Una anécdota del pasado para confrontar el presente
Corría el año de 1988 cuando la directora del Centro Psicopedagógico de Motul nos comentó a cada miembro del personal que se abriría el turno matutino en la escuela, pero que sería un Centro de Atención Múltiple (CAM), atendiendo a todas las discapacidades. Algunos de nosotros, concretamente 4 maestras y un psicólogo, aceptamos el reto: cambiarnos al turno de la mañana para iniciar la creación de ese nuevo servicio.
Es importante aclarar que todos nosotros habíamos estado trabajando con niños con problemas de aprendizaje, lenguaje o quizá conducta, más nunca antes con niños y jóvenes con discapacidad.
Cuando inició el trabajo contábamos únicamente con el alumnado, en los pequeños salones, en ese entonces llamados cubículos, pues estaban pensados para una maestra con 5 niños por espacio en hora y media…
La primera dificultad que enfrentamos fue que los grupos ahora eran con más alumnos. A cada clase llegaban alumnos con discapacidad auditiva, intelectual, de diferentes edades, algunos con cero experiencia escolar, algunos otros habían ido a la escuela de manera esporádica. Los grupos se organizaron por edad, sin importar el contexto de donde venían y los primeros días fueron un caos: gritos, llantos, se escapaban del salón o no querían entrar…
Viendo el panorama, entre quienes estábamos dirigiendo los salones, al terminar el segundo día acordamos trabajar en el aula de usos múltiples. Cada maestro dirigía una actividad y los demás estaban de apoyo, y así fuimos conociendo a los alumnos. El psicólogo fue tomando notas y, tres días después, reorganizamos los grupos, según lo que habíamos observado por habilidades, experiencia escolar, necesidades de aprendizaje, y ya no formando a los grupos como se nos habían asignado.
Además de esto, diseñamos una estrategia para que la hora del lunch también fuera un proceso de aprendizaje. Hablamos con madres y padres de familia para pedirles su colaboración, ya que necesitábamos que la comida fuera nutritiva, que permitiera trabajar el uso de los cubiertos y hábitos en la mesa. En algunas ocasiones fruta picada para trabajar el manejo del tenedor, otras veces sopa para el uso de la cuchara; a cada mamá/papá le tocaba llevar el lunch una vez cada quince días aproximadamente y, para que no les resultara un gasto imprevisto, les empezamos a dar los ingredientes. La hora del receso se realizaba en un salón grande que sirviera de comedor para fomentar las normas de socialización.
Y, aunque todo marchaba bien en cuanto al funcionamiento de la escuela, el aprendizaje del alumnado, la cooperación de los padres de familia, entre marzo y abril llegó todo el equipo técnico pedagógico de la SEP a realizar una supervisión… Nos dijeron que nuestra organización no era la adecuada y reestructuraron los grupos, conforme los que habían asignado al principio (por edades, sin contemplar contexto, habilidades, etcétera).
El resultado fue como volver al inicio: llantos, gritos, escapadas de los alumnos que querían volver al salón en donde estaban anteriormente, los papás y mamás quejándose porque sus hijos ya no querían ir a la escuela. El caos regresó.
Para tomar acciones al respecto, a las madres y padres de familia se les explicó lo que había ocurrido y les solicitamos permiso para suspender las actividades escolares un día, para viajar a Mérida y hablar con los asesores técnico pedagógico, para solicitarles que nos dieran la asesoría para el trabajo que debíamos de realizar, capacitación acerca de cómo trabajar con los cambios que realizaron. Las y los asesores se sorprendieron al vernos llegar sin cita, pero al final entendieron nuestra postura y en fechas posteriores nos brindaron la capacitación a cada uno por separado para no dejar sin clases a la población escolar.
La reflexión a la que quiero llegar es: ¿Por qué se abrió una escuela sin antes capacitar al personal que se enfrentaba a una nueva forma de trabajo? ¿Por qué esperar tanto tiempo para realizar la visita se supervisión? ¿Dónde quedó el respeto por lo que habíamos hecho para que la escuela cumpliera con su objetivo de enseñanza?
Como equipo, ya habíamos tenido logros y uno de los más importante era que los padres y madres de familia nos apoyaban y estaban a gusto con la atención que sus hijos y ellos mismos estaban recibiendo. Sin embargo, llegaron personas que no conocían ese proceso e impusieron su perspectiva sin consultar qué había sucedido en la escuela. Desde mi punto, de vista es indispensable el respeto al trabajo realizado por el personal, quien todos los días está en contacto con el alumnado y sus familias, por lo que cuenta con información fundamental para la toma de decisiones dentro de la escuela.

Maestra de educación especial. Jubilada
Ama la playa y desde que está jubilada disfruta su tiempo para leer, hacer ejercicio, estar con su familia y escaparse al mar.
En su juventud fue maestra de ballet.
Silvia Ricalde es egresada del II Curso-Taller de Periodismo Ciudadano organizado por Vive Mérida y Habitación Propia.
ENTRADAS RELACIONADAS

