Análisis Semanal VM del 16 al 22 de agosto de 2026

¿Estamos creciendo más rápido de lo que podemos responder?

Esta semana, al revisar las noticias suscitadas en la semana que termina tuvimos la sensación de que varias de ellas hablaban, en el fondo, de lo mismo. No de hospitales, deuda, contaminación o inundaciones por separado, sino de algo más elemental: nuestra capacidad para responder a los problemas que estamos creando o dejando crecer.

El nuevo Hospital Agustín O’Horán es quizá el ejemplo más evidente. Primero fueron las denuncias del personal de enfermería por falta de trabajadores, medicamentos e insumos. Después vino el anuncio de 622 nuevas contrataciones y, en medio de la discusión, aquella desafortunada petición de “ponerse la camiseta”. Siempre me ha parecido que pedir compromiso a los trabajadores es válido; pedirlo cuando denuncian que no tienen condiciones suficientes para hacer su trabajo es otra cosa. Un hospital no funciona con discursos de pertenencia: funciona con personal, medicamentos, organización y recursos.

Y mientras discutíamos las condiciones del hospital, las noticias de salud siguieron llegando. Casos de gusano barrenador en humanos, un incremento de 220 por ciento en intoxicaciones por plaguicidas, mpox y cifras preocupantes sobre salud mental. Son problemas diferentes y sería simplista atribuirlos a una misma causa. Pero juntos nos recuerdan algo: un sistema de salud no solamente debe curar; también necesita anticiparse.

Después está el dinero.

El Gobierno de Yucatán quiere refinanciar más de 9 mil millones de pesos de deuda y asegura que podría ahorrar hasta 400 millones anuales. Puede ser una buena operación financiera. Pero cuando hablamos de deuda pública, el verdadero resultado no se mide únicamente por cuánto disminuye la mensualidad, sino por cuánto terminaremos pagando, durante cuánto tiempo y qué compromisos heredaremos a las siguientes administraciones. Refinanciar no significa borrar una deuda; significa cambiar las condiciones bajo las cuales tendremos que pagarla.

En el medio ambiente encontramos otra versión del mismo problema. Esta semana volvimos a escuchar denuncias relacionadas con granjas, excretas a cielo abierto, contaminación y posibles afectaciones a comunidades mayas. Podemos discutir la importancia económica de cualquier industria, pero el desarrollo deja de serlo cuando las ganancias son privadas y los costos ambientales terminan socializándose entre quienes viven alrededor.

Y finalmente está Mérida.

Una ciudad que crece, construye fraccionamientos y extiende su mancha urbana, pero donde todavía aparecen calles inundadas, drenajes insuficientes y aguas residuales desbordándose frente a las viviendas. Ahora hablamos de recuperar infraestructura construida hace décadas y crear jardines de lluvia. Son buenas iniciativas, pero también una señal de que estamos intentando adaptar una ciudad que durante años creció más rápido que su infraestructura.

Entonces vuelvo a la pregunta que me dejó esta semana.

¿Y si Yucatán está creciendo más rápido que nuestra capacidad para gestionarlo?

Porque construir hospitales no basta si después faltan manos para operarlos. Tener industrias no basta si las comunidades absorben sus impactos. Conseguir financiamiento no basta si comprometemos el futuro para resolver el presente. Y construir más ciudad tampoco basta si la infraestructura llega después que las casas.

Quizá necesitamos dejar de medir el desarrollo solamente por aquello que inauguramos y comenzar a medirlo también por nuestra capacidad para sostenerlo.

Porque crecer siempre luce bien en una fotografía.

El verdadero desafío comienza cuando hay que administrar lo que hemos construido.

Y también es de ciudadanos estar informados.