Cada cuatro años sucede lo mismo: el Mundial de futbol invade conversaciones, redes sociales y espacios de trabajo. Lo que parece una distracción inevitable plantea una pregunta clave para organizaciones y personal: ¿puede este fenómeno social impactar en la productividad laboral o, por el contrario, convertirse en una oportunidad?
De acuerdo con Guillem Compte Nunes, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la Copa del Mundo no afecta de la misma forma a cada entorno laboral.
“Hay donde no gusta tanto entre los y las empleadas, pero en empresas donde sí hay un fuerte seguimiento, se presenta la cuestión de cómo gestionar ese interés”.
Muchas organizaciones —señala— optan por ignorar el tema, pues dejan que cada quien decida cómo manejar su tiempo. Sin embargo, está la posibilidad de una gestión proactiva: anticipar el fenómeno y organizarlo.
El Mundial es más que un evento deportivo. Es, a decir del especialista, una celebración de la identidad colectiva en la que las personas no sólo observan, sino sienten que participan.
“Y aunque existe la percepción de que la productividad baja, no hay evidencia concluyente de que ver futbol afecte negativamente el rendimiento. Eso responde más a un estereotipo; todo depende de cómo la empresa gestione la situación”.
Clima y cultura laboral
Para Emmanuel Martínez Mejía, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, el impacto del Mundial no se explica por el evento en sí, sino por la cultura organizacional de cada empresa, “es decir, por las prácticas que realmente se viven en el día a día. Eso es lo que va a determinar si un encuentro, como la Copa del Mundo, resulta favorable o no”, indica.
En espacios de trabajo con ambientes sanos (respeto a los horarios, flexibilidad de jornada y modalidad virtual, liderazgo positivo y equilibrio entre lo laboral y personal) este torneo puede ser un factor de integración, pues el entusiasmo futbolero es un lenguaje común que favorece la cohesión, el orgullo organizacional y la integración de los equipos.
“Cuando las organizaciones optan por restringir o prohibir ver partidos, el efecto es contraproducente. Al prohibir algo, es lo primero que queremos hacer. En esos casos, las personas buscan alternativas: ver el juego a escondidas, usar audífonos o seguir transmisiones desde el celular, lo que genera más distracciones y un peor clima laboral. Por lo contrario, abrir espacios controlados y organizados puede mejorar la percepción de apoyo dentro de la empresa”, advierte el psicólogo.
Bienestar contra productividad
Desde la psicología organizacional —acota Martínez Mejía—, el debate entre productividad y distracción es engañoso.
“Está comprobado que si las personas tienen bienestar y salud integral, están más motivadas y producen más”, lo cual coincide con datos de la Organización Mundial de la Salud, que muestran que entornos laborales con sobrecarga, desigualdad o inseguridad, afectan la salud mental y el desempeño.
En este contexto, permitir momentos de esparcimiento como ver un partido puede ser un estímulo positivo siempre que exista una base organizacional sólida. México será sede de la edición 2026 de la Copa del Mundo y esa cercanía geográfica y emocional incrementará el interés y, con ello, el impacto en los centros de trabajo.
“El nivel de atención, tensión e interés será máximo. Esto implica un reto, pero también una oportunidad para que las empresas innoven en la gestión del clima laboral”, añade el investigador Compte Nunes.
Una oportunidad más allá del futbol
Ambos especialistas coinciden en que la clave no es evitar el fenómeno, sino gestionarlo, lo cual implica:
- Hablar del tema abiertamente. Plantear desde el inicio cómo se compatibilizarán los partidos con el trabajo.
- Negociar de forma creativa. Flexibilizar horarios, organizar turnos o habilitar espacios para ver los juegos.
- Establecer metas claras. Definir objetivos, indicadores y tiempos para mantener el enfoque laboral.
- Cumplir acuerdos. Respetar lo pactado fortalece la confianza y el compromiso.
- Regular el uso de tecnología. Evitar la consulta constante de redes sociales y concentrarse en periodos definidos.
- Priorizar el bienestar. Un entorno sano y flexible favorece la productividad a largo plazo.
- Celebrar en equipo. Aprovechar la Copa del Mundo como un momento de integración y cohesión laboral.
Según los especialistas, lejos de ser sólo una distracción, el Mundial puede funcionar como un termómetro del clima y cultura laboral. Las organizaciones que lo entiendan como una oportunidad, y no como un problema, no sólo mantendrán su productividad, sino que fortalecerán el compromiso, la motivación y el sentido de pertenencia de sus equipos. Al final, el reto no es elegir entre trabajar o ver futbol, sino aprender a hacer ambas cosas con equilibrio.
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