Jue. Abr 30th, 2026

La niñez no se va cuando crecemos, sigue viviendo en quienes somos hoy

Cada 30 de abril, por el Día de la Niñez, las redes sociales e incluso ciertas conversaciones suelen llenarse de recuerdos, fotografías viejas, juguetes, nostalgia y frases sobre “volver a ser niños”. Pero este año queremos hacer una reflexión desde otro lugar, ¿y si no tenemos que volver? ¿Y si en realidad esos niños y niñas nunca se fueron del todo?

La infancia es una etapa, sí, ese es un hecho incuestionable. Pero las personas que fuimos de niñas y niños no desaparecen cuando crecemos, podemos verles aún en nuestros gustos, en nuestras heridas, en nuestras pasiones, en nuestros miedos, en nuestra forma de amar, de crear y de mirar el mundo.

A veces siguen ahí de manera evidente para quienes continúan dibujando, coleccionando cosas, haciendo preguntas, trepándose a los árboles, cantando fuerte o emocionándose por pequeñas cosas. Otras veces permanecen de formas menos evidentes, pero igual de poderosas, en esa curiosidad que se convirtió en vocación, en aquella imaginación que derivó en creatividad profesional, en la sensibilidad que hoy guía decisiones importantes.

Mirarse con atención permite descubrir que muchas de las bases de la vida adulta se sembraron en la niñez.

La persona que cuestionaba todo quizá hoy investiga, enseña o busca respuestas para vivir con más conciencia. Quien inventaba historias puede haberse convertido en artista, escritora o incluso creadora de contenido. Quien organizaba juegos tal vez ahora lidera equipos. Incluso aquello que parecía un simple rasgo infantil muchas veces era ya una pista de identidad.

En ese sentido, el Día de la Niñez también puede ser una invitación a algo más que celebrar una etapa pasada, puede ser un recordatorio de cuidar a la infancia que aún habita dentro.

Crecer no tendría que significar abandonar la curiosidad, reprimir la autenticidad o renunciar al juego. Sin embargo, la adultez suele exigir productividad, rigidez y respuestas inmediatas, dejando poco espacio para la exploración, el asombro o la espontaneidad.

Recuperar parte de esa libertad infantil —permitirse jugar, preguntar, crear, sentir entusiasmo, hacer el ridículo sin vergüenza, disfrutar sin justificarlo— también es una forma de apropiarse del bienestar.

Si bien no se trata de idealizar la niñez para estancarnos, sí se trata de reconocer su permanencia porque eso nos permite entender que quienes fuimos siguen construyendo quienes somos. Este día es una oportunidad para recordar quiénes fuimos, pero también para permitirnos seguir siendo.

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