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Las calesas eléctricas, inversión arriesgada para los caleseros

Gran controversia ha provocado la adquisición y puesta en funcionamiento de las calesas eléctricas en sustitución a las arriadas por caballos como atractivo turístico en el centro de Mérida, y es que el tema no es para menos, pues se confrontan una serie de pensamientos sobre sustentabilidad, maltrato animal, turismo y economía doméstica y la infaltable comunicación política.

Construir una sociedad sustentable, es un reto para la sociedad en su conjunto, y una parte de ese ecosistema es la generación de empleos verdes los cuales la OIT (Organización Internacional del Trabajo) ha definido como:

Un empleo verde es aquel que genera un producto o servicio relacionado con el medio ambiente, ya sea de conservación de la naturaleza o de control de la contaminación; se trata de un empleo que hace más sustentable cualquier proceso productivo y que es decente.

OIT

Sin duda, se cumple al pie de la letra la definición que da la OIT para que a los caleseros se les considere que tienen un empleo verde, sin embargo, qué va pasar con caballos que jalaban sus carretas ¿los seguirán manteniendo, los venderan o sacrificarán?

Efectivamente dejarán de ser explotados y los activistas medioambientalistas estarán conformes con ello, y el funcionario en cuestión contento por estar a la par de las tendencias mundiales del Cambio Climático y los objetivos del Milenio de la ONU, y de paso así suaviza la mirada sobre el tema de los activistas.

A la par de todo ello, hay un gasto público y una inversión privada para que esto pasara, el primero salió de nuestros impuestos, de los cuales el alcalde dispuso para la compra de estos vehículos, pero que a su vez los caleseros deben reembolsar una parte al gobierno por un crédito por 286 mil 150 pesos en un plazo de 24 meses.

Temerario plan de negocios para el calesero

Si hacemos cuentas, resulta que el calesero tiene que pagar mensualmente durante dos años 11 mil 922.91 mensuales por su calesa eléctrica. El paseo de la calesa está al día de hoy en 400 pesos. ¿Cuántos servicios tendría que hacer al mes el calesero para pagar el crédito contraído? alrededor de 30 viajes, de menos uno diario, y esperando salgan 2 o 3 diarios para sacar el sustento diario. Sin duda, se trata de una inversión arriesgada para el calesero.

De momento sólo hay 5 calesas con las cuales hay que contrarrestar la imagen de las tiradas por caballos, para que los turistas locales, nacionales y extranjeros cambien su gusto por las primeras y opten por las segundas, y al propio tiempo otros caleseros opten por dejar la de los cabellos y migren a las eléctricas.

El punto también es que hemos vivido una temporada de vacas flacas prolongadas, y el turismo fue uno de los sectores más afectados durante la pandemia, no sólo se trata de que se junte el dinero cotidianamente para pagar el crédito, también para liquidar las deudas contraídas de los dos años pasados para sobrevivir.

Lo decía un calesero en una entrevista, publicada en un medio local: «todos aquellos que estaban en contra de las calesas tiradas por caballos donde están ahora para subirse en estas.»

Es cierto los señalamientos de los activistas son esenciales para construir ciudadanía, pero estos deben incluir una propuesta clara para la solución del problema, los gobiernos actuar sobre bases firmes y consecuentes sobre la sustentabilidad, y no por el aprecio político.

La ciudadanía en su conjunto valorar y apoyar, si así lo consideran, estas iniciativas desde la recomendación al visitante para que adquiera el servicio y solicitar un precio preferencial del mismo para ser de la entidad, y con ello seguir estimulando el servicio, el turismo, la tradición, en suma que la economía gire para todos.

El capítulo de la serie en Guadalajara

Esta historia de las calesas eléctricas, tiene un versión anterior en Guadalajara, y vale la pena revisar la experiencia.

Corría el año de 2017, era alcalde de la ciudad el actual gobernador de Jalisco: Enrique Alfaro, y de acuerdo con varios medios de comunicación de Jalisco, la historia de la sustitución de las allá, las cuales eran calandrias tiradas por caballos, fue que se presentó el programa para reemplazar las calandrias, mediante un contrato con la empresa KadLed, quien a cambio de entregar los vehículos eléctricos podría colocar publicidad por 20 años en los mismos.

En total serían sustituidos 55 carruajes, pero la empresa desapareció, sólo entregó 16, lo que supone que 39 aún operan a caballos. Esto es nada salió bien.

Calandrias eléctricas en Guadalajara / Foto tomada de El Occidental

Las calesas meridanas son de origen chino, y bueno, ya se sabe lo que pasa con los objetos de ese país, cuyo origen siempre es de dudosa calidad, y su vida de una obsolescencia programada, esperemos que no sea el caso y que está inversión tanto para el gobierno local como para el calesero, sea eso, una inversión y no un gasto que se convirtió en pérdida.

Por último, que el ingenio mexicano salga a flote para reparar las calesas, porque si la garantía está en chino y el mantenimiento también, pues ya valió.

Será la conciencia ciudadana, la que haga de esta transición turística tradicional una inversión en sustentabilidad, y no un gasto que la pretende.

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