Mié. Abr 1st, 2026
En este texto, doy por supuesto que conoces la historia de Gisèle Pelicot, si no es así, tómate una pausa para leer un poquito sobre su historia y regresa después.

Un Himno a la Vida. Mi Historia es una lectura exquisita. Tanto que me deja contrariada. Intuyo que eso fue intencional y no una simple casualidad. Gisèle Pelicot, –o Gisèle Guillou si queremos nombrarla con su apellido de soltera– es una mujer que cuenta su historia con un realismo tal que logras entender la complejidad de querer conservar tus recuerdos, al tiempo que exiges justicia.

Entreveo que una lectura tan exquisita de un tema tan difícil como la sumisión química de la que es sobreviviente, es un reflejo (minúsculo) de la contrariedad que ella misma debió sentir al descubrir la clase de persona que era su esposo.

Es inesperado que una historia que desearías que fuera ficción por la gravedad que conlleva, pueda narrarse como lo logra Gisèle. Una mujer que logra narrar su historia desde la sensibilidad de sus recuerdos y el hambre de justicia, sin que una le quite el peso a la otra.

Su libro, encarna la complejidad de vivir agresiones por alguien que amas y crees que te ama. Retrata una realidad: un violador no luce como un monstruo, a veces es un esposo que aparenta ser cariñoso y cuidadoso. Esto parece sencillo, pero es importante nombrarlo porque en muchísimos casos de denuncias se cuestiona a la sobreviviente, como si fuera su culpa por no saber antes el riesgo que corría, como si debiera saberlo de alguna forma y huir…

Visibiliza también la importancia de eliminar la creencia de que los hombres tienen un apetito sexual irracional e incontrolable, pues detrás de esta se puede esconder la justificación de actitudes o acciones donde no debería haber más que respeto y consenso, porque en las relaciones sexuales siempre debe ocurrir únicamente lo que las partes involucradas estén de acuerdo con hacer.

El libro permite reflexionar sobre lo que el entorno espera de una víctima: cómo piensan que debe verse, cómo creen que debe vestir, cómo suponen que debería hablar. Gisèle Pelicot logra poner este tema sobre la mesa sin decirlo tan explícitamente, pero sí encarándolo frente al juicio de su ex marido, donde describe cómo con cada crítica a cómo debía vestirse, hizo frente con más elegancia.

También reconoce la fuerza que recibió de ver la sororidad presente en sus audiencias. En el libro narra cómo incluso llegó a recibir cartas y cartas de esas mismas personas que la esperaban afuera de las audiencias y, entre leerlas y verlas presentes, encontró una fuerza que le permitió sostenerse y resistir. Se sintió menos sola.

Esta lectura, que contó con el apoyo de la periodista Judith Perrignon, es mucho más que narrar su historia. Es poner los puntos sobre las íes para decir fuerte y claro que la vergüenza tiene que cambiar de bando. Y que siempre hay esperanza. Eso es lo que comparte Gisèle con una fuerza increíble.

Pd: Quise poner algunas citas del libro, pero finalmente decidí que vale la pena leer el libro completo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *