Altabrisa reverdece

ByRedacción

2 de noviembre de 2026

En abril de 2023, en Vive Mérida publicamos, en colaboración con los medios independientes Ventanas Rotas y Líneas Emergentes, el especial Tho’, entre la deforestación y la corrupción: ¿parque público necesario?. Fue un trabajo periodístico en el que examinamos las implicaciones ambientales y ciudadanas de un proyecto cuya promesa de crear un espacio público contrastaba con las decisiones que se planteaban para hacerlo realidad.

La propuesta buscaba integrar un terreno municipal con vestigios arqueológicos y otro de propiedad privada, en la zona de las Country Towers de Altabrisa. Para incorporar este último, se proponía entregar a cambio otro predio municipal: el espacio ubicado frente al Súper Akí que los vecinos defendían como su Parque Central. La permuta estaba en el centro del desacuerdo: ¿por qué comprometer un espacio público para conseguir otro?

Uno de los momentos más álgidos llegó con el inicio de los trabajos y el desmonte en el área del proyecto Tho’. Para los habitantes que llevaban años defendiendo las áreas verdes de su entorno, ver la maquinaria intervenir aquel espacio volvió urgente lo que hasta entonces podía parecer una amenaza distante.

La respuesta fue organizarse. Hubo protestas, denuncias y exigencias de información. Pero también hubo algo menos estridente y muy significativo: vecinos que dedicaron sus sábados a recoger basura, plantar árboles, definir senderos y acondicionar el Parque Central de Altabrisa. La defensa del espacio público también se hizo con tiempo, trabajo y recursos propios.

La movilización vecinal logró frenar el proyecto Tho’, como documentamos posteriormente en Vive Mérida. Aquella resistencia no era un rechazo a tener un parque: era la defensa de las áreas verdes existentes y de un espacio de convivencia que los habitantes llevaban más de quince años reclamando.

El camino continuó. En 2025, los vecinos impulsaron el Parque Central de Altabrisa mediante el presupuesto participativo «Diseña tu Ciudad». Más tarde, el Ayuntamiento anunció recursos para intervenir una parte del terreno, de acuerdo con lo elegido por la comunidad. La convocatoria municipal de obra situó la construcción en el predio de la calle 19, entre 20 y 22.

Hoy, en ese espacio, se perfila lo que parece ser una primera etapa del parque esperado durante tantos años. Su avance merece reconocerse, sin perder de vista que concretar una obra también exige cuidar el arbolado, mantener las instalaciones y escuchar a quienes la usarán todos los días.

Durante una caminata reciente por la zona, me detuve a mirar los caminos abiertos por el desmonte de aquel proyecto. La vegetación ha vuelto a cubrirlos. Donde antes se veía la huella de la maquinaria, ahora vuelve a asomarse el verde.

No significa que el daño haya desaparecido ni que la recuperación esté completa. Pero la imagen invita a pensar en lo que puede ocurrir cuando se deja de intervenir un espacio y se le permite recuperarse.

Me gusta leer ese verdor como un homenaje al trabajo colectivo de quienes defendieron la zona. Como una pequeña forma de justicia ambiental, aunque la justicia también requiera respuestas, protección y compromisos que perduren.

Esta historia merece contarse porque muestra una conducta ciudadana que hace bien a la ciudad: organizarse, insistir y cuidar lo que es de todos. También recuerda a las autoridades que escuchar a tiempo puede evitar conflictos y daños que después resultan difíciles de reparar.

A pie de calle, entre lo que reverdece y el parque que comienza a tomar forma, queda una lección: el espacio público se defiende al exigirlo y se construye al cuidarlo.

Lorena González Boscó, comunicóloga, internacionalista, profesora universitaria, constructora de ciudadanía, periodista, amante de los perros y amiga de los gatos. «Siempre he creído que más vale gente comprometida que capaz, porque la comprometida se hace capaz, pero la capaz no necesariamente comprometida.»