Sáb. Ene 10th, 2026
En Mérida, la "ciudad blanca", el servicio de recolección de basura ha dejado de ser una garantía de higiene para convertirse en una fuente diaria de estrés para los vecinos. A diferencia de otras ciudades donde el servicio se solventa únicamente con impuestos, aquí los ciudadanos pagamos una tarifa mensual directa a empresas concesionarias. Sin embargo, el pago no garantiza eficiencia, sino un servicio a medias que deja mucho que desear.

Un servicio nocturno que «limpia» ensuciando

El principal problema ocurre bajo el amparo de la noche. Los camiones recolectores pasan en horarios donde el vecino ya no puede supervisar la labor. El resultado al amanecer es desolador: bolsas arrastradas, residuos sólidos regados en el pavimento y restos de líquidos que desprenden olores fétidos frente a las casas… o simplemente no se recolecta la basura.

Parece que la prioridad es la velocidad y no la limpieza. Al lanzar las bolsas con descuido, muchas se rompen, y los recolectores rara vez se detienen a levantar lo que ellos mismos esparcieron. El ciudadano paga por retirar la basura, pero termina saliendo con escoba y recogedor a limpiar lo que el camión dejó atrás.

La dictadura de la bolsa negra

Otra queja recurrente es la arbitrariedad en los criterios de recolección. Existe una «regla no escrita» donde, si la basura no viene perfectamente empaquetada en bolsas negras de cierto tamaño, simplemente se ignora:

  • Cajas de cartón: Son sistemáticamente abandonadas, incluso si están desarmadas.
  • Volumen excedente: Si una familia genera un poco más de basura de lo habitual (varias bolsas), los recolectores optan por llevarse solo una parte, dejando el resto como un banquete para los animales callejeros.
  • Falta de criterio: No hay flexibilidad para materiales que, aunque no son escombros, no caben en una bolsa estándar.

Esta actitud deja al usuario en total indefensión: pagaste por un servicio que decidió, unilateralmente, no llevarse tus desechos.

Concesiones sin rendición de cuentas

El hecho de que el servicio esté conscesionado debería implicar una mayor exigencia por parte del Ayuntamiento de Mérida hacia las empresas. Si un ciudadano no paga, le suspenden el servicio; pero si la empresa presta un servicio mediocre, ¿quién sanciona a la concesionaria?

Es contradictorio que, en una ciudad que presume de vanguardia y crecimiento, el sistema de recolección siga operando con prácticas tan rudimentarias y poco profesionales.

¿Qué se necesita?

  • Supervisión real: El Ayuntamiento debe auditar la limpieza de las calles después del paso del camión.
  • Transparencia en el servicio: Reglas claras sobre qué se recoge y qué no, sin que quede al humor del trabajador en turno.
  • Canales de queja efectivos: Que reportar un mal servicio no sea un trámite burocrático perdido, sino que derive en una mejora inmediata.

Mérida no puede seguir permitiendo que sus calles se ensucien por el mismo servicio que debería limpiarlas. Si el ciudadano cumple con su pago, la empresa debe cumplir con la excelencia.

La alcaldesa Cecilia Patrón, por un lado, insiste en que va limpiar Mérida, si es así, que su administración tenga mano fierra con las compañías que dan este servicio, y por otro, las compañías tienen que capacitar mejor al su personal, de forma tal que se mejore el servicio.

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