Inicié este año con un objetivo muy concreto: leer 12 libros, o bien, uno al mes. Para algunas personas este puede parecer una meta muy chica, para otras puede parecer gigantesca, pero como en todo objetivo, lo importante era que fuera realista (para mí y no para otras personas).
Y es que, sin importar cuánto me encante leer, a veces la vida me consume tanto que no les doy el espacio suficiente a mis libros. Fue precisamente por eso que este 2025 mi propósito en cuanto a la lectura era muy claro y no pretendía competir o demostrarle nada a nadie, sino simplemente permitirme hacer consciente que podía tomarme un espacio para leer.
En fin. Esta pequeña estrategia fue tan útil para mí que al final leí 22 libros. A la mitad del año alcancé los 12 y decidí duplicar mi meta inicial, por lo que acabaría leyendo 24; para esto último me faltaron dos, pero el punto no es contabilizar, porque la lectura –aunque muchas veces se nos intente transmitir desde el deber– no debe ser más que un encuentro deseado.
Un encuentro con las letras, con el entretenimiento, con los personajes, con reflexiones, aprendizaje y mucho más…
Este año leí poesía, cuentos, libros ilustrados, libros con fotografías, cómics, novelas, crónicas, ficción y no ficción e incluso uno de los libros que leí, albergaba también recetas de cocina.
Tal vez he tenido un largo preámbulo, pero todo lo que intento decir es que el único deber de la lectura es leer por placer. Leer nos conecta, nos permite crear un pensamiento crítico y desarrollar mejor nuestra capacidad de análisis, nos hace sentir. También mejora nuestra concentración (tan dañada por TikTok y plataformas digitales que nos cambian todo en un segundo).
Quisiera transmitir en este breve texto todo lo que sentí (y lloré) al releer Memorias de mi Amigo Imaginario este año, porque creo que solo así se podrían contagiar las ganas de leer que surgen si y solo si te has encontrado con un libro que te marque.
Ojalá pudiera expresarles todo lo que aprendí con La Isla de las Mujeres del Mar, porque inicié el libro sin saber qué era una haenyeo y lo finalicé soñando con que estas buceadoras y todas sus tradiciones se preserven una eternidad.
Si tan solo lograra contarles cuánto me sensibilicé con las personas en situación de calle al leer La Sonrisa de Darwin, podrían comprender por qué al finalizar el libro vi la vida diferente; no porque antes fuera insensible ante el tema, pero sí porque fue como si conectara tanto con el personaje, que lo reconociera también fuera del libro, en otras personas.
Muchas veces leer se nos presenta como algo aburrido, cansado o tedioso. La verdad es que esto ocurre porque se «promueve» la lectura desde la imposición, porque cuando se contagia la lectura, la promoción de la misma ocurre de manera natural.
Es imposición cuando en la escuela te dicen que debes leer tal libro, uno que no solo no te llama la atención, sino que además nadie te involucró para elegirlo; no te preguntaron tu opinión, tampoco tus gustos, ni si habías leído algo antes. Porque sí, hay lecturas que no pueden ser el primer contacto.
Es problemático también cuando se señalan unas lecturas como «malas» y otras como «mejores», catalogándolas incluso como «intelectualmente superiores». Esta clasificación de los libros, lo único que logra es alejar a la gente de la lectura y, con ello, de vivir grandes aventuras y aprender cosas invaluables.
Si quieres leer más este año, ponte un objetivo realista, uno a tu medida. Está bien si eso significa que te propondrás leer dos libros, siempre que los escojas sin importar juicios externos, sino simplemente escuchándote a ti sobre lo que se te antoja.
Yo ya estoy lista y emocionada por los libros con los que me encontraré en este 2026 y espero que tú también.
PD: Si empiezas un libro y no conectas, mejor déjalo y prueba con otro. Forzarnos no hace más que bloquearnos el interés en la lectura.
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