Análisis Semanal Vive Mérida del 6 al 12 de septiembre de 2026

Hay cifras que tranquilizan. Nos dicen que hay empleo, que somos un estado seguro, que tenemos nuevos sistemas de transporte o que nuestros jóvenes están en las escuelas. Son números que sirven para construir la imagen de un Yucatán que avanza. Pero esta semana aparecieron otros números. De esos que obligan a mirar detrás de las estadísticas.

Yucatán tiene una tasa de desocupación de apenas 1.7 por ciento, pero la informalidad laboral alcanzó 59.1 por ciento. Es decir, casi seis de cada diez trabajadores se encuentran en la informalidad. Tener trabajo, entonces, no necesariamente significa tener estabilidad, seguridad social o posibilidades de construir un futuro.

También tenemos un sistema de transporte que transformó la movilidad de Mérida. Sin embargo, esta semana los concesionarios del Va y Ven reclamaron un adeudo de 189 millones de pesos y advirtieron que podrían retirar más unidades. Para quien espera el autobús, poco importa quién tiene razón en el conflicto financiero: necesita llegar a trabajar, estudiar o regresar a casa.

La educación nos deja otra señal.

Los resultados de PISA 2025 vuelven a colocar sobre la mesa las dificultades de nuestros jóvenes en matemáticas, lectura y ciencias. Podemos tener estudiantes dentro de las aulas, pero la pregunta incómoda es si realmente están adquiriendo las herramientas necesarias para enfrentarse al mundo que encontrarán cuando salgan de ellas.

También esta semana contamos muertos.

Veintitrés personas han perdido la vida este año en el Periférico de Mérida. Cada caso puede explicarse individualmente como un accidente, una imprudencia o un exceso de velocidad. Pero cuando las víctimas comienzan a acumularse, quizá deberíamos dejar de preguntarnos solamente qué hizo mal el conductor y comenzar a preguntarnos qué estamos haciendo mal como ciudad.

Y entonces llegamos al número más difícil.

Yucatán registró preliminarmente 13.7 suicidios por cada 100 mil habitantes en 2025, prácticamente el doble de la tasa nacional y la segunda más elevada del país.

Esa cifra debería hacernos detenernos. Porque podemos discutir políticas públicas, presupuestos, empleos, transporte, escuelas y carreteras. Pero cuando una sociedad presenta una tasa tan elevada de personas que deciden terminar con su propia vida, quizá necesitamos preguntarnos algo mucho más elemental:

Tal vez ahí está la enseñanza que nos dejaron las noticias de esta semana. El bienestar no puede medirse únicamente por lo que construimos ni por los indicadores que mejoran. Las estadísticas son necesarias. Nos permiten comparar, evaluar y tomar decisiones, pero detrás de cada porcentaje hay personas.