Lluvias repentinas, temperatura más baja de lo normal… un fenómeno típico de la temporada invernal. Aquí te explicamos por qué ocurre.
Jorge Zavala Hidalgo, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, explica que esto se da cuando una masa de aire frío avanza sobre una zona con aire más cálido, pues el choque de temperaturas provoca un descenso térmico que puede venir acompañado de vientos y lluvias fuertes, oleaje elevado y heladas.
En lo que compete a la República Mexicana, estos sistemas se forman principalmente en Estados Unidos o en el Pacífico norte y, conforme ganan terreno, muchos ingresan en territorio nacional.
La temporada de frentes fríos va de septiembre a mayo, con mayor intensidad en diciembre y enero, y en promedio cada año se presentan alrededor de 50 de ellos, aunque no todos impactan de la misma manera ni alcanzan las mismas regiones: algunos se quedan en el norte de México y otros llegan al sureste e incluso hasta Centroamérica.
“Cuando uno de ellos entra con fuerza, uno de los efectos más notorios es el viento. En la región del Golfo de México suele presentarse la llamada condición de ‘norte’, con ráfagas capaces de superar los 100 kilómetros por hora y de generar oleaje intenso, provocar el cierre de puertos y representar un riesgo tanto para la navegación como para el transporte terrestre, especialmente para vehículos pesados”, detalla.
Además, Zavala Hidalgo refiere que algunos frentes fríos interactúan con aire cálido y húmedo, lo que puede generar lluvias intensas. Este tipo de combinaciones ha provocado inundaciones severas en el pasado, en especial en Tabasco y el sur de Veracruz. En zonas altas también es factible que se registren heladas que dañen los cultivos y, en casos menos frecuentes, caída de nieve.
Aunque se les asocia con el norte del país, conforme estos avanzan, afectan con mayor frecuencia a los estados del Golfo de México y, en menor medida, al centro del territorio nacional, donde se registran bajas temperaturas, neblina y reducción de visibilidad, condiciones adversas para el tránsito por carreteras y para los viajes por vía aérea.
No todos son iguales
Según estudios del ICAyCC, no todos los frentes fríos son iguales; sus impactos varían según la zona del país. Durante los llamados ‘nortes’, la intensidad del viento cambia según la región (incluso tratándose del mismo sistema). En el Golfo de México, estos últimos suelen generar ráfagas intensas que afectan la navegación, puertos y zonas costeras.
Sin embargo, en el golfo de Tehuantepec, el comportamiento del viento es distinto: el aire frío se acelera al pasar por entre las montañas del sur, pues es como si atravesara un embudo (ello, producto de las diferencias de presión entre los golfos de México y Tehuantepec), lo cual provoca ráfagas mucho más intensas y peligrosas que entorpecen al transporte terrestre en el Istmo y la navegación en el mar.
Por eso, mientras en algunas regiones el norte se siente moderado, en otras el viento puede ser tan fuerte que hace preciso cerrar puertos, suspender actividades marítimas o extremar precauciones en carretera. Entender esto nos explica por qué, durante un mismo evento, hay zonas donde el principal riesgo es el oleaje y otras en las que el peligro son los vientos extremos, incluso si la temperatura no baja de forma abrupta.
Esta información es clave para mejorar los pronósticos y para que la población esté atenta a los avisos específicos de su región.
Fenómenos predecibles
A decir de Zavala Hidalgo, una ventaja de los frentes fríos es que se cuentan entre los fenómenos meteorológicos mejor pronosticados. Su llegada puede calcularse días antes y ello permite prepararse con tiempo. Sin embargo, es crucial revisar la fecha de los avisos y atender sólo a las fuentes oficiales, como el Servicio Meteorológico Nacional y Protección Civil, pues las condiciones son proclives a cambiar rápido.
“En temas de salud, los cambios bruscos de temperatura provocan el aumento de enfermedades respiratorias. Por eso las infancias, adulteces mayores y quienes padecen enfermedades crónicas requieren cuidados especiales durante tales episodios”, advierte.
Ante la llegada de un frente frío, la recomendación es abrigarse bien, proteger a las personas más vulnerables y tomar precauciones por si se registran vientos fuertes, oleaje o neblina. En zonas rurales es crucial proteger cultivos, resguardar a los animales y, en casa, asegurar techos, ventanas y objetos que no estén fijos.
“Aún quedan varias semanas de frentes fríos por delante. Prepararse y estar informados no evita el fenómeno, pero sí reduce riesgos en lo individual y colectivo, y ayuda a cuidar la salud”, asevera el investigador.
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