Sáb. May 2nd, 2026
La pirámide poblacional de Yucatán, ese gráfico que resume el futuro demográfico de nuestra región, dibuja un panorama que merce nuestra atención. Los datos del Censo 2020 del INEGI, nos dicen que Yucatán cuenta con cerca de 2.3 millones de habitantes, donde el 25% son menores de 15 años y sólo el 9% supera los 65 (CONAPO, 2023). 

Es una estructura aún joven, con una base ancha que refleja altas tasas de natalidad históricas. Sin embargo, la transición demográfica ya está en marcha: la tasa de fecundidad ha caído a 1.8 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo de 2.1, impulsada por urbanización, mayor acceso a la educación y anticonceptivos.

Proyectemos 20 años adelante, al 2045. Según las estimaciones de CONAPO (Proyecciones 2020-2050), la población mayor de 65 años en Yucatán podría duplicarse, alcanzando el 18-20% del total, mientras la base de niños se estrecha drásticamente.

Esto no es sólo una hipótesis: es una tendencia confirmada por el envejecimiento acelerado en México, donde Yucatán, con su esperanza de vida en ascenso (alrededor de 76 años), se suma al club de estados «grises» como Campeche o Tlaxcala. Imagina Mérida y sus alrededores con más jubilados que infantes: una pirámide invertida que presiona los sistemas de salud, pensiones y cuidado.

El problema radica en la infraestructura ausente. Yucatán carece de suficientes residencias para adultos mayores, centros geriátricos especializados y redes de atención primaria adaptadas al envejecimiento. El IMSS y el ISSSTE cubren lo básico, pero con un déficit de camas hospitalarias por habitante inferior al promedio nacional (Secretaría de Salud, 2024), ¿quién atenderá la avalancha? Sin políticas proactivas —como incentivos a la natalidad, inversión en geriatría y formación de cuidadores— enfrentaremos no solo un colapso fiscal, sino un drama humano: soledad, enfermedades crónicas y desigualdad, agravados por la migración juvenil hacia Cancún o EE.UU.

Es hora de actuar. Gobiernos, universidades como la UADY, las tecnológicas, y porque no, también las privadas y la sociedad civil, deben diseñar un plan demográfico urgente: desde campañas de planificación familiar equilibrada hasta alianzas público-privadas para infraestructura envejeciente. Yucatán puede convertir esta pirámide gris en una oportunidad de sabiduría intergeneracional, pero solo si miramos los datos hoy y no mañana.

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