Son las siete de la noche del 10 de junio de 2026. Me dirigía a la Estación del Tren Ligero Estadio Azteca, un medio de trasporte eléctrico superficial de mediana capacidad que opera al sur de la CDMX. Fue remodelado recientemente: de azul rey, sus vagones terminaron de un color crema claro con una serie de ajolotes rosa, otros lila y azules. Sí, esos ajolotes pintados criticados en redes sociales porque, entre otras cosas, los verdaderos no han sido atendidos en su hábitat.
Mi intención ese día, era llegar al punto de encuentro cercano al Estadio Banorte, donde una diversidad considerable de colectivos de madres buscadoras emprendería una caminata para, finalmente, en las inmediaciones del coloso deportivo, realizar una vigilia. El tren ligero no estaba prestando servicio. Me dispuse a caminar, permitiéndome conectar con diversas realidades:
Los policías
Esa noche, la cantidad de efectivos de seguridad era realmente importante. La orden fue cerrar la Calzada Acoxpa y Calzada Tlalpan antes de lo previsto debido a la cercanía de manifestantes. Los oficiales, ocuparon escaleras, avenidas, banquetas. Ante algunos reclamos, la respuesta de uno de ellos fue:
“Yo les entiendo, pero tengo ordenes de no dejarles pasar, entiéndame usted a mí, trabajamos 24/7, yo estoy en servicio desde las 6:00 a.m.”
La respuesta del ciudadano fue: “Trabajar bajo esas condiciones es tu elección, yo sólo pido se me respete el derecho de poder llegar a mi casa”.
Porque sí, una vez que las madres buscadoras llegaron al encuentro del titular de la Secreteria de Gobierno de la CDMX, Cesar Cravioto Romero, y estas no aceptaron un no como respuesta ante su solicitud de paso hasta el Estadio Banorte, todos los accesos, la llamada primera milla, fueron cerrados, dejando incluso a los residentes del sector fuera de sus casas.
Los habitantes de los alrededores del Estadio Banorte
Los alrededores del Estadio están conformados por una población diversa, pero todos han sufrido en menor o mayor medida, todas las consecuencias de las remodelaciones, actualizaciones y nuevas disposiciones necesarias para la justa futbolista.
Dayré narró que la situación en Santa Úrsula Coapa empeoró una vez que se reinauguró el Estadio, con mayor control policial no llegó la seguridad, sino más bien los problemas. Su hija fue arrestada aun siendo menor de edad, ella dice que la confundieron con un “Viene viene”, no estuvo detenida por mucho, pero, es que no debió nunca ser detenida.
Durante la manifestación del miércoles por la noche, muchos ciudadanos quedaron literalmente atrapados. Ni con INE indicando que vivían en el sector, fuere Acoxpa, Santa Úrsula o incluso Xochimilco, y sin ser parte de la manifestación, estos no pudieron pasar el cerco policial.
Aproximadamente 4 kilómetros, dos horas caminando desde Taxqueña hasta donde estaba el cerco, para luego descubrir que tenían que caminar otros 2 km para llegar a algún lugar donde pudieran tomar transporte público o taxi. Los conductores de plataformas como Didi y UBER no estaban prestando servicio para la zona. El caso más triste fue el de las personas que vivían en el edificio que estaba al lado del puente peatonal desde donde se cerró el acceso a los manifestantes. ¿La culpa fue de los manifestantes?
A María la encontré a la altura de la Estación del Tren Ligero Textitlan, todavía le faltaban más de 6 kilómetros para llegar a su casa y no había paso. Decidimos caminar juntas para encontrar una calle que nos llevase más al sur, lejos de los bloqueos policiales. En el camino, un servicio improvisado de motorizados, ofrecían servicio. Ella decidió tomarlo. Le pregunté si estaba segura: Moto, un desconocido, sola… Pues sí, estaba segura, ya estaba acostumbrada a las constantes fallas o interrupciones del servicio del tren.
A Cecilia, la conocí mientras yo cubría las incidencias de la Inauguración del Mundial, es co-dueña de un restaurante en la calle San Juan Bosco, y si bien ella fue a disfrutar de los espectáculos artísticos que se celebraron en las calles, horas antes del comienzo oficial del Mundial, confiesa que su negocio ha sido afectado. Con la calle cerrada, pues el acceso de posibles comensales se ha reducido.
Tráfico, retardos, ruido, paraderos instalados en Calzada Acoxpa sin respetar el espacio para personas con movilidad reducida, son algunas de las afectaciones visibles.
¿Y el comercio, metió gol?
El 11 de junio, jueves, la situación del comercio era tan diversa como todo lo que ha rodeado la organización de este mundial. Diego vende patos decorativos, lo encontré vendiendo en el puente que comunica a Acoxpa con Calzada y Viaducto de Tlalpan. Sin agresiones, ni persecuciones ofrece su mercancía a pocos metros de la policía.
“Yo soy vendedor en el Zócalo, la Secretaria de Cultura nos explicó que podíamos vender cerca del Estadio desde las 7:00 a.m. hasta las 12:00m, pero no puedo hablar por los compañeros que vengan de otras colonias”.
Otra de las vendedoras, indicó que no tenía permiso para vender y que corría el riesgo de ser retirada o que su mercancía fuere retirada, mientras que otra joven, ostentaba una carné grande y colorido que le otorgaba permiso para vender libremente en medio de la calle.
Todos declararon que las ventas estaban tranquilas, es decir, bajas.
Voluntariado, Cultura y Alegría versus dolor y recuerdo durante el primer partido
No todo el control de acceso y apoyo logístico al rededor del recinto futbolístico quedó en manos de la policía. Civiles voluntarios, con sus chalecos blancos y ajolotes, sonreían felices y complacidos por su labor.
Fueron convocados desde las 6:00 de la mañana y hasta las 8:00 de la noche. Dijeron que las personas han sido amables y que, hasta esa hora, doce del mediodía, no se había presentado ningún incidente. Les mencioné que a unas cuantas calles se encontraba el Colectivo “Lirios Buscadores”, propicié la conversación sobre el tema, en resumen, su sentir fue de apoyo, que ellas, las buscadoras, tenían derecho de expresarse y ser oídas, sólo que no estaban de acuerdo con que hubiere alguna afectación a terceros.
Pero, cuando hablé con una joven bailarina, su reacción fue diferente: “Estoy muy feliz y emocionada por mi país, por este evento”. Cuando le pregunté por las situaciones que se estaban presentando durante las protestas y las protestas, en sí, le cambió la cara, sus ojos se apagaron y su voz bajó el tono: “Lo entiendo, de verdad lo entiendo, sólo que, hoy, solo queremos celebrar porque esto también es México, hay problemas, sí, pero también somos esta alegría».
El contraste
En la esplanada del Estadio hubo personas disfrazadas, alegría, selfis, youtubers, zapatos de lujo, cabellos impecables llenos de fijador y ojos protegidos por gafas de sol, era como otro mundo totalmente diferente al de la noche anterior. Los policías habían sido suplantados por danzantes, cantantes, canciones y caballos, si los había, pero la mayoría habían sido desplegados al frente de las protestas.
Definitivamente, muchos mexicanos están felices, es fácil ser feliz cuando ciertas realidades no te tocan, cuando en comparación con el tamaño de toda la república mexicana, la comunidad de Santa Úrsula, los comerciantes de Coapa y los miles de pasajeros que viajan por Calzada Tlalpan, la principal vía pública y de acceso a los partidos del Mundial FIFA 2026, entre otros, son minoría y pagaron con tiempo, callos en los pies, cansancio y merma económica, la felicidad de toda la nación.
Muchos están felicies, y es válido, como también es válido el hecho de que las quejas, denuncias, protestas son parte de una realidad que muchos piden que cambie, que como dijo una manifestante:
“No se trata de pelear entre nosotros, se trata de llamar a la concienciación de un problema que debe importarnos a todos”.
Muchos están genuinamente felices, sin dejar de entender lo que está pasando. La pregunta es: ¿en qué punto la felicidad y el privilegio se unirán al dolor y el recuerdo para crear una sola conciencia que lleve a la justicia y el bienestar a todos en vez de a unos cuantos?