Mar. Abr 7th, 2026

Papá sigue siendo papá, aunque llegue alguien más

ByAndres Ugalde

5 de abril de 2026
Hay un momento incómodo en la paternidad que nadie te explica. No viene en los manuales, no lo discutes con tus amigos en la primera cerveza después del divorcio, y definitivamente no lo ves venir cuando todavía crees que “todo se va a arreglar”. Ese momento es cuando tus hijos mencionan, con absoluta naturalidad, a la nueva pareja de su mamá.

La primera vez que lo escuché fue como si alguien hubiera cambiado el guion sin avisarme. “Fuimos al cine con mamá… y con él”. Ese “él” llegó sin nombre, sin contexto y con una capacidad impresionante para incomodar. No porque yo creyera que el mundo gira alrededor de mí —aunque, seamos honestos, un poco sí—, sino porque de pronto entendí que ya no soy el único referente masculino en la vida cotidiana de mis hijos.

Y eso duele. Aunque uno diga que no.

No es un dolor limpio, de esos que se lloran y ya. Es más bien una mezcla rara entre celos, orgullo herido y una sensación de reemplazo que sabes, racionalmente, que no es real… pero emocionalmente se siente muy real.

Porque uno no compite por el amor de los hijos, pero sí compite contra la idea de ser suficiente.

Entonces empiezan las preguntas incómodas:
¿Les cae bien?
¿Se ríen con él como se reían conmigo?
¿Les compra cosas que yo no?
¿Está ocupando espacios que antes eran míos?

Y la peor de todas: ¿y si lo quieren?

Ahí es donde uno tiene que hacer el trabajo difícil. El verdadero. El que no tiene aplausos ni validación externa. Entender que el amor de los hijos no es un terreno que se divide, sino que se expande. Que no hay un ranking, ni medallas, ni sustituciones. Que no hay un “nuevo papá”, aunque el ego, en sus días más inseguros, quiera inventarlo.

Porque la realidad —la cruda, la que cuesta aceptar— es que la vida de tus hijos no se detuvo cuando terminó tu relación. Siguió. Y en ese seguir, otras personas pueden entrar.

Eso no te borra.

Pero sí te obliga a redefinirte.

Ser padre soltero no es solo pagar colegiaturas, hacer tareas y aprender a peinar sin tutoriales de YouTube. También es aprender a soltar el control sobre lo que no te toca. Y la vida sentimental de tu ex pareja, aunque te duela, no te toca.

Lo que sí te toca es cómo reaccionas.

Puedes convertir a ese “él” en un enemigo invisible, en una amenaza constante, en el villano de una historia que solo tú estás contando… o puedes hacer algo mucho más difícil: confiar en que elegiste, en algún momento, a una buena madre para tus hijos.

Y si fue así, probablemente no eligió mal ahora.

Eso no significa que tengas que ser su amigo, ni invitarlo a los cumpleaños, ni mucho menos compartirle la receta de los hot cakes que tanto les gustan a los niños. Significa, simplemente, que no necesitas pelear una batalla que no existe.

Tus hijos no necesitan que ganes.
Necesitan que estés.

Que sigas siendo ese lugar seguro. Ese referente. Ese papá que, con todos sus defectos, está presente de una forma que nadie más puede replicar.

Porque al final, nadie puede ocupar tu lugar.

Ni siquiera ese “él”. Salvo que tu decidas lo contrario.

Andrés Ugalde Rivas.- Soy padre de dos hijos, abogado, docente universitario, y constante cuestionador de la masculinidad actual. Amo a Sansón y Dalila mis perros, y me gusta el ciclismo y nadar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *