La aparición de un grafiti con la frase “no vengas mañana, hay tiroteo” en el baño de niñas de la escuela Agustín Vadillo Cicero encendió la alarma entre familias de la comunidad escolar y provocó que algunos estudiantes no acudieran a clases este día por temor.
Aunque no hay indicios de que existiera un riesgo real, el mensaje detonó preocupación inmediata entre madres, padres y personal escolar. La situación, además de generar preocupación por la amenaza en sí misma, también alerta porque revela el contexto en que niñas, niños y adolescentes están creciendo.

En mensajes difundidos en grupos de madres y padres de familia, la escuela pidió abordar el tema con sus hijas e hijos y advirtió que, si se identifica a la persona responsable y resulta ser parte del alumnado, podría enfrentar la baja definitiva.
Además, tras el aviso sobre la frase encontrada, solicitaron autorización para revisión de mochilas en la escuela, con permiso firmado por madres/padres para quienes asistieran este viernes a clases. Sin embargo, la asistencia fue mínima.
Más allá de las posibles sanciones, el hecho abre una conversación más amplia que es necesario analizar. ¿Por qué adolescentes realizan este tipo de amenazas o “bromas”? Aunque no necesariamente dimensionan el peso de sus palabras, el problema no es menor. Por el contrario, evidencia que la violencia extrema ya forma parte de su imaginario cotidiano, incluso como referencia para el humor, el conflicto o la provocación.
La generación de hoy en día se encuentra expuesta de forma constante a noticias de tiroteos, violencia digital, discursos de odio y contenido alarmante en redes sociales… Situaciones que reflejan una sociedad que ha normalizado múltiples formas de violencia sin necesariamente ofrecer a las juventudes herramientas suficientes para procesarlas, nombrarlas o manejarlas de forma saludable.
El impacto de situaciones como esta tampoco se limita a quien escribió el mensaje. Para estudiantes que vieron la amenaza, la experiencia puede generar miedo, ansiedad o sensación de inseguridad dentro de un espacio que debería ser seguro.

La respuesta institucional ante hechos así suele enfocarse en la disciplina y la prevención inmediata, pero especialistas han insistido en que también es necesario mirar el fondo: qué está llevando a una o un adolescente a considerar aceptable escribir una amenaza de este tipo, aunque sea en tono de “broma”.
Castigar una conducta no es suficiente, el reto está en construir entornos donde niñas, niños y adolescentes aprendan a reconocer la gravedad de la violencia, procesar sus emociones y relacionarse con otros sin reproducir el miedo que ya atraviesa a la sociedad.
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