Hay algo profundamente honesto en la manera en que Liliana Ceballos habla de la escritura. No hay poses, ni pretensiones literarias. Hay, en cambio, una necesidad: la de contar, compartir y, en algún momento de su vida, sanar.
Dieciséis libros después, su voz suena más tranquila, más consciente. Pero el impulso sigue siendo el mismo.
—¿Cuántos libros llevas ya?
—Dieciséis —responde con naturalidad, casi como si no fuera gran cosa.
Pero lo es.
El inicio: escribir desde la urgencia
Lili comenzó a escribir en serio a los 17 años. Antes de eso, el cuento fue su refugio.
—Me gustaba porque era breve. Podía contar algo y cerrarlo rápido. Yo soy desesperada —dice entre risas.
Ese impulso encontró forma en un taller literario dirigido por el escritor ecuatoriano Fernando Nieto Cadena, en Ciudad del Carmen. Ahí, como suele suceder en los talleres, sus textos fueron cuestionados, desmenuzados, reconstruidos.
—Te destrozan los textos, pero aprendes a decir mejor lo que quieres decir.
A los 23 años publicó su primer libro. Desde entonces, no ha dejado de escribir.
Entre géneros, pero con una identidad clara
Aunque comenzó con cuentos, su obra ha transitado por el ensayo, la narrativa y, en menor medida, la poesía.
Habla de un libro de ensayos donde aborda temas como derechos humanos, infancia e incluso reflexiones en torno a figuras como Mary Wollstonecraft, referente del pensamiento feminista.
Pero si tuviera que definirse, no duda:
—Soy más narradora que otra cosa.
Su única novela, Doctor del Alma, le tomó siete años.
—Escribes, no te gusta, lo dejas reposar… y vuelves. Hasta que algo se vuelve decente.
La escritura como espejo… y como sanación
Hubo un tiempo en que escribir era una forma de entenderse.
—Al principio era terapéutico. Era autoconocimiento.
Hoy, en cambio, su relación con la escritura ha cambiado.
—Ahora ya no escribo desde el dolor. Escribo desde un lugar más sano.
Y lo dice con la serenidad de quien reconoce su propio proceso.
—Es casi un logro.
Su escritura ya no busca denunciar ni exhibir heridas. Busca reflexionar, acompañar, sembrar algo en quien la lea.
Un libro nacido del amor
Su próximo libro, El gran árbol, tiene una historia distinta.
Nació hace diez años, cuando sintió la necesidad de dejar algo a sus hijos. No un legado público, sino íntimo.
—Quería tener algo para compartir con ellos.
El libro recoge experiencias de la infancia: miedos, preguntas, momentos que, aunque parecen pequeños, dejan huella.
—Son cosas que les pasan a los niños… y también a nosotros, pero desde otro nivel.
Aunque está dirigido a infancias, tiene una particularidad: no tiene ilustraciones.
—Quiero que se lo imaginen. Que cada lector construya su propia historia.

Escribir como acto de amor
Cuando intenta definir su escritura, lo hace con una imagen sencilla pero poderosa:
—Escribo como cuando haces un café para alguien que quieres.
No importa si es perfecto. Importa que está hecho con intención.
La decisión de autopublicarse
Después de sus dos primeros libros, publicados por universidades, decidió tomar otro camino: la autopublicación.
—No tengo nada que demostrar. Solo quiero escribir y compartir.
Reconoce las dificultades del sistema editorial, pero también las de la autopublicación.
—Hay mucha basura, sí. Pero también hay libertad.
Y en esa libertad encontró su lugar.
Una invitación abierta
La presentación de su libro será un evento sencillo, pero profundamente significativo.
Habrá lectura en voz de su hija, música del trovador Neftalí Grajales y Daniela Esquivel, fundadora de Lunabrí, que presentará la obra. Y, sobre todo, habrá cercanía.
—Va a ser algo muy familiar, muy desde el amor.
Cuando se le pide que convenza al público de asistir, responde sin estrategias de marketing, sin discursos grandilocuentes:
—Es un libro como abrazar a un niño.
Y tal vez eso basta.
Porque en un mundo que exige tanto ruido, Liliana Ceballos apuesta por lo contrario:
una escritura íntima, honesta, imperfecta… pero profundamente humana.
La cita será este viernes 17 de abril en la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza a las 17:00 hrs. Ubicada en Calle 55, no. 515, Col. Centro, (Esq. Calle 62)
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