Jue. Feb 26th, 2026
Hay lugares que no hacen ruido, pero sostienen la historia. La Biblioteca Yucatanense es uno de ellos. No se impone con espectacularidad ni busca protagonismo, pero resguarda algo esencial: la memoria escrita de Yucatán.

Entre sus muros habitan siglos de pensamiento, lengua, ciencia, religión y vida cotidiana. Libros antiguos, documentos raros y publicaciones que, de no estar ahí, podrían perderse para siempre. Cada página es una huella de quienes estuvieron antes, de cómo se nombró el mundo, de cómo se explicó el territorio, de cómo se construyó identidad.

En tiempos donde la información es veloz y efímera, la Biblioteca Yucatanense funciona como un acto de resistencia. Preservar no es solo guardar: es permitir que las generaciones actuales y futuras tengan acceso a su pasado para comprender el presente. Es reconocer que la historia no vive únicamente en los grandes relatos, sino también en los textos olvidados, en los archivos, en las voces que no siempre fueron protagonistas.

Este espacio no pertenece solo a especialistas o académicos. Pertenece a la ciudadanía. A quienes buscan entender de dónde vienen, a quienes investigan, a quienes leen por curiosidad o necesidad. Su existencia recuerda que la cultura no se improvisa: se cuida, se protege y se transmite.

Defender bibliotecas como la Yucatanense es defender el derecho a la memoria. Porque un territorio que conoce su historia tiene más herramientas para decidir su futuro.

Ahora, el archivo fotográfico de Christian Rasmussen se albergará en esta biblioteca

Este 8 de enero la biblioteca incluyó entre sus documentos históricos 50 años de documentación fotográfica de Christian Rasmussen como parte de su acervo.

El material incluye su trabajo desarrollado durante cerca de tres décadas en Yucatán, en compañía de la también antropóloga social, Maestra Silvia Terán, quien fue su esposa y con quien recorrió el estado documentando el patrimonio vivo de las comunidades, sus rituales, tradiciones, así como la vida cotidiana de la capital del estado, la zona oriente y la costa de Yucatán.

Rasmussen, fotógrafo danés afincado en México desde 1974, quien ha hecho de Yucatán su hogar, estuvo cedió su legado fotográfico expresando que la donación de su acervo es una forma de devolver un poco de lo mucho que esta tierra le ha dado y documentó con una mirada respetuosa desde la Antropología social, en sitios como la comunidad de Xocén, Valladolid.

Al recibir el acervo, Kandy Ruiz –coordinadora general de la biblioteca– dijo que para la Biblioteca Yucatanense la preservación del acervo de Rasmussen reafirma que archivar la memoria cultural es un proceso dinámico: “hemos aprendido que preservar nuestras experiencias documentales es un ciclo continuo, y no lo digo como letra muerta… en enero del año pasado recuperamos la denominación de la Biblioteca Yucatanense, donde trabajamos día a día para preservar presentes”.

“Un gesto más que generoso que fortalece la preservación del patrimonio documental y permite que este acervo permanezca vivo, accesible y al servicio de la investigación, la educación y la comunidad”,

respondió la titular de la Sedeculta, Patricia Martín Briceño.

“Christian no es un antropólogo ni un fotógrafo común y corriente. Fotógrafo entre los antropólogos, antropólogo entre los fotógrafos, tanto su producción visual como su labor etnográfica se centran en personas, no en modelos o sujetos de investigación. Aun sus fotos de grafiti, arte popular o arquitectura, las ha hecho con la conciencia de que alguien —con frecuencia anónimo— creó aquellas obras y merece ser recordado”, expuso Enrique Martín Briceño, Investigador en Escuela Superior de Artes de Yucatán

Rasmussen comenzó en 1974 sus prácticas como antropólogo vinculado al hoy Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y desde entonces ha sido importante para él describir las raíces y la identidad de los pueblos originarios. En Yucatán ha colaborado con la Uady y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, entre otras instituciones.

Es autor de más de una docena de libros de fotografía enfocados en la cultura maya y yucateca, la antropología social y la historia local, como “Xocén: el pueblo en el centro del mundo (2004)”, en coautoría con Silvia Terán, y “Pintando las paredes de Yucatán”, un trabajo sobre el arte urbano yucateco, publicado originalmente en formato digital y nunca en papel.

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