Por cada muerte por suicidio hay alrededor de 135 personas afectadas. Para el psicoterapeuta Edgardo Flores, esto significa que si no se cuenta con protocolos adecuados, estas 135 personas viven una condición que favorece el riesgo.

Tras una muerte por suicidio entre las personas suelen dar discursos como «si necesitan algo, aquí estoy»; para el especialista, esto es parte de la conversación, pero también es necesario añadir otros puntos al diálogo, por ejemplo, preguntar: ¿cómo estás? ¿tú has vivido una situación similar?

«No por morbo, pero el tema ya está ahí y uno de los principales mitos que hemos luchado por erradicar desde muchas organizaciones es erradicar el miedo a plantear la pregunta: ¿cómo estás? ¿cómo lo estás viviendo (una muerte cercana por suicidio)? ¿les ha pasado por la mente esta idea?»,

sensibiliza

Desde su visión, este tipo de espacios comunitarios, aunque son ajenos a la intervención de salud mental, contribuyen a la apertura del diálogo. Lamenta que la sociedad suele invalidar los motivos por los que las personas se sienten tristes, estresadas, enojadas, etcétera; por lo que cambiar la narrativa puede transformar en gran medida.

Abunda que, además de estos espacios de diálogo, o frases como «si necesitas algo, aquí estoy», es fundamental que haya una red de apoyo. Subraya que no es solamente que la persona escuche que hay alguien, sino que de verdad tenga una red que le acompañe y sostenga. Esto es tan importante que incluso es uno de los mecanismos que señala como parte de un proceso de intervención ante el riesgo suicida, pues en un plan de seguridad se construye una red de apoyo. Lo que hará la diferencia, sintetiza, es que no solo se diga, sino que se acompañe genuinamente.

La posvención, explica, es clave. Ese acompañamiento que ocurre tras una muerte por suicidio, sin tabú ni estigma o revictimización, contribuye a la prevención de más muertes por suicidio. Esto, no solamente implica acciones gubernamentales o de asociaciones civiles, sino también espacios sociales, medios de comunicación y redes sociales.

Existen «estrategias» que tienen buenas intenciones, sin embargo, no necesariamente abonan a la prevención. Una de ellas es la publicación de una foto de una persona que murió por suicidio, que contiene además descripciones sobre lo ocurrido, el método utilizado, entre otros detalles que, con base en evidencia, el psicólogo indica que no contribuyen a la concientización.

«Cuando se da una muerte por suicidio importa mucho cómo se comunica y cómo se modera el diálogo».

Datos: a la baja la incidencia de muertes por suicidio en Yucatán

«El simple conocimiento no genera cambio»

Aunque para el especialista estos datos son importantes, e incluso con cierta carga de esperanza, le resulta fundamental utilizarlos para identificar cuál o cuáles de las estrategias que se están llevando a cabo por la prevención del suicidio están teniendo impacto. Para él, el descenso que ha tenido Yucatán en muertes por suicidios, implica que han habido acciones que están abonando; pero es necesario nombrarlas.

«Esta radiografía peninsular nos invita mucho a reflexiones […] Tres estados con cultura similar, con historias similares, con características similares aunque tienen ciertas disposiciones diferentes, tienen datos tan diferentes. Los tres estados están haciendo algo (por la prevención), aquí el reto es demostrar qué fue lo que funcionó».

Desde su perspectiva, es indispensable evitar el uso político del tema únicamente para decir lo que han hecho, sino reconocer que la prevención, atención y posvención del suicidio es un proceso en el que intervienen diferentes instituciones y ecosistemas sociales. Sobre esto mismo, destaca que debe haber una continuidad posterior a la detección.

«Hay que celebrar, sí, hay que tomar conciencia de que sí se están haciendo cosas; pero tenemos que saber por qué (funciona). Sino, va a ocurrir lo que yo llamo el fenómeno de golpearle a la piñata con los ojos vendados, ¿le hemos pegado? Sí… ¿Sabemos cómo volverle a pegar? Ahí es donde está el reto porque queremos que esto que ya surgió se vuelva tendencia, que el próximo año también exista un descenso».

Ese descenso, subraya, continuará solamente si se conocen cuáles son las estrategias que están funcionando. De lo contrario, seguirá siendo golpearle a la piñata por si acaso se le atina y salen los dulces. Para él, un parteaguas ha sido empezar a romper el tabú: hablar del tema, presentar charlas y talleres al respecto; no solo desde las autoridades o solo desde las organizaciones civiles, sino desde diversos ecosistemas, incluso el religioso y otros.

La exigencia hacia las autoridades, señala, es que den a conocer cómo están documentando sus procesos y qué evalúan (solo la aplicación de la estrategia o su impacto).

La solución para este gran reto de identificar qué funciona, por qué funciona y desde dónde están viniendo las acciones, considera que es la consolidación de un observatorio que monitoree el tema desde lo académico, económico, social, etcétera. «Porque al existir un organismo independiente que puede hacer este tipo de evaluaciones nos va a permitir saber el dato crudo y las acciones, hacer el comparativo».


En colectivo la prevención existe, por eso este viernes la Red Nacional de Ciencia y Estudio del Riesgo Suicida (RENACERS) tendrá un encuentro virtual desde las 9:00 a.m. hasta la 1:00 p.m. para abordar el tema con la Jornada para la Prevención del Suicidio «En Comunidad Prevenimos». Si te interesa inscribirte, haz click aquí.