Cada vez más, se vuelve más frágil la salud en Yucatán

Imagen creada con IA
Cada vez más las noticias de salud dejan de aparecer como hechos aislados. Una detrás de otra van dibujando un panorama que merece algo más que leer las cifras.

Ha regresado el sarampión, una enfermedad para la que existe vacuna y que durante años se pensó que estaba bajo control. Hemos visto crecer los casos de mpox, que ya suman 24 en Yucatán, mientras el estado continúa esperando vacunas. Y ahora se sabe que la miasis provocada por el gusano barrenador sigue presentándose en seres humanos: el reporte más reciente habla de 41 casos acumulados en Yucatán desde la aparición del problema, 31 de ellos correspondientes a 2026.

Pero la lista no termina ahí.

Por otra lado las intoxicaciones por plaguicidas aumentaron 220 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Aquí ya no se está hablando de un virus que llegó de fuera ni de un insecto que extendió su territorio. Se está hablando de sustancias que utilizamos nosotros y de las condiciones en las que las personas están expuestas a ellas.

Y cuando se juntan estas noticias con otras que han surgido durante las últimas semanas como son: influenza, obesidad, diabetes, sífilis, dengue, ansiedad, depresión. Entonces la pregunta cambia.

Ya no se trata solamente de preguntarse qué enfermedad está aumentando hoy.

La pregunta debería ser: ¿qué está pasando con la salud de los residentes de Yucatán?

Hay enfermedades transmisibles, padecimientos crónicos, problemas asociados al medio ambiente y trastornos de salud mental. No tienen una sola causa y sería irresponsable meterlos todos en el mismo saco. Pero sí comparten algo: muchos requieren prevención, vigilancia epidemiológica, información y capacidad institucional para actuar antes de que las cifras se conviertan en emergencia.

El sarampión es quizá el ejemplo más incómodo. Tenemos una herramienta extraordinariamente conocida para combatirlo: la vacunación. De hecho, las autoridades sanitarias de Yucatán han reforzado las campañas y llamado a completar esquemas. Que una enfermedad prevenible vuelva a circular debería hacernos reflexionar sobre las brechas que estamos dejando abiertas.

Algo parecido sucede con los demás casos. Frente al gusano barrenador necesitamos vigilancia y prevención; frente a los plaguicidas, regulación, capacitación y protección de quienes trabajan con ellos; frente al mpox, detección, información sin estigmas y acceso oportuno a las herramientas sanitarias necesarias.

Porque hay una costumbre peligrosa en nuestra conversación pública: normalizar las cifras.

Veinticuatro casos. Cuarenta y uno. Un incremento de 220 por ciento. Otro porcentaje. Otra enfermedad. Otra nota.

Y mañana habrá una nueva.

Pero detrás de cada número hay una persona que enfermó, una familia que tuvo que buscar atención y un sistema de salud que tuvo que responder. Qué como se ha visto en estos días es bastante deficiente, si recordamos que constantemente el personal de salud se queja de la falta de insumos y personal.

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