Lun. May 18th, 2026
A simple vista parecen una parte más del paisaje de los ecosistemas costeros de la península de Yucatán. Son pequeñas, silenciosas y se pierden entre la arena y la vegetación, pero para la ciencia, las lagartijas podrían convertirse en una especie de “termómetro natural” del planeta.

Con este conocimiento, una investigación encabezada por el doctor Aníbal Díaz, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Mérida de la UNAM, analiza cómo el aumento de la temperatura y la pérdida de vegetación podrían poner en riesgo a estos reptiles endémicos, y con ellos, el futuro de muchas otras especies debido al calentamiento global.

Como todo reptil, las lagartijas son ectotermas (dependen del ambiente para regular su calor corporal).

“No tienen la capacidad de calentarse por vías metabólicas y, por lo mismo, requieren la temperatura de su entorno. Por ello, conocer las condiciones térmicas de su hábitat permite evaluar cómo podrían verse afectadas por el cambio climático”, dijo el académico.

Gran parte de la investigación del académico se centra en las lagartijas de las dunas costeras de la península de Yucatán, un ecosistema que ofrece condiciones ambientales fundamentales para su supervivencia.

Las dunas no sólo les proporcionan arena caliente para regular su temperatura, sino humedad, refugio y sitios de anidación. La vegetación de estos sitios es crucial pues, entre las plantas, estos seres encuentran sombra, protección e insectos para alimentarse.

En este entorno prosperan especies endémicas como la lagartija de Cozumel, Sceloporus cozumelae. La permanencia de estas poblaciones depende de la conservación de la vegetación natural de las dunas.

Temperaturas al límite

Las lagartijas costeras están adaptadas para vivir en ambientes cálidos. Para alimentarse, moverse o reproducirse necesitan entornos de entre 30 y 40 °C. Sin embargo, el aumento de la temperatura global podría llevar a estos seres más allá de sus límites. Modelos desarrollados por el equipo de investigación sugieren que algunas poblaciones disminuirían si el calentamiento ambiental supera ciertos rangos.

“Aunque muchas especies parecen soportar el calor, ello no significa que estén en condiciones adecuadas. Temperaturas demasiado elevadas pueden reducir el tiempo que las lagartijas pasan activas, limitar su capacidad para encontrar alimento o refugio y, eventualmente, ello puede afectar la supervivencia de sus poblaciones”, indicó el académico.

Otras de las especies estudiadas pertenecen al género Aspidoscelis (conocidas como lagartijas cola de látigo) y se reproducen por partenogénesis, es decir, las hembras tienen descendencia sin necesidad de machos. Por esta razón, las crías son genéticamente idénticas a sus madres, lo que da lugar a linajes clonales únicos en el mundo.

En México, pocas lagartijas se reproducen de esta manera y tres de ellas viven en la península de Yucatán. Una de las más conocidas es Aspidoscelis rodecki, la cual habitaba en las costas de Cancún, Isla Mujeres, Puerto Juárez e Isla Contoy; lamentablemente, hoy está en peligro de extinción por la degradación de su hábitat.

En dicho contexto, el investigador advirtió que la desaparición de estas especies implicaría no sólo la pérdida de una forma de vida, sino de linajes evolutivos irrepetibles que podrían explicar cómo ha evolucionado la reproducción en estos animales vertebrados.

Ecosistemas en riesgo

Además del cambio climático, las lagartijas de las dunas enfrentan amenazas serias debido a actividades humanas como la urbanización costera, la construcción de infraestructura turística y la deforestación.

“Si se elimina la vegetación, las lagartijas pierden refugio, alimento y condiciones para reproducirse. Cuando desaparecen las plantas halófitas, sus poblaciones merman de inmediato”, advirtió el académico.

También explicó que es posible «modelar cómo le irá a determinada especie en un contexto de cambio climático global, pero debemos considerar a más de una para entender qué sucederá a nivel de comunidad”.

Para lograrlo, refirió, el primer paso es determinar los requerimientos térmicos de cada una de las especies, con lo cual podremos modelar los posibles efectos del cambio climático y calcular la vulnerabilidad para, posteriormente, dar herramientas para conservar tanto a la fauna endémica como a los ecosistemas donde habita.

Conservar las dunas, proteger la biodiversidad

Pese a su tamaño, las lagartijas son cruciales en el equilibrio ecológico, ya que, como depredadoras, ayudan a regular las poblaciones de insectos y, a su vez, forman parte de la dieta de otros animales. Por ello, su conservación es relevante. Asimismo, evitar la degradación de las dunas, conservar su vegetación y promover turismos responsables es clave para mantener la biodiversidad de la región.

“Invito a todas las personas interesadas en estos temas a acercarse a los diferentes investigadores a nivel nacional y a vincularse a un laboratorio y a un equipo de trabajo”, concluyó el universitario.

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