La pirotecnia transforma noches festivas en tormentas sensoriales para personas con autismo y sus mascotas, amplificando miedos y ansiedades compartidas en el hogar.
En Mérida, durante las celebraciones navideñas, Mateo, un niño de 8 años con autismo, y su perra Luna se acurrucaban juntos bajo una manta gruesa, temblando al unísono ante cada explosión que retumbaba en las calles. Lo que para los vecinos era diversión, para ellos era una invasión aterradora que unía sus reacciones en un lazo de pánico mutuo.
Sobrecarga compartida
Mateo, hipersensible al ruido, se tapaba los oídos con fuerza, mientras Luna aullaba y se escondía en el armario, su cola entre las patas. Ambos experimentaban el mismo estrés: el corazón acelerado, el cuerpo rígido y horas de recuperación posterior, donde Mateo evitaba salir y Luna rechazaba caricias. Esta sincronía resalta cómo los sonidos intensos —superiores a 120 decibeles— desregulan sistemas nerviosos vulnerables en humanos autistas y animales de compañía.
Reacciones en tándem
- Mateo: Gritos, llanto y movimientos repetitivos para calmarse, interrumpiendo su sueño frágil.
- Luna: Aullidos, temblores incontrolables y búsqueda de refugio, similar a respuestas de pánico canino.
- Efectos prolongados: Irritabilidad en Mateo y letargo en Luna por días, fortaleciendo su vínculo protector mutuo.
Estrategias unificadas
Preparar un «refugio sensorial» con auriculares para Mateo y una caja acolchada para Luna minimizó el caos esa noche, permitiéndoles consolarse el uno al otro. En comunidades como Mérida, promover pirotecnia silenciosa beneficia a ambas poblaciones, fomentando festejos inclusivos donde humanos y mascotas coexisten sin temor.
Aún tenemos muy interiorizado el tema de utilizar pirotecnia en días festivos, para disfrutar de las luces que despide, pero es un contaminante ambiental entre las vestigios de pólvora que deja en el aire y el ruido que también es considerado como contaminación, pero ahora también se sabe que afecta a mascotas y a personas hipersensibles como a las autistas.
Estas líneas son sólo para reflexionar, para mirar alrededor, antes de empezar a echar cohetes, y pensar en nuestras mascotas, las del vecino y las personas hipersensibles al ruido.
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