Dom. Feb 22nd, 2026

Presencia no es proveer

ByAndres Ugalde

22 de febrero de 2026
Hay hombres que creen que cumplir es depositar. Que amar es “no faltar nada en la casa”. Que ser padre es aparecer en las fotos de cumpleaños y desaparecer en lo cotidiano.

Y no lo dicen así. Lo dicen con frases más suaves:
—“Trabajo todo el día por ustedes”.
—“Estoy cansado”.
—“Pregúntale a tu mamá”.

La ausencia masculina no siempre es física. A veces es emocional. Es ese papá que está en la sala, pero no escucha. Que está en la mesa, pero no pregunta. Que vive en la casa, pero no habita la infancia de sus hijos.

En México, la conversación sobre paternidad ha estado marcada por décadas por el estereotipo del proveedor fuerte y callado. Durante mucho tiempo, el modelo cultural del “hombre de la casa” fue reforzado por estructuras sociales y educativas. Desde mediados del siglo XX, políticas públicas e imaginarios familiares consolidaron esa idea del padre proveedor más que cuidador, en contraste con modelos de paternidad activa promovidos hoy por organismos como UNICEF.

Pero más allá de estadísticas y discursos, el tema es íntimo.

Un hijo no necesita un héroe. Necesita presencia.
Necesita que alguien lo mire cuando habla.
Que alguien le pregunte cómo le fue… y espere la respuesta.

Muchos hombres no descuidan por maldad. Descuidan porque nadie les enseñó a cuidar. Porque crecieron con padres ausentes y aprendieron que el afecto era debilidad. Porque nadie les dijo que cambiar un pañal también es una forma de carácter.

El problema es que los hijos sí sienten la distancia. La sienten cuando el papá no va al festival. Cuando promete y no cumple. Cuando responde con el celular en la mano. Cuando el “luego vemos” se vuelve permanente.

Y entonces el vínculo se adelgaza.

Los niños que crecen sin presencia paterna activa no sólo extrañan a alguien. Aprenden cosas sin querer:
Que el amor es intermitente.
Que los hombres no hablan de lo que sienten.
Que es mejor no esperar demasiado.

Pero también hay otra historia posible.

Cada vez más hombres están rompiendo el molde. Padres que piden permisos de paternidad. Que van a terapia. Que preguntan. Que abrazan sin miedo. Que entienden que la autoridad no está peleada con la ternura.

Ser papá de fin de semana no es un calendario. Es una actitud.
Es decidir que el tiempo con los hijos no es un trámite legal, sino un territorio sagrado.
Es entender que la infancia no se repite.

Porque un día los hijos dejan de pedir que juegues.
Y cuando eso pasa, el silencio pesa más que cualquier jornada laboral.

Tal vez la pregunta no sea por qué los hombres descuidan a sus hijos.
Tal vez la pregunta sea: ¿qué necesitamos desaprender para empezar a estar?

Y quizás la respuesta sea más sencilla de lo que parece:
Mirarlos. Escucharlos. Permanecer.

Nos leemos el próximo domingo

Andrés Ugalde Rivas.- Soy padre de dos hijos, abogado, docente universitario, y constante cuestionador de la masculinidad actual. Amo a Sansón y Dalila mis perros, y me gusta el ciclismo y nadar.

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