respuestallegó por la carretera. Prestadores de servicios calcularon en 2024 que el puerto se había transformado en menos de cinco años: hospedajes con alberca y vista al mar, casas de familias de Tizimín y Valladolid convertidas en rentas vacacionales. Sin embargo, la esperanza reside en que el turismo masivo no llega solo. A pasos más lentos se encuentran algunos proyectos con mayor sensibilidad comunitaria y social como el Rancho San Manuel, en donde se ofrece kayak y senderismo en el manglar con mayor participación comunitaria, el cual también opera como una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA).
Las UMA pesan más de lo que parece. Previstas en la Ley General de Vida Silvestre, obligan a un plan de manejo registrado y al monitoreo del hábitat y las especies. Un predio comprometido así deja de ser un lote en espera de fraccionarse, su valor depende de que el manglar y la fauna sigan ahí. Es una barrera legal y material frente al asfalto, siempre que no se reduzca a fachada verde.
El Cuyo está en la zona de amortiguamiento de la Reserva de la Biosfera Ría Lagartos y toda obra en un área natural protegida requiere una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), queante la situación actual de un crecimiento importante del turismo, no pasa desapercibida. En el artículo 11 del Reglamento de la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, se prevé estos instrumentos regionales cuando se esperan impactos acumulativos o sinérgicos, que es justo lo que empieza a ocurrir en El Cuyo, cuando empiezan a crecer los hoteles o a cerrarse calles para entrar a la playa. Esto también induciría a promover una planeación regional más completa, tanto para Tizimín como para los municipios que conforman la Reserva.
Ahora es cuando la instrumentalización ambiental debe formar su propio frente. No se trata de pensar una pureza comunitaria que no existe, pero sí de esfuerzos y vinculaciones necesarias entre la cooperativa de pescadores, el ejido, los permisionarios, los pequeños negocios, prestadores de servicios locales y los empresarios dispuestos a jugar con las reglas claras alrededor de la vida silvestre y no solo del metro cuadrado.
Por ejemplo, en febrero de 2025 se decretó frente al puerto un refugio pesquero de 15 kilómetros cuadrados por cinco años, que la cooperativa impulsó junto con el Comité Náutico, la comisaría ejidal y los permisionarios: actores con intereses distintos que aceptaron renunciar juntos a una parte del mar (Valencia Medina, 2025). A las primeras reuniones del proyecto de restauración de manglar de la ENES-UNAM Mérida con WWF acudieron unas cincuenta personas, la mayoría mujeres (Chan y Cocom, 2023), y desde entonces la comunidad habla de un turismo que no repita la construcción masiva de Holbox (Arellano, 2023). El refugio pesquero mostró que en El Cuyo ese acuerdo es posible. Falta llevarlo a la orilla, antes de que la orilla tenga otros dueños.
Referencias
- Arellano, A. (2023, 27 de enero). El Cuyo: una mirada a la comunidad pesquera a través de los ojos de sus habitantes. Mongabay Latam. https://es.mongabay.com/2023/01/el-cuyo-una-mirada-a-la-comunidad-pesquera-a-traves-de-los-ojos-de-sus-habitantes/
- Chan, I., y Cocom, M. (2023, 6 de enero). Del mar un murmullo: El Cuyo defiende lo suyo. Ventanas Rotas. https://ventanasrotas.com/2023/01/del-mar-un-murmullo-el-cuyo-defiende-lo-suyo/
- Chi Díaz, I. (2026, 22 de julio). Invasión de calles en El Cuyo ante crecimiento y auge inmobiliario. Diario de Yucatán. https://www.yucatan.com.mx/yucatan/2026/07/22/invasion-de-calles-en-el-cuyo-ante-crecimiento-y-auge-inmobiliario.html
- Valencia Medina, E. (2023, 7 de junio). Mancha urbana «devora» el manglar en las playas del Litoral Oriente. Por Esto! https://www.poresto.com/yucatan/2023/6/7/mancha-urbana-devora-el-manglar-en-las-playas-del-litoral-oriente.html
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