Sáb. Mar 14th, 2026

La importancia de la vegetación en climas extremos

ByRedacción

14 de marzo de 2026

Por: Claudia Eréndira Vázquez Torres

Un espacio sin árboles podría representar un incremento de hasta 10 °C si se compara con una calle con árboles y sombra. 

No es una exageración. Lo comprobamos con el uso de una cámara termográfica durante el curso Diseño de Espacios Verdes Sostenibles que se desarrolló hace unos días en el Centro de Investigación Científica de Yucatán. El suelo sin vegetación acumuló altas temperaturas que coloquialmente podrían compararse con una plancha encendida.

Bastó caminar unos pasos y colocarse bajo un árbol para experimentar una mejor sensación térmica sin necesidad de explicaciones técnicas. Esta sensación fue inmediata, el aire se volvió más soportable, y el espacio, más habitable.

En las ciudades, donde las olas de calor son cada vez más intensas y donde también se experimentan fríos atípicos bajo condiciones climáticas extremas, esa diferencia térmica no pasa desapercibida. Puede ser la frontera entre el confort y el riesgo para la salud. El cambio climático ya no es una discusión abstracta. Se siente en las noches poco frescas, en los patios que irradian calor hasta la madrugada, en las viviendas que necesitan ventiladores encendidos todo el día. Se siente cuando caminar al mediodía se vuelve una prueba de resistencia.

Y, sin embargo, seguimos pavimentando superficies que antes absorbían agua y regulaban la temperatura. Seguimos reduciendo áreas verdes en nombre del “desarrollo”. Seguimos viendo los árboles como elementos decorativos y no como parte esencial de las ciudades.

Durante el curso se visitó un jardín botánico en una comunidad rural, recorrimos y analizamos proyectos verdes. Pero más allá de la teoría, hubo una idea que se volvió evidente: la vegetación no es un lujo paisajístico, es una herramienta de adaptación climática.

Las plantas enfrían el aire mediante la evapotranspiración. La sombra reduce la radiación solar directa. El suelo permeable disminuye la acumulación de calor y mejora la infiltración de agua. Un diseño adecuado puede transformar un espacio urbano con el uso de vegetación nativa. Las especies locales están adaptadas al clima, requieren menos agua y resisten mejor ante condiciones extremas. Además, sostienen la biodiversidad y fortalecen la identidad del territorio. En tiempos de incertidumbre climática, apostar por lo que ya está adaptado es estrategia.

Frente a climas extremos, los espacios verdes se convierten en zonas de protección. Reducen la temperatura ambiental, mejoran la calidad del aire y ofrecen refugio durante olas de calor. En términos de salud pública, pueden marcar diferencias significativas para personas mayores, niños y poblaciones vulnerables.

A veces pensamos que enfrentar el cambio climático exige únicamente soluciones tecnológicas complejas. Sin embargo, parte de la respuesta ha estado siempre presente, creciendo en silencio. Un árbol podría reducir la temperatura y disminuir los riesgos de golpes de calor. Y por lo tanto, generar comunidades más seguras.

Hoy, la planificación urbana debe reconocer que el clima ya cambió. Diseñar con vegetación y priorizar especies adecuadas como ruta hacia la resiliencia. En un escenario de climas extremos, la pregunta no es si necesitamos más espacios verdes.

La pregunta es ¿cuánto tiempo más podemos permitirnos ignorar su papel esencial?

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