En silencio va avanzando el consumo de Cristal en Yucatán

El cristal no llega haciendo ruido. Puede presentarse como una sustancia que permite mantenerse despierto, tener más energía, trabajar durante horas o experimentar euforia. El problema es que detrás de esa aparente sensación de poder se encuentra la metanfetamina, un estimulante sintético altamente adictivo capaz de producir graves consecuencias físicas y mentales.

Y en Yucatán hay señales que no deberíamos ignorar.

El 2 de septiembre, Por Esto! documentó un incremento en el consumo de drogas en el estado, particularmente entre personas de 15 a 35 años, y señaló que el cristal ya aparece entre las sustancias que están ganando presencia, de acuerdo con responsables del albergue Drogadictos Anónimos La Fraternidad.

Pero existe otro dato que permite dimensionar mejor la preocupación.

De acuerdo con el Reporte de Información Epidemiológica del Consumo de Drogas de Centros de Integración Juvenil (CIJ), correspondiente al primer semestre de 2025, 64.5% de las personas atendidas en Yucatán reportó haber consumido metanfetaminas alguna vez en la vida. La proporción nacional entre la población atendida por CIJ fue de 51.7%. Yucatán apareció así entre los estados con porcentajes superiores a la media del país.

Hay que leer correctamente esta cifra: no significa que 64.5% de los habitantes de Yucatán consuma cristal. Se refiere exclusivamente a personas que acudieron a tratamiento en Centros de Integración Juvenil. Sin embargo, precisamente por tratarse de población que requiere atención por consumo de sustancias, funciona como una señal epidemiológica sobre el tipo de drogas que están ocasionando problemas.

¿Qué le hace el cristal al organismo?

La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) clasifica a la metanfetamina como un estimulante del sistema nervioso central y advierte que se trata de una sustancia altamente adictiva. Puede producir inicialmente euforia, mayor actividad física y mental, disminución del apetito y sensación de energía.

Pero el precio puede ser muy alto.

Su consumo puede provocar taquicardia, arritmias, elevación de la presión arterial, hipertermia, temblores, ansiedad, ataques de pánico y convulsiones. En situaciones graves puede ocasionar hemorragia cerebral, coma e incluso la muerte.

Con el consumo prolongado pueden aparecer insomnio, pérdida de memoria, malnutrición, lesiones en la piel, problemas dentales graves y trastorno por consumo de sustancias. También pueden desarrollarse paranoia, alucinaciones y otros síntomas psicóticos.

Es decir, no estamos simplemente frente a una droga que “pone acelerada” a una persona.

Estamos frente a una sustancia capaz de alterar progresivamente su funcionamiento cerebral, su salud física, sus relaciones familiares, su desempeño escolar o laboral y su capacidad para desenvolverse cotidianamente.

El cristal también está apareciendo fuera de Mérida

Los propios registros judiciales permiten observar que la metanfetamina no es exclusivamente un fenómeno de la capital.

En junio de 2026, la Fiscalía General del Estado informó de una sentencia por narcomenudeo en Umán, donde entre las sustancias aseguradas se encontró material identificado como cristal.

Durante 2025 también se documentaron procesos relacionados con posesión o suministro de metanfetamina en municipios como Ticul y Tekax, entre otras localidades del interior del estado.

Estos casos no permiten calcular cuántas personas consumen la droga, pero sí muestran su circulación más allá de Mérida.

El problema no se resuelve solamente persiguiendo la droga

Durante muchos años la conversación sobre las drogas se ha construido alrededor de decomisos, detenciones y narcomenudeo.

Todo eso importa, pero es insuficiente.

Si quienes están requiriendo tratamiento son cada vez más jóvenes, la pregunta que Yucatán necesita hacerse también es por qué están consumiendo, qué tan pronto comienzan, qué problemas emocionales, familiares y sociales rodean ese consumo y qué tan accesibles son los servicios públicos de prevención y tratamiento.

Porque cuando el cristal llega a una familia, normalmente el problema ya comenzó mucho antes del momento en que alguien pide ayuda.

La buena noticia es que la dependencia de metanfetaminas puede tratarse. Conasama señala que existen intervenciones conductuales con evidencia, entre ellas la terapia cognitivo-conductual, el manejo de contingencias y el denominado Modelo Matrix.

En Yucatán y en todo México, los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA) ofrecen atención especializada para problemas relacionados con salud mental y consumo de sustancias.

La respuesta, entonces, no puede limitarse a decirles a los jóvenes que “no consuman”.

Hace falta información, prevención temprana, familias capaces de reconocer señales de alarma, escuelas que sepan cómo intervenir y servicios públicos de atención suficientemente visibles y accesibles.

El cristal no debería convertirse en un problema grave en Yucatán para que comencemos a hablar de él. Las señales ya están ahí. La prevención tendría que llegar antes que la adicción.