Mar. Ene 13th, 2026

Ni malo por conocido, ni “bueno” por conocer.

Bello lugar, pero nada más.

En ninguna de mis dos expediciones culinarias logré que mi invitado se sintiera entusiasmado y no fue para menos.

Con ganas de algo de proteína nos dirigimos a explorar Carnal Butcher´s en García Lavín, el lugar tiene una decoración muy interesante, elegante y precisa al mismo tiempo, con mucha personalidad, la atención es excelente, el mesero que nos atendió, de nombre Efrén, siempre fue muy gentil y realizaba su trabajo con mucho entusiasmo, lamentablemente lo que solicitamos para adentrarnos en el mundo de esta oferta carnívora no fue precisamente lo más grato.

Como ya nos vamos con tiento, y sólo perdemos la cabeza y la noción de la cuenta, cuando nos topamos con algo verdaderamente sorprendente, decidimos comenzar con La Paella Carnal; siendo un platillo de la casa, pensamos que podría ser una buena elección para iniciar una presentación y reconocimiento del lugar, previamente pedimos unos elotitos baby como entrada y un par de bebidas.

Fue decepcionante que los elotitos sabían demasiado refrigerados-congelados y que al llegar la parrillada su presentación carecía de un toque de color, colocando nuestra expectativa monocromática sólo en el sabor; lamentablemente el platillo no fue de nuestro agrado, el arroz bañado en una salsa de frijol estaba sumamente salado, y mi amigo si algo sabe, es de sal, ya por algo su médico le dijo que, de seguir así, el siguiente paso es la hipertensión.

El que incluso a él le pareciera salado fue ya un indicador de que mi paladar no era hipersensible, estábamos frente a un hecho. Nuestra carne no llegó en el punto de cocción que solicitamos, pero ya no dijimos nada, avanzamos hincando el diente a una carne que no nos pareció ni en proporciones, ni en calidad, acorde al lugar y al precio.

Decepcionados, decidimos detener ahí nuestra visita. Si una entrada sencilla y su plato homónimo no están a la altura del lugar, pues mejor cerrar ahí.

¿Un clásico en picada?

Intentando presumir con mi visita, pensé en el infalible (creo…) Los mariscos de Chichí de Progreso.
El lugar encantador, a pesar de que tuvimos que imponernos con la hostess para ocupar una mesa grande al lado de la ventana con vista al mar.

Éramos tres personas, una de ellas, octagenaria. “Quiero ver el mar”, ¿quién podría negarse a una abuelita con un deseo así?, bueno, repito, tuvimos que imponernos para obtener ese privilegiado lugar que a juzgar por las reseñas, está destinado o al turismo extranjero o a los señores billetudos.

Una vez con la mesa elegida y a gusto le dimos el sí a una promoción de Aperol Spritz que sonaba divertida. Sonaba. Su sabor era como de Crush con alcohol. Nada agradable. El guacamole resultó ser la promesa de que todo triunfaría de ahí en adelante, y llegaron, dos ceviches, uno de pescado, uno de camarón y una pizzeta de cuatro quesos.

Desastre.

Solicitamos al mesero que por favor se cocinara bien la pizzeta y se reparara, pues venía con poco queso, ya no digamos sin los cuatro quesos, tirando todavía harina y rayando en lo crudo. Se llevaron el platillo, que tardó una cuaresma en volver y ahora estaba algo quemado, con menos queso del que se fue y con un sabor de la harina prácticamente incomible. La abandonamos.

Los ceviches ahora venían con escaso pescado y camarón y rebosantes de cebolla morada, zanahoria rallada y cilantro. El desmedido limón y el exceso de sal, opacaron el sabor, al grado de no saber qué era lo que se estaba comiendo porque no sabía exactamente a comida de mar. Parecía la verdurita rallada, con limón y limón y más limón que se le pone a los niños para el “lunch”.

En fin… nuevamente una experiencia nada triunfadora.

Es una lástima. Nunca pensé que Chichí nos fuera a quedar mal. Pero si aumentan los precios, ¿también debe aumentar la calidad, que no?

¿Y a ti querido o querida comensal, cómo te ha ido en alguno de estos lugares?

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