El yucateco y su sabucán
silbando al monte van
en el pecho colgado está
la esencia de Yucatán.
Y en la fiesta patronal,
mi abuelita siempre está
buscando su justán
para la jarana bailar.
Francia Rubi Arcila Pech y Abimael Escamilla Ake

Si algo caracteriza a la cultura yucateca es nuestro sentido del humor. Sabemos que en una vaquería1, cuando la música se detiene y alguien grita “¡Bomba!”, el tiempo se congela para escuchar el verso más ingenioso. Las bombas no son cualquier cosa; requieren rapidez mental, rima y, sobre todo, ese toque de doble sentido o humor pícaro que nos distingue; y eso no podía faltar en el museo Palacio de la Música ubicado en el centro histórico de la ciudad de Mérida.
Este museo fue inaugurado en el año 2018, consolidándose rápidamente como un referente cultural. Sin embargo, en marzo de 2020 tuvo que pausar su magia y cerrar sus puertas temporalmente debido a la contingencia sanitaria por el COVID-19. Tras meses de silencio, el recinto comenzó una reapertura gradual hacia finales de ese mismo año bajo estrictos protocolos y con aforos reducidos, un proceso que culminó con el regreso total de sus actividades para volver a llenar sus salas de ritmo, interactividad y tradición.
El museo está compuesto por cinco salas; dentro de estas se pueden encontrar referencias a la música de la época prehispánica, la música sacra, la música pagana, la relación entre la música y el estatus social durante la colonia, también la música de diferentes regiones del país, diversos tipos de instrumentos y sonidos, las producciones musicales que han circulado en la radio, en la televisión, internet, el teatro y del cine mexicano.
Nos detendremos en la sala dos denominada “Culturas Musicales”, específicamente en la sección de música yucateca, debido a que nos interpela, ya que desde que tenemos uso de razón ha sido la música que nos ha acompañado. Escuchar la jarana nos hace sonreír y emocionarnos por el ritmo y la forma de bailar. Bailar jarana es algo especial, aunque si bien desde muy pequeños es algo que se va aprendiendo, nosotros lastimosamente, por horarios escolares, encontrarnos en ciertas zonas de la ciudad y por nuestros entornos religiosos y familiares, no se nos fue posible cultivar este arte.
Jarana yucateca
En la sección dedicada a la jarana yucateca, podemos destacar que su diseño se inspiró en una casa colonial muy parecida al Museo de la Canción Yucateca. Este estilo arquitectónico permite al espectador vivir la experiencia de una tarde tranquila en el centro de la ciudad. La museografía de esta parte no destaca por tener objetos para mostrar, sino que se distingue por las proyecciones, específicamente un tutorial en donde se explica qué es la jarana, sus ritmos y nos enseña cómo bailarlo, lo cual consideramos es una jugada muy inteligente para entretener a la gente y generar otra forma de interactuar en un museo. Lo que hace que esta sala sea especial es que no es una clase, sino que te dejan ser parte del ambiente. Al estar frente a las pantallas, sientes que estás en un patio real y ayuda a quitar la pena de bailar en público. ¡Es genial ver cómo explican la diferencia entre los instrumentos y cómo se debe zapatear con el ritmo!
Para nosotros, esta forma de enseñar es fundamental. Ya que a veces podemos pensar que la historia de Yucatán es algo que solo está en libros o entre vitrinas guardadas, pero aquí te puedes dar cuenta de que la música y el baile son cosas que maravillosamente aún siguen vivas y que no se necesita a un experto jaranero para disfrutarlo; basta con pararse ahí y dejarse llevar.

La voz de nuestra historia
Al seguir recorriendo esta sección, se llega a un rincón más íntimo y personal. Es una sección donde la música yucateca deja de ser solo sonido para convertirse en una historia de vida. Aquí, el museo decidió hacer algo diferente: no te dan los datos fríos en una placa, sino que escuchas a la artista Maricarmen Pérez, quien ha sido considerada como “Embajadora Internacional de la canción yucateca”, contando sus propias vivencias sobre la música de nuestra tierra. Escucharla se siente como estar sentada en la sala de tu abuela mientras te cuenta anécdotas de su juventud. Es un acierto mostrar a quienes hacen la historia.
Maricarmen Pérez narra cómo se vivían los bailes, qué significaba la trova en aquellos años y cómo la música era el centro de las reuniones familiares. Al oír su voz, te das cuenta de que la música yucateca no es solo teoría musical o nombres de compositores famosos; es la memoria de la gente que vivió esos momentos. Esta parte del museo nos hizo reflexionar sobre la importancia de la tradición oral. A veces, los museos se centran tanto en lo técnico que olvidan que la música está hecha de sentimientos. Esta artista logra transmitir una nostalgia muy bonita que te atrapa. Te habla de las serenatas, de los amores que empezaron con una canción de Guty Cárdenas y de cómo la música acompaña los momentos importantes de la vida diaria en Mérida.
Para nosotros, esta es la parte más emotiva de todo el recorrido. Es imposible no detenerse y poner atención completa a lo que ella dice. Te hace valorar que, detrás de cada melodía que hoy escuchamos como un clásico, hubo una persona real que la sintió y la vivió. Sentimos que el museo acertó muchísimo al elegir esta forma de presentar la información, porque nos ayuda a conectar emocionalmente con nuestras raíces, entendiendo que nosotros somos los encargados de seguir contando estas historias para que no se pierdan con el tiempo.
Adicionalmente, en esta sección encontramos un muro dedicado a las bombas yucatecas. El museo te permite interactuar con este elemento de una forma muy dinámica, haciendo que el visitante no sea solo un espectador, sino que se sienta parte de la fiesta. Es muy divertido ver a otras personas intentando descifrar las bombas o soltando una carcajada al leer las que están expuestas.
Esta área logra explicar, sin complicaciones, qué es lo que hace a una bomba “buena”. Te enseña que es una forma de expresión cultural que nos permite reírnos de nosotros mismos y de las situaciones cotidianas; le quita esa seriedad que a veces tienen los museos. Aquí, la risa es la protagonista.
Al terminar de recorrer esta sección, sales con una sensación muy ligera y alegre. Es un recordatorio de que, aunque la tradición es importante y seria, también tiene un lado divertido que es parte fundamental de lo que somos como yucatecos. Salir de ahí con una sonrisa y habiendo aprendido un par de bombas nuevas para contarles a los amigos o a la familia, hace que esta parte se sienta como el remate perfecto para la sala. Es una manera de celebrar nuestra cultura con alegría, demostrando que nuestras tradiciones siguen más vivas y divertidas que nunca.
Reflexiones finales
Es muy importante que un museo que está abierto a cualquier tipo de público tenga una sección, aunque pequeña, sobre las tradiciones del territorio en donde está, en este caso de Yucatán. Lastimosamente, en la sala y en la sección de “música yucateca” consideramos que hace falta más información sobre la práctica musical y dancística de la jarana en Yucatán.
1 Fiesta popular yucateca.
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