En Mérida, algo tan cotidiano como abrir la llave empieza a sentirse incierto para muchas personas. Hay días en que el agua no llega; otros, llega sin la fuerza suficiente para subir a una regadera o llenar un tinaco. Lo que antes podía parecer una falla aislada, hoy forma parte de la rutina en varias colonias.
Para muchas familias, la solución ha sido adaptarse. Hay quienes han instalado bombas, comprado cisternas o incluso reorganizado sus horarios para almacenar agua cuando hay. Pero ese ajuste constante también refleja que el acceso al agua ya no está garantizado en la práctica.
La acción ciudadana por el agua
Ante la falta de soluciones a esta problemática, ocho familias decidieron llevar el tema al ámbito legal. Presentaron un amparo ante el Poder Judicial de la Federación, con el acompañamiento del abogado Juan Pablo Delgado, para exigir algo tan básico como lo es el acceso efectivo al agua en sus viviendas.
El argumento fue muy claro, que la falta de suministro y la baja presión no son solo incomodidades, sino una posible vulneración al derecho humano al agua, reconocido en la Constitución.
El señalamiento también apunta a las decisiones que han moldeado la ciudad. De acuerdo con lo expuesto, instancias como la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (JAPAY) y el Ayuntamiento de Mérida habrían permitido el crecimiento de desarrollos inmobiliarios sin contar con estudios suficientes sobre la disponibilidad de agua.
Esto ha incrementado la presión sobre un sistema que ya mostraba límites, mientras la ciudad seguía creciendo.
Lo que ocurre en Mérida es algo que se ha repetido en otras partes del país, como Guanajuato, Veracruz y Chihuahua, comunidades han recurrido a acciones legales similares para exigir servicios básicos.
Cuánta agua hay en casa, a qué hora llega, si alcanza para bañarse o lavar son preguntas que, cada vez más, forman parte de la vida diaria. Si un derecho tan básico no puede ser garantizado, se afecta también a otros ámbitos como la salud y la forma de habitar la ciudad; además, se vuelve un reflejo de desigualdad.
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