Por: Andrea Tamayo Cáceres
Abogada especializada en Perspectiva de Género
Cuatro días, cuatro hechos trágicos, todos hacia mujeres y niñas...Yucatán, el estado más seguro en la calle, pero ¿quién cuida detrás de la puerta de cada hogar?
El domingo, una mujer fue asesinada por su pareja en Real Montejo al intentar proteger a su hija de una agresión sexual por dicho sujeto. Una familia destruida por la mano de un hombre violento que, cobardemente, se quitó la vida también.
El lunes, una madre y su hijita murieron en la carretera Celestún–Kinchil, por resultar una vía abandonada, peligrosa y olvidada.
El miércoles, otro feminicidio volvió a estremecer el Sur de esta ciudad.
Y hoy, en el fraccionamiento Las Américas, una mujer fue atacada con un disparo en la cabeza presuntamente por su expareja.
Y aunque son hechos distintos, todos tienen algo en común: violencia, abandono, omisión e indiferencia.
Porque la violencia contra las mujeres está ocurriendo dentro de las casas. En las relaciones de pareja, en los espacios donde deberíamos sentirnos seguras, tranquilas y amadas.
Me parece una gran falta de empatía y discurso fácil, además de xenófobo decir «es culpa de los foráneos» o «no son yucatecos, por eso lo hacen».
La violencia machista no tiene nacionalidad. Tiene raíces mucho más profundas: la normalización del control, el silencio, la falta de prevención y la incapacidad institucional para actuar antes de que sea demasiado tarde. Porque las políticas públicas no solo se deben hacer para los que tenemos el sello yucateco, sino para todas las personas que viven aquí.
Mientras se continúe respondiendo desde el discurso, la foto bonita para redes, la respuesta institucional ante la prensa y no desde las acciones reales para prevenir, atender, sancionar y erradicar las violencias contra mujeres, niñas y adolescentes, seguiremos contando víctimas en lugar de soluciones.
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