Durante años, hablar de salud laboral en México fue casi sinónimo de cascos, guantes y señalizaciones de “piso mojado”. La idea de que el trabajo también puede enfermar la mente —y no sólo el cuerpo— parecía exagerada, incómoda o simplemente invisible. Sin embargo, el estrés crónico, la ansiedad, el agotamiento emocional y los conflictos laborales llevan tiempo cobrando factura en silencio dentro de las empresas.
Jornadas extensas normalizadas, metas inalcanzables, jefaturas autoritarias, falta de reconocimiento, miedo constante a perder el empleo o ambientes laborales hostiles son riesgos psicosociales que rara vez aparecen en los reportes internos, pero que sí se reflejan en incapacidades, rotación de personal, bajo desempeño y, en los casos más graves, depresión y burnout.
El estrés no es “parte del trabajo”
Una de las trampas más comunes en la cultura laboral es asumir que el estrés es una señal de compromiso o productividad. “Aquí todos trabajamos bajo presión”, “así es este sector”, “el que no aguanta, que se vaya”. Estas frases, repetidas como mantra, encubren prácticas que deterioran la salud de las personas y normalizan la violencia laboral.
El problema no es tener retos o picos de trabajo, sino vivir permanentemente en un estado de urgencia, sin control sobre las tareas, sin claridad en las funciones y sin espacios reales de descanso. Cuando esto se vuelve cotidiano, el cuerpo y la mente pasan factura: insomnio, irritabilidad, dolores musculares, problemas gastrointestinales, dificultad para concentrarse y un desgaste emocional que no se ve, pero pesa.
Lo que la NOM-035 vino a decir (y muchos prefieren ignorar)
Ante este panorama la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el 23 de octubre de 2019 dio a conocer la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, la cual no surgió por capricho, ni como una carga burocrática más. Su objetivo es claro: identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial en los centros de trabajo, así como promover un entorno organizacional favorable.
La NOM-035 reconoce formalmente que:
- El trabajo puede generar trastornos de ansiedad, estrés grave y problemas de adaptación.
- Las jornadas prolongadas, la falta de control sobre el trabajo, el liderazgo negativo y la violencia laboral son riesgos reales.
- No basta con reaccionar cuando alguien colapsa: la prevención es responsabilidad de la empresa.
Sin embargo, en la práctica, muchas organizaciones reducen la NOM-035 a aplicar un cuestionario una vez al año, archivar los resultados y seguir operando igual. Cumplen en papel, pero no en fondo.

El costo de mirar hacia otro lado
Ignorar los riesgos psicosociales no solo es una falta ética; también es una mala decisión empresarial. Un entorno laboral tóxico incrementa el ausentismo, la rotación, los errores, los conflictos internos y la pérdida de talento. Personas cansadas y emocionalmente desgastadas no innovan, no se comprometen y, tarde o temprano, se van… o enferman.
Además, la NOM-035 establece obligaciones claras. No identificar ni atender estos riesgos puede derivar en sanciones, pero sobre todo perpetúa una cultura laboral que normaliza el sufrimiento como requisito para “ganarse el sueldo”.
De la simulación al cambio real
Aplicar la NOM-035 de forma honesta implica más que encuestas. Significa revisar estilos de liderazgo, cargas de trabajo, canales de comunicación, mecanismos de denuncia y políticas de conciliación entre la vida laboral y personal. Implica aceptar que la productividad no debe construirse a costa de la salud mental.
Cuando el trabajo enferma, no es una falla individual. Es un síntoma de sistemas laborales mal diseñados, de culturas organizacionales que premian el desgaste y castigan el autocuidado. La NOM-035 no es el problema; es la oportunidad para dejar de normalizar lo insostenible.
Porque ningún empleo debería costar la salud. Y ninguna empresa debería prosperar enfermando a su gente.
Este artículo fue patrocinado por Multievalúa.
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