Inteligencia artificial, ciberseguridad, liderazgo, patrimonio, networking, jornadas laborales y emprendimiento podrían parecer temas separados. No lo son.
Todos apuntan a una misma preocupación: cómo tomar mejores decisiones en un mundo que cambia demasiado rápido y donde las empresas ya no pueden seguir operando con las mismas reglas de hace 20 años.
Esa fue una de las ideas que atravesó las distintas participaciones del Congreso Mente Capital, donde empresarios y especialistas compartieron experiencias sobre los retos que hoy enfrentan las organizaciones.
Uno de los mensajes más claros fue que el liderazgo necesita cambiar.
Ya no basta con tener autoridad, resolverlo todo o controlar cada decisión. Las empresas requieren líderes capaces de desarrollar equipos, escuchar, delegar, adaptarse y reconocer que algunas prácticas que funcionaron en el pasado pueden convertirse hoy en obstáculos.
También se insistió en algo que pocas veces aparece en los estados financieros: las emociones.
Las decisiones se toman bajo presión, miedo, enojo, entusiasmo o incertidumbre. Y cuando quien dirige una organización no sabe manejar esas emociones, su forma de reaccionar termina impactando al equipo y, con el tiempo, a toda la cultura de la empresa.
De la intuición al criterio
Otro de los temas recurrentes fue el crecimiento del empresario.
Muchos negocios nacen por intuición. Se aprende vendiendo, preguntando, equivocándose y resolviendo.
El problema aparece cuando la empresa crece y el dueño pretende seguir tomando decisiones únicamente de la misma manera.
Más clientes significan también más gastos, más responsabilidades y riesgos mayores.
Por eso, uno de los planteamientos fue pasar de la intuición al criterio: entender números, preguntar cuánto cuesta realmente vender, qué productos son rentables, qué compromisos tiene la empresa y qué ocurriría si el fundador dejara de estar presente todos los días.
Una empresa que depende de una sola persona puede funcionar, pero difícilmente puede crecer de manera sostenible.
La inteligencia artificial también trae riesgos
La inteligencia artificial apareció como una de las grandes oportunidades empresariales, pero también como una fuente creciente de vulnerabilidad.
Hoy las empresas dependen cada vez más de activos digitales: datos, sistemas, cuentas, información financiera, contratos y propiedad intelectual.
Eso significa que la ciberseguridad dejó de ser un asunto exclusivo de los especialistas en sistemas.
La protección depende también de las personas.
Un correo abierto por descuido, una contraseña compartida o información sensible colocada en una plataforma sin controles puede ser suficiente para comprometer una organización.
Por ello, la recomendación fue pensar la seguridad desde tres elementos: personas, procesos y tecnología.
La IA puede ayudar a detectar riesgos, automatizar procesos y analizar información, pero también puede utilizarse para producir fraudes más convincentes, manipular contenidos o engañar a usuarios.
Y aquí aparece otro problema: que una respuesta generada por inteligencia artificial parezca correcta no significa que lo sea.
El pensamiento crítico seguirá siendo indispensable.
Yucatán puede jugar un papel importante
Dentro de esta transformación tecnológica, Yucatán fue señalado como un territorio con oportunidades relacionadas con conectividad, formación de talento, infraestructura y ciberseguridad.
La apuesta no debería limitarse a atraer empresas.
El verdadero reto será desarrollar conocimiento local, formar especialistas y construir un ecosistema donde universidades, empresas, gobierno y sociedad puedan colaborar.
En otras palabras: no solamente consumir tecnología, sino comenzar a crear soluciones desde Yucatán.
Networking no es coleccionar tarjetas
El foro también cuestionó una práctica muy común en el mundo empresarial: confundir networking con acumular contactos.
Tener cientos o miles de nombres en el teléfono no significa tener una red sólida.
Una verdadera red se construye gradualmente:
contacto, conexión, relación, confianza y contribución.
La diferencia está en dejar de preguntar solamente “¿a qué te dedicas?” y comenzar a interesarse por preguntas como “¿qué estás tratando de construir?” o “¿cómo puedo ayudarte?”.
La confianza es el punto clave.
Recomendar a alguien significa poner también nuestra propia reputación en juego.
Por eso una red pequeña, pero profunda, puede tener mucho más valor que una lista enorme de contactos superficiales.

Emprender también es saber cambiar
Las experiencias compartidas mostraron además que los planes profesionales rara vez se cumplen exactamente como fueron imaginados.
Una beca, un rechazo, una oportunidad inesperada o una nueva tecnología pueden modificar completamente el rumbo.
Entre los aprendizajes para emprendedores hubo uno especialmente importante: no enamorarse demasiado de aquello que se creó.
Si un producto no funciona, el mercado no está obligado a adaptarse a la idea del empresario.
Hay que escuchar, corregir y, cuando sea necesario, cambiar.
También se habló de mantener el enfoque, evitar perseguir cada nueva oportunidad y cuidar al equipo.
Porque una persona técnicamente extraordinaria puede resultar muy costosa si destruye la dinámica de trabajo.
Más información no significa mejores decisiones
La geopolítica y las finanzas fueron otro de los ejes.
Guerras, elecciones, aranceles, precios de la energía y conflictos internacionales generan volatilidad.
Pero reaccionar ante cada noticia puede resultar tan peligroso como ignorarlas.
La información llega demasiado rápido y muchas veces cuando el ciudadano común conoce un acontecimiento, los mercados ya reaccionaron.
Por ello, la recomendación fue diferenciar entre información y criterio.
Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial.
Puede ofrecer respuestas rápidas sobre inversiones, pero no sustituye la educación financiera ni la responsabilidad de quien toma una decisión.
Ahorrar también fue puesto bajo revisión.
Guardar dinero es importante, pero construir patrimonio requiere conocer inflación, inversión, riesgo y horizonte de largo plazo.
El éxito también se puede humanizar
Quizá una de las experiencias más provocadoras fue la de una empresa restaurantera que decidió implementar desde 2022 una jornada de 40 horas para parte de su personal operativo.
La decisión surgió frente a un problema común en el sector: alta rotación y dificultades para completar plantillas.
La primera reacción interna fue previsible: reducir horas elevaría los costos.
Sin embargo, la pregunta cambió.
¿Cuánto cuesta realmente tener trabajadores que permanecen unas semanas y luego se van?
Reclutar, capacitar y reemplazar permanentemente también cuesta.
Después de reorganizar horarios, completar plantillas y fortalecer capacitación, la empresa reportó una reducción importante en la rotación.
La reflexión fue sencilla:
humanizar el trabajo no significa dejar de exigir.
Significa encontrar formas de ser productivos sin convertir el agotamiento en modelo de negocio.
La discusión incluye ahora otro tema: flexibilidad laboral.
No todos los empleados necesitan el mismo horario.
Madres, estudiantes y personas con responsabilidades de cuidado podrían incorporarse con mayor facilidad al empleo formal si existieran esquemas más flexibles.
El verdadero cambio es humano
Al final, todas estas conversaciones terminaron encontrándose.
La tecnología cambiará.
Los mercados cambiarán.
Los empleos cambiarán.
Las empresas también tendrán que hacerlo.
Pero el principal desafío no parece estar únicamente en comprar mejores herramientas.
Está en aprender a decidir mejor.
A escuchar.
A construir confianza.
A cuidar los equipos.
A revisar aquello que ya no funciona.
Y a entender que detrás de cada número existe una persona.
Porque quizá el éxito empresarial del futuro no se mida únicamente por cuánto creció una compañía.
También por cómo creció y a quién permitió crecer con ella.
Este congreso se organiza cada año en Yucatán y es pormovido por la asosciaón Alter Int y SPARA Educación Financiera y contó con la participación en las ponencias de: Adolfo Tuñón, Mario Elsner, Raúl Aarón Rosado, Gabriel de la Vega, Esteban Canepa, Marco Romero, Antonio Hernández, Francisco de Jesús Lara, Verónica Cordero y Gabriela Cejudo, quienes compartieron sus saberes sobre: Liderazgo y equilibro emocional, liderazgo jurásico, crecer con propósito, visón que transforma empresas, el futuro de Yucatán en la era de la IA y la ciberseguridad, networking estratégico en tiempos actuales, perspectivas económicas, situaciones mundiales y gobiernos que influyen entre otros temas y cuyas participaciones se pueden consultar en:



