Análisis Semanal de VM del 9 al 15 de agosto

Yucatán cambia, construye, atrae inversiones y busca nuevas oportunidades. Pero las noticias de esta semana nos obligan a hacernos una pregunta incómoda: ¿todo crecimiento significa realmente desarrollo?y

En cinco años perdimos 2 mil 725 hectáreas de manglar. No es solamente una cifra ambiental. Cada hectárea que desaparece significa menor protección para nuestras costas, pérdida de biodiversidad y un territorio más vulnerable. Construir más no puede seguir siendo sinónimo de desmontar primero y preguntar después.

También regresaron enfermedades que creíamos bajo control. Los padecimientos prevenibles mediante vacunación aumentaron y el sarampión volvió a aparecer. Es paradójico hablar de modernidad mientras retrocedemos en uno de los logros más elementales de la salud pública: prevenir enfermedades para las que ya tenemos herramientas.

Los jóvenes también nos mostraron esta semana otra cara del desarrollo. Aspirantes de la ENES Mérida tuvieron que protestar ante la posibilidad de viajar hasta Ciudad de México para demostrar nuevamente sus conocimientos. El apoyo para trasladarlos resuelve una parte del problema, pero deja intacta una pregunta: ¿por qué una oportunidad educativa debe depender de la capacidad económica para llegar hasta ella?

Y el desafío no termina al ingresar a la universidad. Miles de jóvenes yucatecos enfrentan dificultades para continuar estudiando o encontrar empleos que les permitan construir un proyecto de vida. No debería sorprendernos entonces que algunos terminen buscando fuera de Yucatán las oportunidades que aquí no encuentran.

A todo esto se suma la voz de los pueblos mayas, que esta semana cuestionaron una iniciativa de legislación indígena porque consideran que todavía existe demasiada tutela del Estado y poco reconocimiento efectivo de su diversidad y autodeterminación. No basta con reconocer nuestra herencia maya en los discursos si quienes mantienen viva esa cultura sienten que todavía tienen que luchar para ser escuchados.

Manglares, vacunas, educación, empleo y pueblos originarios parecen asuntos diferentes. No lo son. Todos hablan del mismo Yucatán que estamos construyendo.

El desarrollo no puede medirse solamente en nuevas inversiones, edificios, carreteras o crecimiento económico. También debe medirse en territorio protegido, enfermedades prevenidas, jóvenes con oportunidades y comunidades capaces de participar en las decisiones sobre su propio futuro.