Reducir el consumo de azúcar no siempre implica renunciar al sabor dulce. En el caso de las leches saborizadas, es posible ajustar su contenido sin que pierdan esa característica que las hace atractivas, de acuerdo con información de la Revista del Consumidor.
Este tipo de productos, ampliamente consumidos por niñas, niños y personas adultas, suelen contener azúcares añadidos para potenciar su sabor. Sin embargo, el análisis de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) muestra que no todos los productos necesitan la misma cantidad para resultar dulces al paladar.
Una de las claves está en entender que brindarle un sabor dulce a la leche no depende exclusivamente de la cantidad de azúcar. La formulación del producto puede abonar a disminuir la sacarosa, sin sacrificar ese gusto que disfrutan grandes y pequeños.
"La industria alimentaria ha comenzado a utilizar la alulosa, un monosacárido soluble en agua presente naturalmente en higos, pasas y melaza. Tiene el 70 % del dulzor y el mismo perfil de la sacarosa, por ello la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios no la considera un azúcar añadido", Revista del Consumidor.
Diferencias entre productos
La revisión evidencia que existen variaciones importantes entre marcas: algunas leches saborizadas logran mantener un perfil dulce con menores cantidades de azúcar, mientras que otras recurren a niveles más altos.
Esto sugiere que sí hay margen para reformular productos y ofrecer opciones con menor contenido sin sacrificar el gusto.
Esto brinda la posibilidad a las y los consumidores de comparar productos, revisar etiquetas y tomar decisiones más informadas. Hoy existen leches sin advertencias ni sellos.
Más allá del sabor
El consumo excesivo de azúcar está relacionado con distintos problemas de salud, por lo que reducir su ingesta es una recomendación constante.
Teniendo esto en cuenta, saber que el dulzor puede mantenerse con menos azúcar más allá de ser una preferencia, es una oportunidad para mejorar la calidad de lo que se consume día a día. En muchos casos, no se trata de eliminar lo dulce, sino de encontrar un equilibrio más consciente.
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