Dom. Ene 25th, 2026
En siete de cada 10 hogares mexicanos hay al menos un animal de compañía, según la primera Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021, y se estima que, en el 40 por ciento de los casos, se trata de un perro. Más allá de lo estadístico, estos datos pueden ser de relevancia sanitaria, ya que diversos estudios muestran que convivir con estos seres puede mejorar la salud física, emocional y cognitiva, particularmente en personas adultas mayores.

De acuerdo con Francisco Javier Carbajal Merchant, médico veterinario zootecnista de la FES Cuautitlán de la UNAM, los canes destacan por su fuerte capacidad de apego. “Tienen un estrato social muy parecido al del humano; expresan sentimientos, comprenden jerarquías y generan vínculos profundos”, señaló, para luego agregar que cuidar de uno implica rutinas: paseos, juegos, higiene y, en muchos casos, entrenamiento, lo que incrementa la actividad física de las y los tutores.

Según un artículo de la Asociación Americana del Corazón de 2019 (basado en una revisión sistemática y el metaanálisis de trabajos de entre 1950 y 2019, que comprenden a 3 millones 837 mil cinco personas), hacerse responsable de las necesidades de un cánido repercute en una disminución en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, un mejor perfil lipídico y respuestas simpáticas disminuidas al estrés.

El documento señala que tener un perro repercutió en una reducción del 24 por ciento del riesgo de mortalidad por cualquier causa en comparación con no tenerlo, mientras que, al restringir los análisis a estudios que evaluaban los decesos por enfermedades del corazón, hubo una reducción del 31 por ciento del riesgo de mortalidad cardiovascular.

Bienestar emocional: menos estrés y más compañía

A decir de Carbajal Merchant, convivir con un perro ayuda a regular hormonas como la dopamina, serotonina y oxitocina, relacionadas con el afecto, el bienestar y la reducción de la ansiedad, además de disminuir el cortisol (también llamado “la hormona del estrés”).

Asimismo, sacarlo a pasear o entrenarlo fomenta la movilidad, mejora la condición física y evita el sedentarismo. Por ello, añadió el académico de la FES Cuautitlán, para quienes pertenecen a la tercera edad esto puede ser un coadyuvante terapéutico.

“El animal se acerca, mueve la cola, pide caricias y ese intercambio regula emociones de forma positiva”.

Los perros también estimulan la memoria y procesos cognitivos, pues alimentarlos y bañarlos obliga a establecer horarios y recordar actividades. “Para las personas de la tercera edad se vuelven parte de la familia porque duermen, comen y ven series de televisión con ellos; están ahí las 24 horas del día, los siete días de la semana, a su lado”, explicó.

“No vivo sola, vivo con mis perros”

María de la Luz Aminta tiene 60 años, es profesora jubilada y viuda. Tras la pérdida de su esposo, encontró en sus canes un motor para mantenerse activa. “Al retirarme me dediqué por completo a la atención de mi marido y su enfermedad, y cuando murió me pregunté, ¿y ahora qué sigue? Al voltear a mi alrededor, vi que tenía a dos preciosidades”.

Se refiere a Ipsuli y Boss, dos perritos que la hacen sentir acompañada y la motivan a levantarse de la cama a diario. “No puedo decir que vivo sola. Vivo con mis perros”, aseguró.

“A mi edad puedo correr gracias a ellos”, relató. Y es que, desde hace seis años, cada sábado asiste al curso de Etología Aplicada al Adiestramiento Canino en la FES Cuautitlán, donde practica agility, un deporte canino que exige memoria, coordinación y condición física.

“Se trata de sortear pistas con 20 obstáculos y yo me desplazo junto a mis perros; ellos me mantienen activa física y mentalmente”. Sus dos peludos, cuenta, la levantan y la obligan a moverse. “Aunque me duela la rodilla, tengo que seguir adelante porque mi perrita debe entrenar.”

Incluso relata cómo, al hacer agility en el frío o de noche, superó enfermedades respiratorias y fortaleció su sistema inmune. Además, competir con personas más jóvenes le mostró que su edad no la limita.

A decir de Francisco Carbajal, cada vez más adultos mayores adoptan perros o los “heredan” de un familiar, lo cual se explica porque cada vez se arraiga más la cultura de bienestar animal, pero también porque la gente de esa edad necesita compañía. “Muchos hijos se van y los abuelos piden quedarse con el can porque ya, desde antes, lo atendían todo el día. El vínculo se vuelve muy fuerte”. Adicionalmente, los integrantes de ese sector etario suelen mostrar mayor responsabilidad en los cuidados del animal: alimentación, higiene, rutinas y seguimiento veterinario, acotó.

El especialista subraya que antes de adoptar es fundamental consultar a un veterinario para elegir una raza adecuada al ritmo de vida y nivel de actividad de cada tutor o tutora. No todas tienen la misma energía; algunas pueden ser demandantes para una persona de edad avanzada, y enfatizó que los mestizos se adaptan bien y son una excelente opción.

Para Aminta, como le gusta que la llamen, Ipsuli y Boss son su vida y los beneficios que recibe de ellos son muchos, pero la clave está en mantenerse en movimiento. “No se encierren, saquen a su perro a pasear, entrenen. Esto es para todos, no sólo para los y las jóvenes”.

Asimismo, resaltó que cuidar de estos seres es un asunto de convicción. “Si no te enseñaron a quererlos y respetarlos desde pequeño, lo mejor es no tener uno, porque luego se dan casos de abandono y eso es peor”. Tanto especialistas como alumnos del curso de la FES Cuautitlán coinciden en que un animal de compañía llena de afecto un hogar; mejora la salud, disciplina, memoria y ánimo, y ayuda a tener un propósito, todos ellos elementos cruciales para envejecer de forma saludable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *